El 24 de junio –día del doble terremoto– José Antonio Da Conceição, obispo de Puerto Cabello y secretario general de la Conferencia Episcopal de Venezuela estaba celebrando una misa a las 16:00 horas en Urama, un asentamiento de origen agrícola y de antiguos cumbes, comunidades de africanos esclavizados que huían en la época colonial buscando libertad. Ambos terremotos cogieron al obispo en plena calle cuando regresaba: “La carretera parecía una alfombra cuando se sacude para limpiarla del polvo, todo se bamboleaba, vi como los árboles se estremecían, paredes iban cayendo, gente corriendo aterrada, fue un caos total”.
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Al llegar a Puerto Cabello, Da Conceição empezó a recorrer parroquias, donde pudo constatar el impacto que dejó el terremoto, si bien la destrucción no tuvo las magnitudes de La Guaira ni de Caracas, “aquí tuvimos nueve fallecidos a los que les cayó su casa encima, más de 300 heridos y estimamos que más de 500 familias quedaron sin hogar por las fallas estructurales”.
El secretario general del Episcopado asegura a ‘Vida Nueva’ que a nivel general, basándose en el diagnóstico realizado, lo acontecido supera en creces al deslave de Vargas en 1999 y eso ya es mucho decir. En aquel entonces, las cifras oficiales daban un parte de 30.000 fallecidos, aunque otras proyecciones de la época apuntan a 50.000 debido a que muchos cuerpos fueron arrastrados y sepultados por el barro sin dejar rastro alguno.
Personas caminando por una calle afectada por el doble terremoto en La Guaira (Venezuela). Foto: EFE
De hecho, esta tragedia fue el alud de barro más mortífero de la historia contemporánea, un récord que incluso llegó a registrarse en el libro de los ‘Guinness World Records’. El obispo admite que el Gobierno ha dado cifras oficiales, pero “todos somos conscientes que son superiores ya que en este momento no son exactas. Pero es una gran tragedia humana y material para nuestro país”.
Rápida respuesta
Por otro lado, el prelado agradece a la Comunidad Internacional la rápida respuesta y a quienes por iniciativa propia han venido recolectando insumos para ayudar a los afectados en estos momentos de angustia, miedo e incertidumbre. Da Conceição reitera que la solidaridad sigue siendo el mayor motor para levantar el espíritu, la esperanza y el ánimo en medio de tantos signos de muerte, sobre todo “no quedar en el olvido” cuando ya deje de ser noticia.
Así, pide al Gobierno “descentralizar” la ayuda internacional para que muchos países puedan aportar en esta emergencia. También es importante que las autoridades locales desatasquen la llegada de ayudas, por supuesto, “siempre con los debidos controles y transparencia, pero que hay que agilizar porque la necesidad de la gente no puede estar supeditada a los controles burocráticos”.
