León XIV, en la clausura del consistorio de junio de 2026. Foto: Vatican Media
Los divorciados también están en la agenda de León XIV. El Vaticano ha publicado hoy el itinerario temático para el encuentro del Papa con los presidentes de las conferencias episcopales y los jefes de las Iglesias orientales, que tendrá lugar del 7 al 14 de octubre, con motivo del décimo aniversario de la exhortación ‘Amoris laetitia’ de Francisco.
‘Anunciar el Evangelio con las familias de hoy’ es el título de este encuentro en el que están trabajando mano a mano la Secretaría General del Sínodo y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.
“Los días de trabajo están pensados para constituirse en un espacio real de encuentro, escucha y discernimiento: acogiendo las experiencias vivas de las familias, compartiendo historias concretas de vida, reflexionando sobre las iniciativas de acompañamiento que la comunidad eclesial está poniendo en práctica con la ayuda de la gracia de Dios, y dialogando con expertos”, comparten en un comunicado conjunto.
En el mismo texto, agregan que “el objetivo es discernir hacia qué dirección nos está guiando hoy el Espíritu Santo, para reconocer, sostener y promover lo que Él ya esta obrando en las familias y valorar su contribución a la misión de la Iglesia”. Para llegar a este objetivo se distinguen cinco bloques temáticos con más preguntas que respuestas:
El primer bloque buscará “discernir los signos de los tiempos a partir de la experiencia de las familias y del compromiso de la Iglesia de hoy”.
“Esto nos pide ponernos a la escucha de la vida concreta de las familias y de las experiencias de quienes las acompañan, reconociendo la belleza del amor que toma forma en la cotidianidad junto a las fragilidades que a menudo la atraviesan, entre ellas, la precariedad del trabajo y del hogar, la enfermedad, la dificultad de la educación de los hijos, la soledad afectiva, el cuidado de los familiares con discapacidad, de los ancianos o de los no autosuficientes”, explican.
En este sentido, surgen una batería de preguntas: “¿Cuáles signos de esperanza, cuáles desafíos y cuáles puntos críticos surgen hoy de las vidas de las familias de diversos contextos culturales y sociales? ¿De qué manera las transformaciones de nuestro tiempo afectan a la experiencia del amor entre hombre y mujer, la generación, el cuidado, la transmisión de la fe y la misión de la Iglesia? ¿Cuáles son las experiencias pastorales que más nos ayudan a reconocer la acción de Dios en la vida concreta de las familias y valorar los recursos humanos y espirituales? ¿Qué aprendemos de la escucha de las familias y de la experiencia de las Iglesias locales? ¿De qué manera puede el diálogo entre la experiencia vivida, el discernimiento eclesial, la investigación teológica y las ciencias humanas, ayudarnos a comprender más profundamente la realidad de las familias y acompañarlas?”.
En el segundo bloque, el Vaticano llama a “escuchar a los jóvenes y acompañarlos en el descubrimiento del valor del matrimonio”.
“En muchas partes del mundo, los jóvenes viven en contextos donde se ha debilitado la confianza en la posibilidad de construir un proyecto estable matrimonial y familiar, por razones económicas, sociales y culturales”, ponen de manifiesto.
Así se preguntan: “¿Qué lenguajes, experiencias e itinerarios educativos y espirituales ayudan hoy a los niños, adolescentes y jóvenes a reconocer el valor del matrimonio? ¿Qué testimonio pueden ofrecer las parejas y las familias? ¿Cómo pueden acompañarlos en su crecimiento emocional, relacional y sexual? ¿Qué pasos de atención y conversión pastoral pueden ayudar a la Iglesia a acompañar a las parejas que conviven en el discernimiento de un camino afectivo y familiar, madurando la elección del matrimonio y la acogida de los hijos?”.
En el tercer bloque, el Vaticano pide “escuchar y acompañar a las parejas en los primeros años de vida matrimonial y en cada etapa de la vida”.
Según recoge el documento, “requiere una atención específica a la experiencia de las parejas en los primeros años de la vida matrimonial, una fase particularmente importante para consolidar el vínculo conyugal y enfrentar juntos los cambios que conllevan el inicio de la vida familiar, como el nacimiento de los hijos y la conciliación entre la familia y el trabajo, dando un sentido renovado al amor conyugal y familiar”.
“¿Qué formas de acompañamiento ayudan más a las parejas, particularmente en los primeros años de vida matrimonial? ¿Cómo favorecer relaciones de vecindad entre familias, experiencias de apoyo mutuo y formas concretas de corresponsabilidad en la vida de la comunidad eclesial? ¿Qué experiencias muestran la fecundidad de redes de familias capaces de sostenerse recíprocamente y convertirse, a su vez, en una presencia de acompañamiento y testimonio para otros?”, se preguntan.
En el cuarto bloque, se insta a “caminar con las familias en situaciones complejas”. “Una atención particular se dedica a las parejas y familias que se encuentran, en todas las fases de la vida matrimonial, con situaciones de dificultad relacional, social, espiritual, en las que el Evangelio está llamado a acercarse aún más”, detallan.
Y continúan: “También el fracaso, la fragilidad, la distancia entre lo ideal y la realidad, y la complejidad de las situaciones se convierten en lugares donde reconocer la obra de la gracia de Dios y acompañar a las personas con respeto, paciencia y esperanza”.
“¿Qué pasos se han dado para apoyar a quienes viven en situaciones de fragilidad o dificultad? ¿Qué resistencias han surgido? ¿Cómo podemos construir comunidades cristianas en las que quienes han vivido la experiencia del sufrimiento, abandono, separación y divorcio puedan sentirse realmente escuchados, partícipes y corresponsables? ¿Qué experiencias concretas ya muestran el rostro de una Iglesia cada vez más capaz de cercanía, discernimiento, acompañamiento y aprecio, ayudando a personas y familias a recuperar la confianza, a reconocerse como parte de la comunidad y a experimentar la misericordia de Dios?”, se preguntan con especial énfasis en los divorciados vueltos a casar, a los que Francisco permitió volver a comulgar.
En el quinto bloque se llama a “acoger al amor conyugal y familiar como impulso para la misión”. “Los esposos saben bien que nunca se termina de aprender los lenguajes del amor, día tras día”, detalla el texto.
Y prosigue: “Dentro de las comunidades cristianas, las parejas tienen un modo peculiar de responder a la vocación común al amor. En un mundo que cambia rápidamente, la contribución de las familias a la misión de la Iglesia es más necesaria que nunca para apoyar un ‘aprendizaje del amor duradero’, con los beneficios que esto genera para la vida personal, eclesial y social”.
Este bloque concluye con otra batería de preguntas: “¿Cómo valorar la experiencia de las parejas y las familias como un lugar de maduración humana, espiritual, eclesial y social? ¿Cómo acompañar un camino en el que la relación de pareja se convierta en una experiencia viva de crecimiento en la fe y la vida social? ¿Cómo reconocer y apoyar la contribución de las familias a la misión evangelizadora y a la conversión pastoral de las comunidades cristianas?”.