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Centro Lugo de Cáritas Canarias: “Trabajaba en esta esquina, hoy me siento la preferida de Dios”

| 22/05/2026 - 04:17





Calle Molino de Viento. En Las Palmas. Es media tarde. Se apoya en la farola. Puede que no llegue a los 20. Mira como quien no sabe a quién espera. Porque, en realidad, no lo sabe. Ni siquiera cuándo llegará. A unos metros está su chulo. Se le nota a la legua. De fondo, se oyen algunas carcajadas de algunas compañeras. Hablan de cualquier cosa. Para matar el tiempo. Para esconder sollozos. Solo les separa unos metros de un espacio en el que también se llora. Es el Centro Lugo, el proyecto de Cáritas Canarias para mujeres prostituidas y víctimas de la trata, que nació en 1988.



Lágrimas que aquí sí son sanadoras. Porque brotan sin buscarlo al saberse liberadas. Como las que se le escapan a Samantha prácticamente al pronunciar cada frase. No en vano, es la primera vez que comparte en público su calvario: “Yo trabajaba en esta esquina. Pagaba 600 euros por una habitación de cuatro por cuatro metros”. Colombiana, esta víctima de trata es madre de un niño con autismo. “Fue el punto de partida que usaron para captarme. Me dijeron que me traían de camarera. Sabían que nunca me escaparía porque haría lo que fuese por mi pequeño”, explica.

“Mi peor momento”

Pero, hace seis años, abrió su corazón al equipo del centro de Cáritas: “Conmigo han hecho maravillas, porque sé que soy una de las personas más difíciles que han tenido. Yo me resistía a contarlo todo, porque pensaba que me acabarían quitando a mi hijo”. De hecho, cuando atravesó el dintel de la puerta, llegó en lo que ella misma define como “mi peor momento”. “Lo único que quería era morirme, porque estaba enganchada a las drogas y alcohol, y había intentado quitarme la vida varias veces”.

Hoy ha dejado atrás toda esa pesadilla. Su hijo está acogido en un centro especializado, ella ha obtenido la residencia y trabaja en un hospital: “Soy una pupila de Dios, me siento una preferida de Dios, porque puso a las personas adecuadas en el momento adecuado. Por eso, me encantaría darle las gracias al Papa en su viaje a España por Cáritas, por el Centro Lugo”.

“En unos casos, recopilamos anuncios de prostitución y nos ponemos en contacto con ellas para ofrecerles materiales de protección. En otros, nos desplazamos hasta los lugares donde están para hacernos las encontradizas”, explica Idaira Alemán Afonso, coordinadora del proyecto. Ahí se empieza a escribir el relato de las nuevas oportunidades para cada una de las más de 500 mujeres que acompañan anualmente las cinco trabajadoras y la veintena de voluntarias del Centro Lugo.

Dos de las beneficiarias del Centro Lugo de Cáritas Canarias. Foto: VN

“En las primeras intervenciones les ayudamos con los trámites para empadronarse, conseguir la tarjeta sanitaria o, simplemente, para una ayuda de emergencia porque se ha roto un preservativo”, comenta la coordinadora del proyecto. Es el punto de partida para iniciar un plan de trabajo personal, desde lo que cada una sueña, con apoyo psicológico, con asesoramiento administrativo, con propuestas de formación y talleres, con búsqueda de salidas laborales. Todo, encaminado a salir de la espiral de la explotación sexual que se torna un laberinto cuando la persona es víctima de trata.

Relación de confianza

“Es un proceso muy lento. Lo primero es crear un relación de confianza. Como les han engañado tantas veces, desconfían en todo momento. En ocasiones, es cuestión de años convencerlas de que den el paso. Pero, una vez que se consolida la confianza, lo demás casi viene solo”, apunta Idaira sobre unas mujeres que llevan consigo una más que pesada mochila cargada de estrés postraumático, depresión, culpabilidad, indefensión aprendida porque sienten que –hagan lo que hagan– nunca van a salir… Secuelas de una impía violencia cotidiana.

Para romper con esta dinámica, más allá de todas estas herramientas de despacho, juega un papel fundamental otro lugar del edificio: la cocina. “Es el corazón de la casa, donde no solo se comparte el café, sino la vida entera”, explica Idaira sobre un hogar que abre de nueve a dos, además de otros momentos en los que se realizan actividades extraordinarias.

Ahí se enmarca, por ejemplo, el proyecto de colaboración que tienen con el colegio Claret. Los alumnos, a partir de tercero de Secundaria y Bachillerato, participan con las mujeres en un voluntariado que incluye clases en español, la creación de un programa de radio conjunto o juegos de mesa.

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