Caya Suárez, presidenta de Cáritas Canarias en el muelle de Arguineguín. Foto: Vida Nueva
No es temporada alta de catamaranes para guiris. Solo hay uno atracado. Y no tiene pinta de que vaya a zarpar. Sí lo va a hacer un grupo de seis jubilados nórdicos embadurnados de crema solar. Se dirigen a un barco de los de paella y sangría. Pasan de largo. Por delante de Caya Suárez. No se da ni cuenta de su presencia. Tiene en su cabeza una cuenta atrás.
La de los días que faltan para que un hombre vestido de blanco impoluto pise el que fue conocido como “el muelle de la vergüenza”. Los turistas siguen a lo suyo, mientras ella visualiza a los más de 2.800 migrantes que llegaron a estar hacinados en un espacio en el que apenas cabían unos 400, entre octubre y noviembre de 2024, en la mayor oleada de cayucos llegada hasta la fecha a las costas canarias.
El sistema colapsó. Ni las carpas que se levantaron sobre la marcha ni los baños químicos que se trasladaron hasta el puerto de Arguineguín ofrecían las mínimas condiciones de salubridad para quienes habían sobrevivido a la llamada ruta atlántica, la más mortífera.
“No había capacidad ni alternativa para buscar recursos”, comparte Suárez, secretaria general de Cáritas de la Diócesis de Canarias, que gestionó de primera mano aquella tragedia y hoy es la coordinadora de otro dispositivo: la visita de León XIV, que tendrá lugar en la mañana del jueves 11 de junio. El avión del Papa aterrizará en la base aérea de Gando y se desplazará directamente a esta localidad con poco más de 2.000 habitantes y situada al sur de la isla.
Poco después de las once y media de la mañana se adentrará en el muelle y cumplirá así con el sueño frustrado de Francisco: honrar a quienes han dejado su vida en el mar al intentar tener un futuro mejor. Y es que, desde 2020, más de 19.000 personas han muerto al tratar de llegar a las Canarias debido a las bajas temperaturas, corrientes peligrosas y una distancia de más de 1.600 kilómetros entre una costa y otra.
Solo en 2025, de las más de 3.000 personas que murieron buscando llegar a España por diferentes rutas marítimas, 1.906 fallecieron de camino al archipiélago. Entre ellas había 437 niños, niñas y adolescentes y 192 mujeres.
En cambio, sí lograron alcanzar la costa 17.788 personas, según el Ministerio del Interior. ACNUR detalla además que la gran mayoría de los que llegaron a España por esta ruta procedían de Malí (36,8 %), Senegal (25 %) y Guinea Ecuatorial (11,7%).
“Mi sueño es que este muelle se convierta a partir de ahora en el muelle de la esperanza y que jamás se vuelvan a vulnerar los derechos de ninguna persona”, sentencia la anfitriona de la visita.
Ella da voz a los trabajadores y voluntarios de la plataforma social de la Iglesia que se dejaron entonces la piel, y también ahora, para salir al rescate de quienes llegan a Arguineguín (algo que también se produce por el aeropuerto), tanto en la primera acogida de emergencia como en cada una de las etapas posteriores que buscan la plena integración.
“Claro que habrá autoridades civiles y eclesiásticas, pero nuestro empeño es que este sea un acto donde los protagonistas sean las personas migrantes, y creo que lo hemos conseguido”, expresa orgullosa esta trabajadora social de largo recorrido que atesora experiencia en el ámbito de la juventud, la cooperación al desarrollo, las emergencias, los mayores y las prisiones.
“No todos los que vengan van a poder hablar directamente con el Papa, pero sí van a poder expresarse en una lona en la que literalmente van a poder dejar su huella como signo de esa esperanza y diversidad que queremos mostrar”, añade mientras señala el lugar donde se colocará tanto ese panel creativo como una exposición fotográfica sobre la realidad que viven los africanos y latinos en la isla.
El 10 de junio también se habilitará desde temprano una ludoteca para acoger a los más de 300 niños que acompañarán a sus padres y abuelos en el encuentro con León XIV.
El Pontífice también se detendrá ante el pequeño altar dedicado a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros. “Queremos rendir homenaje a los pescadores, que tantas veces han socorrido a los migrantes”. Ahí mismo, el Papa bendecirá una cruz elaborada con madera de uno de los cayucos llegados a Gran Canaria.
Y escuchará el testimonio de cuatro personas, que relatarán, no solo el drama de la travesía en la patera y la estigmatización por el hecho de ser migrante, sino cómo Cáritas se ha convertido en algo más que su familia. Después de corresponder con una breve intervención, al igual que hiciera Jorge Mario Bergoglio en el primer viaje de su pontificado a Lampedusa, Robert Prevost lanzará al mar una corona de flores.
“Junto a él, se formará una cadena humana de personas que han padecido esta ruta y que lanzarán también sus flores por aquellos que han salido adelante, pero también por los que vieron morir”, explica Suárez.
La fila llegará hasta el Urania y el Macondo, las dos embarcaciones de Salvamento Marítimo encargadas de los rescates en la zona. A bordo están David, el patrón, y dos miembros de su equipo: Víctor y Mario.
“Por suerte, ya no están llegando al mismo ritmo que lo hacían antes”, confiesa Víctor, que lleva siete años saliendo al mar para salvar a quienes abandonan África. “Quizá porque funciona la ayuda en origen o quizá porque las rutas se están reformulando”, deja caer.
“Todo ha cambiado mucho. Ahora, los recursos que tenemos son bastante efectivos y nos hemos modernizado”, incide David. “No es por exagerar, pero sabemos que nos jugamos la vida. Yo perdí un dedo por culpa de un cabo en un golpe de viento”, deja caer Mario, que lleva dos décadas presenciando naufragios y naves a la deriva.
“Nunca te acostumbras, menos aún cuando ves a mujeres embarazadas y a niños. Por no hablar de tantos muertos que hemos tenido que sacar”, subraya sobre las escenas que lleva grabada en su retina.
“Cáritas aparece cuando las personas lamentablemente se ven fuera del sistema, cuando no llega ni la Administración ni Cruz Roja. Esta capilaridad que tenemos en todo el territorio es lo que nos lleva a conocer qué necesitan”, retoma Suárez, convencida de que el viaje de León XIV ya da frutos: “La visita implica dar luz a los proyectos que tenemos en marcha y seguro que tendrá impacto”.
“Nunca vamos a dejar a ningún migrante tirado en la calle. La opción preferencial por los últimos nace del Evangelio”, aclara la secretaria general de la entidad eclesial, que recuerda que, “si vienen a nosotros, es porque han sufrido ya un sistema que no acoge, protege, promueve ni integra como nos pedía el papa Francisco”.
Desde su contacto directo con estas personas, subraya que “la movilidad humana no va a haber quien la pare; lo que debemos es aprender a acompañar esos flujos migratorios”.
“Siempre hemos sido tierra de acogida y una sociedad abierta al mundo”, continúa Suárez, que tiene tatuados en su corazón los versos de la canción de Pedro Guerra que habla de un mar con siete puertas para abrazar al que llega. “Quizá, por eso no me gusta usar el término ‘crisis migratoria’, porque para mí la migración no es un problema, y, en cualquier caso, no son ellos, sino nosotros los que convertimos este fenómeno en crisis porque no sabemos gestionarlo”.
“Esperamos que la presencia de León XVI nos confirme en la apuesta por los excluidos, para que se conozca quiénes son de verdad y no desde los bulos que últimamente se transmiten. Se trata de venir, ver y que nos deje el mensaje de que hay que seguir adelante con la misión con estas personas que van a seguir migrando, porque es un fenómeno global que no se va a frenar”.
Es la reflexión que nace de Juan Rognoni, director de Cáritas Tenerife. Solo en el último año, desde la diócesis nivariense han ayudado a 2.800 extranjeros de manera directa: “No hacemos procesos específicos para migrantes, sino que se aborda de manera transversal en los programas, lo mismo de personas de calle o de que quienes tienen dificultades para tener un empleo o iniciativas de formación”.
“Que venga el Papa no es tanto para reconocer lo que hacemos como por mostrar algo sangrante”, expresa, sin sentirse intimidado por los recientes alegatos electoralistas sobre la “prioridad nacional”: “Nosotros seguimos defendiendo que todos somos hermanos, ciudadanos y vecinos. Todos tenemos derechos y vamos a intentar defender que no se discrimine y que se apliquen las leyes para todos y que se atienda a la persona a todos los servicios a los que tienen que tener acceso”.
Para Rognoni, el discurso de la formación de Santiago Abascal “es un eslogan de última hora”. “Entrando en la polémica no vamos a solucionar nada, porque nosotros concebimos nuestra misión como una entrega de más largo recorrido, no ajustada a un titular del momento”, asevera.
“Cuando nos dicen que generamos un efecto llamada, simplemente los invito a que vengan a conocer nuestros proyectos. No somos cuatro locos que decimos ‘vamos a hacer algo porque sí’, sino que cada proyecto está trabajado para una plena integración”, justifica Ricardo Iglesias, secretario general de Cáritas Diocesana de Tenerife. Por eso, defiende que, “como Iglesia, acompañamos a las personas, pero también estamos llamados a denunciar situaciones”.