El cardenal Luis José Rueda, arzobispo de Bogotá, destacó el legado del sacerdote, quien “testimonió con su vida discreta y fecunda” al verdadero samaritano
Adriano Tarrarán
La Iglesia colombiana ha perdido a uno de los más grandes referentes de la pastoral de la salud, Adriano Tarrarán, quien este 11 de abril falleció tras más de 50 años de misión en el país suramericano.
El sacerdote, nacido en Treviso, Italia, en 1938. Fue ordenado sacerdote en 1964 en la Orden de los ministros de los enfermos – camilianos – y llegó a Colombia en 1967, donde comenzó su trabajo en hospitales de Bogotá.
A lo largo de su ministerio sacerdotal impulsó la pastoral de la salud desde que en 1981 asumió las riendas del Centro camiliano de Bogotá, allí formó generaciones de agentes de esta pastoral.
También fue un colaborador y asesor de la Pastoral de la salud del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), donde promocionó un enfoque renovado de atención a los enfermos.
El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, destacó el legado del camiliano, quien “testimonió con su vida discreta y fecunda” al verdadero samaritano que salió a curar heridas.
“Su huella perdurará en la vida de un gran número de fieles laicos, religiosas y ministros ordenados que tuvimos la gracia de conocerlo y recibir su testimonio de entrega por los enfermos”, dijo.
Mientras que Luis Eduardo Pérez, referente de la Pastoral de la salud de Cáritas, honró el camino misionero del sacerdote italiano, “su partida se vivió como la despedida de un pastor cercano, comprometido y profundamente humano”, acotó.
Sin duda, la partida de Tarrarán deja un gran vacío en el trabajo misionero con enfermos, pero interpela a todos los agentes de la pastoral de la salud “a seguir construyendo una Iglesia solidaria, que se hace presente en el dolor humano y que transforma el servicio en un verdadero acto de amor evangélico”.