El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, ha querido “reconocer” la labor de “tantos trabajadores y trabajadoras cristianos que dedican su vida a llevar el Evangelio al mundo del trabajo y que desarrollan, desde su fe y la doctrina social de la Iglesia, un compromiso cristiano, codo con codo con otros trabajadores, en las distintas organizaciones del movimiento obrero, que luchan por la dignidad del trabajo y por los derechos de las personas trabajadoras, especialmente aquellas que sufren mayor precariedad, como son las personas migrantes”.
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En este sentido y en su carta semanal, recogida por Europa Press, Jesús Fernández, “con motivo del 1º de mayo, Festividad de San José Obrero y Día Internacional del trabajo”, ha dado “gracias a Dios por todas las personas que, con su trabajo, construyen cada día un mundo más habitable. También por tantos trabajadores y trabajadoras anónimos que viven con generosidad y sacrificio sus tareas de cada día”.
Sin embargo, según ha lamentado, “el trabajo humano, que es una dimensión fundamental para la vida personal, familiar y social, sigue en muchas ocasiones concibiéndose y organizándose desde criterios economicistas e individualistas, que lo precarizan y lo deshumanizan”.
De hecho, según ha señalado en su carta, “vivimos un cambio de época que está imponiendo un nuevo paradigma económico y tecnológico que rechaza cualquier traba legal, política, moral o ética que impida obtener la máxima rentabilidad. Un nuevo paradigma que identifica erróneamente vivir sin limitaciones con la libertad”.
IA, autoritarismo y precariedad laboral
Por otro lado, según ha añadido el obispo, “con los avances en la inteligencia artificial y la neurotecnología, el control sobre el trabajo y la vida de las personas se está ampliando. Las personas están siendo reducidas a meros productos de consumo que generan beneficios jamás vistos”.
Todo ello, además, “sucede en un momento en el que la destrucción del planeta es más evidente que nunca y donde el autoritarismo, la guerra y el armamentismo están debilitando la democracia y los derechos de las personas y de los pueblos”.
En este contexto, Jesús Fernández ha alertado en su carta que “el mundo obrero y del trabajo está viviendo un intenso proceso de precarización”, con “precariedad laboral en el acceso al empleo, marcado por la inestabilidad; precariedad en las condiciones de trabajo, con pérdida de control y de derechos, y precariedad vital y social, derivada del impacto del empleo precario en la vida cotidiana y familiar”.
Tanto es así que “el IX Informe Foessa sobre Exclusión y Desarrollo Social nos advierte de una cronificación de la desigualdad y de un proceso profundo de fragmentación social. En nuestra comunidad autónoma, por ejemplo, el 23% de la población andaluza, casi dos millones de personas, vive en exclusión social, y el 10% lo hace en exclusión severa. Dicho estudio señala como ejes principales de la exclusión la vivienda y el empleo”.
Ante esta realidad, el obispo ha concluido que, “desde nuestra fe y la doctrina social de la Iglesia, tenemos que afirmar que el trabajo es un don de Dios. El ser humano está llamado mediante el trabajo a participar en su obra creadora” y, “por ello, trabajar es una dimensión constitutiva del ser humano que lo acerca a Dios”, pero “un trabajo solo es digno si es decente”, lo que significa un trabajo que, “en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer”.
En consecuencia, “un trabajo que tiene que estar atravesado por el amor y la comunión, y tiene que incorporar la dimensión del cuidado de la persona que trabaja, de la naturaleza y de la sociedad. Solo así será un trabajo respetuoso con la dignidad de los trabajadores y podrá considerarse decente”.
