Vaticano

El cónclave de León XIV, un año después: 107 votos sin rival

| 03/05/2026 - 00:34

Según ha podido confirmar ‘Vida Nueva’, Robert Prevost lideró la primera votación, duplicó papeletas en la segunda vuelta y estuvo a punto de salir elegido en la tercera ronda





Ha pasado un año desde la elección de Robert Prevost como Papa. Solo un día después de la elección de León XIV, el 8 de mayo de 2025, el cardenal arzobispo de Toamasina (Madagascar), Désiré Tsarahazana, desvelaba que el purpurado norteamericano elegido peruano, había sido elegido “por más de cien votos”. Se requerían dos tercios de los electores para su designación, esto es, 89 sufragios de los 133 posibles.



A través de varias fuentes, ‘Vida Nueva’ ha podido confirmar que fueron 107 votos los que recibió el religioso agustino en la cuarta y definitiva votación. Así pues, León XIV habría sido respaldado por el 80% de electores. O lo que es lo mismo, arrasó en el cónclave en tiempo récord. A este resultado final, se llegó después de una primera ronda en la tarde anterior -el 7 de mayo de 2025- en la que Prevost logró 26 papeletas a su favor.

Suma y sigue

Siempre a través del testimonio de varias voces eclesiales, en la misma mañana del 8 de mayo le votaron 50 cardenales en la segunda votación. En la tercera vuelta, antes del almuerzo, dio el salto hasta los 85 sufragios a su favor. Es decir, se quedó a cuatro de la mayoría, por lo que prácticamente ahí ya se había resuelto el cónclave.

Un trabajador del Vaticano compartiría después que en el regreso de la Capilla Sixtina a la Casa de Santa Marta para comer, notó a los purpurados especialmente tranquilos y sonrientes, signo de que todo estaba encauzado. A todos, menos a uno que caminaba el último y meditabundo: Robert Prevost. Con esta clave de las votaciones, se entiende también el hecho de que León XIV tuviera todo el tiempo de la comida y el receso posterior de la siesta para elaborar el primer discurso que leyó después en la logia central de la basílica de San Pedro para presentarse al mundo como Sucesor de Pedro.

De manera fluida

Lo cierto es que, según el relato de quienes participaron en la elección, la fumata blanca que se visibilizó a las seis y diez de la tarde del jueves 8 de mayo llegó de una manera fluida, sin que Prevost tuviera un contrincante que pudiera bloquear su designación.

León XIV, durante unas ordenaciones sacerdotales en la basílica de San Pedro

De hecho, la rapidez con la que se desarrolló el cónclave contrastaba con el relato que en las semanas anteriores se había promovido tanto en los medios como desde algunos sectores eclesiales. Durante las congregaciones generales, los purpurados más nostálgicos buscaron imponer el relato de una Iglesia fracturada en dos, de un colegio cardenalicio dividido, ante la confusión que habría supuesto el pontificado de Francisco.

Pronóstico fallido

Bajo esa tesis, se auguraba un proceso de elección del nuevo Papa largo, que reflejara las tensiones internas, al menos a partes iguales. A esto se sumaba la presión de un ‘lobby’ italiano que colocó en el foco a sus candidatos: el secretario de Estado Pietro Parolin, el arzobispo de Bolonia Matteo Zuppi, y el patriarca de Jerusalén Pierbattista Pizzaballa.

Sin embargo, esta narrativa no coincidió con lo que se vivió dentro de la Capilla Sixtina. De forma discreta, en los días previos al encierro bajo los frescos de Miguel Ángel, se habría configurado un grupo de respaldo a Prevost, sin que el propio Prevost fuera consciente de que lo querían aupar como Papa.

El triple eje

Según ha podido saber Vida Nueva, se conformó un eje púrpura entre Estados Unidos, Perú y España. Al frente, los cardenales de su ciudad natal, Blase Joseph Cupich; de su patria de adopción, Carlos Castillo; y uno de sus colaboradores en el Dicasterio para los Obispos, Juan José Omella. Se trata de recabar los apoyos suficientes para que la primera votación no fuera de sondeo, sino una clara muestra de que Prevost era un candidato firme. Sin embargo, no se podía airear demasiado para evitar quemar esta opción.

No obstante, a pesar de esta cautela, desde el orbe ultraconservador sí detectaron los movimiento a favor del cardenal agustino. Prueba de ello es que se puso en marcha campaña contra él, utilizando para ello la crisis de la pederastia, tal y como detalló hace un año ‘Vida Nueva’. El que fuera obispo de Chiclayo había sido clave a la hora de respaldar a las víctimas y documentar los abusos estructurales del Sodalicio de Vida Cristiana, la plataforma peruana que el Papa argentino disolvió poco antes de morir.

A pesar de que esto le presentaba como un hombre implacable contra la pederastia, en esos días se buscó cuestionar su gestión con relación al caso de un cura depredador. Y eso que la Santa Sede ya había corroborado que su papel como obispo había sido impecable. En cualquier caso, los cardenales electores hicieron oídos sordos a esta jugada.

Parolin, detrás

Prueba de ello es que en la primera votación, que se celebró en la tarde del miércoles 7 de mayo, Robert Prevost recibió 26 votos. Detrás quedó Parolin, que hasta el momento se había dibujado como el candidato del consenso y la calma tras la agitada era Bergoglio. Le seguí en respaldos el cardenal arzobispo de Budapest, Péter Erdo, candidato del grupo más nostálgico del colegio cardenalicio. Desde un primer momento, este ala ultraconservadora sabía que Erdo nunca sería Papa, pero, convencidos de que Parolin necesitaría antes o después de sus avales, buscaban exhibir su fuerza para que más adelante se comprometiera a dejar en un cajón algunas de las reformas de Francisco. No hizo falta.

León XIV, durante unas ordenaciones sacerdotales en la basílica de San Pedro

Tras esta primera ronda, el efecto Prevost no hizo sino crecer. De hecho, quienes participaron en el cónclave relatan que la cena y la noche en la Domus Santa Marta fue “mucho más tranquila de lo esperado”. Es más, subrayan que “ni hubo reuniones para hacer campaña”. Tampoco hubo que desmentir bulos como sucediera en el cónclave de Francisco ni propiciar giros de guion como en el de Benedicto XVI.

Todo discurrió con mucha más naturalidad. A la mañana siguiente, en la primera votación del jueves por la mañana, esto es, en la segunda del cónclave, Prevost doblaba sus votos hasta llegar a los 50. Y en la tercera ronda, que tuvo lugar antes del almuerzo, las 85 papeletas a favor del entonces prefecto del Dicasterio para los Obispos le encumbraron.

Noticias relacionadas