León XIV preside la misa en la basílica de San Agustín (Argelia). Foto: EFE
León XIV ha presidido este martes la celebración eucarística en la basílica de San Agustín, en Annaba (Argelia), donde, ante la comunidad católica local y varios obispos del país, ha lanzado una llamada a “renacer de lo alto” como respuesta a los desafíos actuales, subrayando que solo desde Dios es posible reconstruir un futuro de justicia, paz y fraternidad en medio de un contexto marcado por la fragilidad y la incertidumbre.
Tras los ritos iniciales y la proclamación de la Palabra, el pontífice ha centrado su homilía en el diálogo entre Jesús y Nicodemo, situando ese pasaje evangélico como clave para comprender la misión de la Iglesia hoy, también en un país como Argelia, donde los cristianos viven en minoría.
“Ustedes tienen que renacer de lo alto”, ha recordado, presentándolo no como una imposición, sino como un don: “El deber expresado por Jesús es para nosotros un don de libertad, porque nos revela una insospechada posibilidad”.
Y es que, para León XIV, la pregunta de Nicodemo sigue siendo actual: “¿De verdad puede cambiar nuestra historia?”. Frente a las heridas personales y colectivas, el Papa ha respondido con una afirmación rotunda: “¡Sí!”. En este sentido, ha subrayado que la fe no elimina las dificultades, pero sí permite atravesarlas con esperanza, porque “el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros”.
El Papa ha propuesto, además, como modelo a la primera comunidad cristiana descrita en los Hechos de los Apóstoles, marcando tres rasgos concretos para una auténtica reforma eclesial: la unidad, la comunión de bienes y el testimonio de la resurrección. Tres dimensiones que, ha advertido, siguen siendo hoy “criterio de reforma eclesial”, una reforma que “comienza en el corazón” y afecta a toda la Iglesia.
En este contexto, el pontífice ha puesto el acento en la caridad como signo distintivo de los cristianos, especialmente en situaciones de pobreza o conflicto: “Donde hay desesperación, enciende esperanza; donde hay miseria, lleva dignidad; donde hay conflicto, lleva reconciliación”.
Dirigiéndose de forma explícita a los cristianos del país, León XIV les ha animado a permanecer como “signo humilde y fiel del amor de Cristo”, apostando por un testimonio discreto pero constante: “Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día”.