Tribuna

Viñetas para comprender a Marjane Satrapi, la niña que fue “profeta” de su “amigo” Dios y le cerró la puerta cuando lo atraparon los ayatolás

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Ayer, 4 de junio, murió en París Marjane Satrapi, artista iraní que ha pasado la mayor parte de su vida en Francia, en un exilio forzado por la brutalidad del régimen impuesto por los ayatolás en su país.



Tenía 56 años y, como explicó su familia en un comunicado enviado a la agencia AFP, “murió de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida”. Este, actor y guionista, había muerto hace poco más de un año, a los 53 años.

Persépolis’, un cómic autobiográfico

Su dura experiencia de desarraigo la plasmó en la obra que la ha hecho inmortal, ‘Persépolis’, un cómic autobiográfico en el que narra su infancia y juventud en el Irán que vio cómo la revolución acabó con la caída del Sah.

Marjane Satrapi

Marjane Satrapi. Foto: EFE

Su familia, progresista, aplaudió al principio el cambio político, aunque luego se horrorizó y sufrió en sus carnes la toma del control absoluto por parte de los islamistas.

Persépolis, de Marjane Satrapi

Basta un vistazo al cómic para, entre sus miles de viñetas, hacernos una idea de lo vivido por Satrapi. Estando aún en Irán, marra escenas de censura, rechazo del mínimo espíritu crítico en las aulas, imposición a las niñas y mujeres del velo… Y hasta torturas y ejecuciones… “Y acabaron cortándolo en pedacitos”.

Despedida de sus padres

También se abre en canal y muestra el dolor al tener que abandonar su país y despedirse de sus padres: “Mi padre lloró como de costumbre… Y mi madre se contuvo: ‘Esta vez, Marji, te vas para siempre. Eres una mujer libre. El Irán de hoy no es para ti. ¡Te prohíbo volver!’. ‘Sí, mamá’”.

Persépolis, de Marjane Satrapi

Fuera, tanto en Austria como luego en Francia, sufrió mucho por su pérdida de identidad: “Pero, cuando desaparecía el efecto de la medicación, volvía a tomar conciencia de mi zozobra. Mi desgracia se resumía en una frase: no era nada. Era occidental en Irán e iraní en Occidente. No tenía identidad alguna. No sabía ni siquiera por qué seguía viva”.

Persépolis, de Marjane Satrapi

En este sentido, un punto clave lo marca su relación con Dios. Al principio, de niña, Satrapi se dibuja abrazada a Él en su regazo: “Yo no sabía lo que era la justicia. En aquel momento en el que la revolución había acabado definitivamente, abandoné el materialismo dialéctico de los tebeos. Solo me sentía a salvo en un lugar: entre los brazos de mi amigo”.

Persépolis, de Marjane Satrapi

Tal era esa relación (“por la noche tenía largas conversaciones con Dios”) que llegó un momento en el que la pequeña Marji se supo llamada por Él para ser su profeta: “Dios, dame un poco más de tiempo. Aún no estoy lista del todo”. Y el Señor le respondía con ternura: “¡Pues claro, luz celestial! Si tú eres mi elegida, la última y la mejor”.

Dios y Marx se parecían mucho…

Poco a poco, la ideología progresista de su familia cala en ella, viviendo con naturalidad y diversión el poder observar “que Dios y Marx se parecieran tanto. Quizá Marx tenía el pelo más ondulado”.

Persépolis, de Marjane Satrapi

Pero es su ira por el auge islamista la que le va distanciando de Él: “A pesar de todo, Dios iba a verme de vez en cuando: ‘O sea, que ya no quieres ser profeta’. ‘¿Te importaría cambiar de tema?’. ‘¿Crees que me parezco a Marx?’. ‘¡Te he dicho que cambiemos de tema!’… ‘Mañana va a hacer bueno’”.

De hecho, llega un momento en el que la ruptura es total. Así, la niña que por las noches hablaba con Dios, cuando llega un momento de impotencia total ante tanta muerte, sobre la cama, no responde con una sonrisa a la llegada a la carrera del Altísimo para abrazarla: “¿Qué te ocurre, Marji, hija mía?”.

Persépolis, de Marjane Satrapi

Al contrario, emerge de sus entrañas el enfado de quien le culpa de haberse dejado atrapar por los ayatolás: “¡Tú cierra el pico! ¡¡¡Vete de mi vida!!! ¡No quiero volver a verte nunca más! ¡Fuera!”.

Intento de suicidio

Y Dios deja de ser un personaje habitual en las viñetas… Hasta que, años después, ya de joven, en el exilio, ella se intentó suicidar… Pero algo o alguien, según su psiquiatra, la salvó: “¿Te tomaste todas las pastillas? ¡Daban para matar a un elefante! Aunque no soy creyente, no encuentro otra explicación para tu supervivencia que la intervención divina”.

Persépolis, de Marjane Satrapi.

Ahora, cuando, con 56 años, Marjane Satrapi ha “muerto de amor”, además de esperar el abrazo de Mattias Ripa, podrá comprobar si ocurre otra “intervención divina” y, en caso de que exista Dios, tras cerrar los ojos para siempre y abrirlos de nuevo, este acude otra vez raudo a ofrecerse como regazo: “¿Qué te ocurre, Marji, hija mía?”. Entonces, ¿le perdonará al fin?