Tribuna

Dialogando… con el camino

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1.     En la vida cotidiana

De tanto estar acostumbrado a caminar, a mirar nuestras acciones en el transcurso de un lugar a otro, de poner el acento en que lo que hacemos es más importante que el medio con el que realizamos la acción, se ha generado casi una humanidad que valora más lo secundario que aquello que da sentido.



Es común escuchar ciertos mensajes que separan contenido de medio. ¡Cuando ambos se entrelazan y necesitan mutuamente para que lo comunicado tenga más impacto o genere una transformación!

2.     En la fe cristiana

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn.14, 6). El V domingo de Pascua, nos presenta la escena donde Jesús se revela como “medio y contenido”, porque quién lo ve, ve al Padre. No es la única experiencia del evangelio donde ambas dimensiones se expresan mutuamente: el reino se visibiliza en parábolas y en signos, de tal manera que los medios hacen patente el contenido:

  • El reino de todos, se siembra en todo terreno (Mt. 13, 3b – 10).
  • El reino del gozo, se hace visible en la fiesta de la misericordia (Lc. 15).
  • El reino de la abundancia, se hace palpable en el agua transformada (Jn. 2, 1 – 11).
  • El reino de la cercanía, está al alcance de la mano con el pan y vino que se transforman en el mismo Dios (Mc. 14, 22 – 26).
  • El reino de la unidad, se contempla en un Dios que se hace carne (Jn. 1, 14) y la carne se hace portadora de lo divino porque es la señal (Lc. 2).

Pareciera que la fe cristiana une lo que para otros está separado, o incluso alejado. Creer en Jesús es vivir la vinculación de un misterio de amor, que es la Trinidad, que se manifiesta en palabras humanas como verdadera voz de Dios y estas como palabras de personas siendo verdaderos autores (Concilio Vaticano II – DV, 1965) (#11).

Lamentablemente, más por cuestiones ideológicas tanto sea espiritualoides, liturgistas, tendencias de algunas autoridades, corrientes de modas en alguna parte de la historia eclesiástica, hemos separado método y contenido, medio y significado, a Dios de lo humano y a este de lo divino. Algunos afirman que no es necesario algo para hacer lo otro. ¡En la fe cristiana, la gracia supone la naturaleza!

El evangelio nos vuelve a recordar, que Jesús no solo es el contenido y el caminante, sino también el camino y cómo es ese itinerario es el contenido que anunciamos. Es decir, la manera de ser de Dios, su pedagogía, es la forma en donde aprehendemos y cómo compartimos la fe que profesamos. ¡En, con, por y cómo él! Por cierta papolatría o fanatismo jerárquico, se suele pintar murales con rostros de algún líder con frases de auto ayuda, pero en la fe cristiana anunciamos el reino predicado, vivenciado y testimoniado por Jesús e iteramos la frase de algún otro testigo, porque hace eco de la propuesta del Nazareno.

3.     En la acción pastoral

Es fundamental volver a unir que toda acción pastoral expresa un contenido teológico o una dimensión del misterio de la Trinidad en quien hemos puesto nuestra fe, porque toda actividad pastoral es teología (Ramos, Julio, 1995), porque la iglesia existe para evangelizar (Pablo VI – EN, 1975). ¡Y los medios o manera en que evangelizamos manifiestan al Dios que decimos anunciar o no! Realizar actos pastorales en donde únicamente se pide una certificación de identidad, podría expresar que solo somos un número, y evidentemente para el Dios revelado por Jesús no lo es.

Otra dimensión que adquirió una especie de dicotomía entre contenido, método y recurso, es la catequesis. En primer lugar, porque quienes hablan de ella, poco conocen (para no decir nada) de la ciencia catequética, o no tienen sentido común o lo hacen desde sus propias ideologías y no asumiendo el estilo del Mesías nacido en Palestina.

Por cuestiones de historia, conveniencia y hasta cierta cobardía eclesiástica, la catequesis se ha transformado en un recetario de charlas que hasta en Instagram se ofrece un “fichero de los temas”, otros afirman que los recursos no son importantes, o que la finalidad de la catequesis es la recepción de un sacramento, y obviamente, la formación de catequistas es un mero instrumento para que sean “obedientes”.

Por la renovación del evangelio, la iglesia en su acción pastoral hizo catequesis desde, con y por medio de elementos culturales como las catequesis mistagógicas de las primeras comunidades. En otro tiempo, solo se enfocó en un saber memorístico estéril que separaba vida de fe, iglesia de mundo, ciencia de religión, etc., creando una mentalidad cuasi dualista maniquea en muchos “cristianos”.

Dialogando Con El Camino 1

Ya en los albores del siglo XX, la renovación que la iglesia vivía inspiró a caminantes que se hicieron expresión de Jesús como camino, verdad y vida concluyendo en el Concilio Vaticano II: teólogos de la Nouvelle Theologie, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I, el papa de la sonrisa, Angélica Chimento, Enrique Shaw, Alejandro Schell, Miguel Raspanti, (Franchini, Marcelo Javier, 2025, pág. 47) y sobre todo nuestro venerado y admirado Frans De Vos, quien en su obra Metodología Catequística desde 1975 hasta en su última reedición, itera como una jaculatoria que “método y contenido” en catequesis son dos dimensiones que van tan unidas que una expresa a la otra (De Vos, Frans, 2019).

Es por todo ello, que la catequesis es un camino que asume el estilo de Jesús, su modo, su manera de hacer y comunicar, su propuesta central del Reino, etc., para que viviendo en comunidades eclesiales, encontremos el sentido de la vida (CEA – JEP, 1988).

Que la vida y acción pastoral de la iglesia sea vivida como “camino” implicaría:

  • Revalorizar que la manera en cómo Jesús anuncia el reino, es la pedagogía de la fe y de la evangelización.
  • Profundizar que el estilo eclesial, expresa la fe en la Trinidad. ¡Por tal motivo, si la forma de ser iglesia no cumple con esta finalidad, tenemos que asumir con parresia dejar caer esa estructura caduca, aunque tenga miles de años!(CELAM – DA, 2007).
  • Unir método, objetivo, contenido, recursos, estrategias, etc., como elementos constitutivos del proceso evangelizador(Curia, Christian, 2026).
  • Descubrir que no somos el centro de nada ni de nadie, porque en la medida que como iglesia hablemos más de nosotros mismos que del contenido del Evangelio, menos creíbles seremos(Pironio, Eduardo Francisco, 1986).
  • Favorecer una identidad cristiana que siempre está necesitada de reforma porque el evangelio es camino, verdad y vida que constantemente nos hacen revivir.
  • Recuperar la dimensión colegiada de ser iglesia, porque el Verbo es parte de una comunidad, y fomentó comunidades vivas, donde uno es parte del todo(Concilio Vaticano II – LG, 1965).

Por ello, nos parece necesario renovar nuestra fe en la acción del Espíritu Santo y recordar su paso entre nosotros en el Concilio Vaticano II, para ser comunidades que hacen visible la unión entre camino, caminantes y contenido, porque:

“Un magnífico arco iris brilló sobre la Iglesia de Cristo. Una alborada excepcional. Se pone a la defender al hombre, a todo ser humano, sea o no creyente. Con gran solicitud y simpatía, muestra su solidaridad con toda la familia humana. No se anquilosada ni tiene miedo. No pisa el freno. Ya no condena. Ha recobrado el acento de los profetas y las palabras fogosa del Evangelio. Habla de los signos de los tiempos. Se atreve a decir que el Evangelio “sintoniza con el fondo del corazón humano…Mira lejos, con audacia.

No es intolerante ni arrogante ni autosuficiente. Se presenta como el pueblo de Dios en marcha, un pueblo que camina en la historia de los hombres, con sus lastres y sus dificultades. Está en el mundo de este tiempo, en diálogo con él. Aprende a recibir del mundo…

Como Iglesia de Pentecostés, pierde su lengua de trapo. Se acabó el tiempo de los silencios y las censuras. La palabra circula. Los cristianos la utilizan. Un soplo de fraternidad anima a las comunidades…

Renuncia a sus privilegios. Algo la empuja hacia los marginados del mundo. Siguiendo a Cristo, quiere ser servidora y pobre. Una Iglesia así… suscita esperanza” (Gaillot, Jacques, 1970, págs. 29 – 30).

Y, por otro lado, una iglesia que separa lo que Dios ha unido, que hoy está en Santa Marta y mañana en los Palacios, que hoy deja de usar un trapo y mañana alguien lo vuelve a usar; que condena la usura, pero tiene un Estado; es poco creíble.

Feliz Pascua desde la Vida Nueva. ¡Felices desde este misterio gozoso de un Dios Viviente y vivificador, que “sigue haciéndose historia en medio de nosotros” (De Vos, Frans – ICD, 1983).

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Trabajos citados

CEA – JEP. (1988). Juntos para una evangelización permanente. CABA: Oficina del Libro.
CELAM – DA. (2007). Documento de Aparecida. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Lumen Gentium (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian. Algo nuevo llegará: Catequesis: Ministerio sinodal entre la Trinidad, persona humana y comunidad de fe (2026). Obtenido de https://www.amazon.com/
De Vos, Frans – ICD. (1983). La alegría de la fe para un mundo en cambio. Lomas de Zamora: Junta Catequística Diocesana.
De Vos, Frans. (2019). Metodología Catequística. CABA: Claretiana.
Franchini, Marcelo Javier. (2025). Itinerario Catequístico Permanente en Argentina. Historia y contenido de una nueva categoría teológica, espiritual y pastoral. CABA: Guadalupe.
Gaillot, Jacques. (1970). Una iglesia que no sirve, no sirve para nada. Santander: Sal Terrae.
Pablo VI – Evangelii Nuntiandi (1975). Obtenido de https://www.vatican.va
Pironio, Eduardo Francisco. (1986). Diálogo con laicos. CABA: Patria Grande.
Ramos, Julio. (1995). Teología Pastoral. Madrid: BAC.