El día de Pentecostés es el último de tiempo de Pascua y por lo tanto el último en el que se reza el Regina Cæli. Este domingo 24 de mayo de 2026, el papa León XIV se dirigió a los fieles y peregrinos desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para esta plegaria mariana. Antes, había presidido la misa del día en la Basílica de San Pedro.
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En los saludos tras las oración mariana, el pontífice ha mostrado su cercanía con el pueblo chino que celebra a su patrona, María Auxiliadora de los cristianos, y ha pedido oración por los católicos del país que trata de “mostrar la comunión con la Iglesia universal y el Sucesor de Pedro” a pesar de las dificultades y pidió la gracia de la unidad para que estos fieles puedan testimoniar el evangelio y ser semillas de esperanzas y paz. También rezó por las víctimas de una accidente en una mina en el norte del país asiático. Además, encomendó a las comunidades de Tierra Santa, Líbano y todo Oriente Medio.
Puertas abiertas
En el marco de la solemnidad de Pentecostés, el pontífice reflexionó sobre el don del Espíritu Santo, que es derramado como luz y fuerza sobre los miembros de la Iglesia. Lo ha hecho comentando la escena del evangelio del día en el que “el Espíritu abre las puertas”.
Recordó el relato bíblico en el que los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por miedo, hasta que el Espíritu llegó como una ráfaga de viento y los impulsó a salir para anunciar a Cristo resucitado.
En su intervención, León XIV desglosó tres “puertas” específicas que el Espíritu Santo abre en la vida de los creyentes:
- La puerta de Dios: El Espíritu nos da acceso al misterio de Dios revelado en Jesucristo. El Papa destacó que el Espíritu “nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley”.
- La puerta de la Iglesia: Haciendo referencia a la experiencia en el cenáculo el día de Pentecostés, León XIV advirtió que sin el fuego del Espíritu, la institución permanece “prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma” sin comprender que los tiempos cambian. Para ilustrar la necesidad de apertura y acogida universal, el pontífice citó al papa Francisco, recordando el llamado a ser “una Iglesia que bendice y anima, una Iglesia con las puertas abiertas para todos”.
- La puerta del corazón: Finalmente, subrayó que el Espíritu nos abre desde dentro, “ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios” para vivir la fraternidad entre las personas y los pueblos por el amor.
Llamada a la acción
A modo de conclusión antes de la plegaria, el pontífice hizo una contundente llamada a la acción para el mundo actual. Exhortó a los presentes a invocar al Espíritu Santo para abrir aquellas puertas que todavía permanecen cerradas.
“Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos”, afirmó el Papa. Finalizó su intervención encomendando a los fieles a la intercesión de la Virgen María, a quien describió como Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia
