Los obispos españoles llevaban más de dos horas esperando a León XIV en la sala de plenarias de la Conferencia Episcopal Española cuando el Papa ha cruzado finalmente la puerta. La presencia del Pontífice en la sede de la Conferencia Episcopal, precisamente en 2026, hace que coincida con el 60 aniversario de esta.
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Así lo ha recordado el presidente de la CEE, Luis Argüello, encargado de dar la bienvenida al Papa. “Su presencia aviva nuestra conciencia de sabernos miembros del Colegio de los Doce, presididos por el sucesor de Pedro”, ha asegurado el arzobispo de Valladolid, señalando, además, que esta visita “acrecienta nuestra esperanza” al experimentar “el regalo de la comunión cum Petro et sub Petro” e impulsa el “celo apostólico” de los obispos.
En la misma línea, León XIV ha recogido ese tono y situado su discurso en clave de comunión. “El camino sinodal es un proceso de escucha en profundidad”, subrayó el Papa, añadiendo que reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial es uno de sus valores fundamentales.
Instrumentos de diálogo
Utilizando la imagen de un viaje hacia Dios como elemento central para ordenar todo su discurso, León XIV ha ido abordando los grandes retos que atraviesan hoy a la Iglesia española. La primera tentación, ha advertido, es obsesionarse con lo que se deja atrás: “lugares, formas, estructuras, maneras de hacer”. A ella se añade otra: cargar el equipaje con cosas inútiles hasta convertirlo en un lastre. Ante esto, León XIV no defendió una ruptura sin raíces, sino conjugar “libertad y valentía” para abandonar lo que no ayuda con la fortaleza de conservar como un tesoro lo que sí facilita el camino.
En este punto, el Papa ha reivindicado el “inmenso patrimonio cristiano” de España, su belleza y su capacidad de convocatoria, también entre no creyentes. Un patrimonio, ha dicho, que sigue tejido en la identidad espiritual de muchos lugares, incluso allí donde la fe vacila. El desafío está en “conseguir que esa riqueza produzca frutos”. Pero, tal como ha señalado el Papa, no se trata de hacer “celebraciones más atractivas”, sino en “sentir que, si somos parte de Él, su ausencia nos produce un desasosiego que podemos comparar con el hambre material”.
Por otro lado, León XIV ha comparado las dificultades para entenderse en un viaje con las que encuentra la Iglesia a la hora de anunciar el Evangelio, acoger al otro, responder a los cuestionamientos del mundo o activar la corresponsabilidad en las comunidades. Ante esto, el Papa reivindicó el propio patrimonio cristiano debe ser siempre “instrumento y oportunidad de diálogo”.
Para ilustrarlo, el Pontífice puso ante los obispos la imagen del Camino de Santiago. “Como sucede a los peregrinos” en sus encuentros “con algunas personas mayores o con trabajadores extranjeros, pueden ser una metáfora de muchas situaciones sociales que por desgracia se perciben en algunas de vuestras realidades eclesiales”.
Tiempo de polarización
“No es la primera vez que España enfrenta una situación análoga: en el pasado, por ejemplo, cuando la Iglesia tuvo que reconstruir su presencia en las franjas de tierra quemada, surgieron modelos de evangelización que después se exportaron a América y que pueden ayudarnos aquí en nuestra misión”, recordó el Papa.
De esta manera, León XIV animó al episcopado a aprender nuevos lenguajes, a dialogar con respeto y a “abajarse no solo para comprender, sino para compartir”. Asimismo, en una España atravesada por nuevas culturas y por la llegada de migrantes de todas las partes del mundo, el Papa ha animado a iniciar procesos, tejer vínculos y sembrar desde ahí la semilla del Reino.
Y es que estamos, ha dicho el Papa, en “un tiempo de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras” y ha pedido a la Iglesia un testimonio de “unidad en la pluralidad”. Un contexto ante el cual los obispos tienen una responsabilidad peculiar: ser principio visible de comunión, custodiar la fe recibida, mantener la comunión con el sucesor de Pedro, con la Iglesia universal, con el presbiterio, con la propia diócesis, con la vida consagrada, los movimientos y cada carisma auténtico. “Vuestra misión os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado”, insistió.
Respuesta a la vocación
Tampoco ha olvidado el Papa la cuestión de la pastoral vocacional, recordado la pregunta que dio título al Congreso de Vocaciones celebrado por la CEE: “¿Para quién soy?”. Ante ello, ha insistido en que el corazón humano no se colma “acumulando experiencias, posibilidades o seguridades provisorias, se colma cuando descubre una llamada, cuando comprende que la vida llega a plenitud sólo si es donada”.
Por eso, León XIV ha advertido de que la pastoral vocacional “no puede reducirse a una simple búsqueda de números”. Nace, dijo, de “comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande”.
El papa León XIV junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello y el cardenal José Cobo durante su encuentro con los obispos en la Conferencia Episcopal Española (CEE). EFE/JJ Guillén POOL
En esta línea, el Papa dejó un mensaje muy concreto sobre los seminarios, ya que, en el contexto actual, “la conservación de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocación”. Los seminaristas, dijo el Pontífice, “tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados”.
Así, León XIV subrayó que el criterio para que los seminarios sean auténticas casas de formación es que “aseguren una adecuada experiencia de vida comunitaria; que tengan formadores totalmente dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en el acompañamiento espiritual; y que cuenten con Centros Superiores de Teología dotados con los medios necesarios para desarrollar su función”. “Para ello es imprescindible, además de aunar fuerzas, aprender a trabajar juntos en la gestión de estos desafíos”, aseveró.
La herida de los abusos
El Papa no esquivó en su discurso la herida de los abusos. Por ello, mencionó ante los obispos a aquellos que “han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero”. Ante esto, instó al episcopado a responder con escucha, verdad, justicia, reparación y un compromiso decidido con la prevención y la cultura del cuidado. “Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”, dijo el Papa.
Antes de abandonar la sede de la Conferencia Episcopal Española, León XIV bajó a la planta principal acompañado por el arzobispo presidente de la CEE, el cardenal vicepresidente y el secretario general. Allí descubrió una placa conmemorativa de su visita, que ahora quedará como memoria de una jornada en la que los obispos españoles han recibido a León XIV no solo como jefe de la Iglesia universal, sino como sucesor de Pedro llamado a confirmarles en la comunión y en la misión.
