Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

Venezuela está crucificada con Cristo


Venezuela, sin duda alguna, atraviesa un momento oscuro en su historia, un terremoto es un episodio grave para cualquier país, pero en dictadura, es doblemente peor.



No hay palabras, ni ideas que puedan ahondar en el dolor sufrido por los de adentro y los de afuera, y por eso creo que la mejor imagen, el mejor referente, la mejor asociación que puede hacerse es que Venezuela está crucificada con Cristo.

En la cruz están los inocentes, está lo incomprensible, está el deseo de gritar al Padre, está la entrega, está el drama humano de toda la historia en uno solo, valor de dolores, conocedor de todos los quebrantos.

Crucificada con Cristo

Venezuela está crucificada con Cristo, en su pasión de todos estos años, frente a Pilato que se lava las manos y la condena por el qué dirán. En esas autoridades que pudiendo hacer algo, no hacen nada, solo cuidar su parcela de poder.

Venezuela está crucificada en los verdugos que tienen avidez insaciable de maldad, que esperan cualquier momento para golpear, castigar y reprimir. Esos mismos que solo saben controlar, porque controlando descargan su furia contra los inocentes.

Venezuela está crucificada en aquellos que pudieron haber sido salvados si hubiesen sido alertados del sismo. Una cosa tan sencilla como internet. En un mundo de hiperconexión, unos decidieron bloquear la comunicación porque la información les amenaza.

Venezuela está crucificada en las personas solas que quedaron tapiadas, que no pudieron escapar. No importa la edad, no importa el credo, no importó nada, fueron clavados al madero y contados entre una multitud. Y aunque no sean una cifra, hasta la cifra se les ha negado.

Venezuela está crucificada en el amigo, padre, hermano, madre, tío, que tuvo a su familiar encerrado en escombros, que escuchó cómo se apagó su voz. O en aquellos que al pie de la Cruz ni siquiera podían escuchar el grito del Señor.

Venezuela está crucificada en la gesta civil, si nuevamente los civiles, la gente de a pie, común y corriente, los santos de la puerta del lado, — diría papa Francisco —, que entregaron todo por rescatar a los demás. Sin herramientas, con solo linternas de celulares y unos cordones, dieron, dan y darán todo por sus hermanos.

Venezuela 2

 Al pie de la cruz

Porque en la cruz no solo hubo verdugos, ni soldados despiadados, también ladrones arrepentidos, una madre que entregaba a su Hijo, y un Hijo que entregaba a su madre, y un discípulo que, en ese momento de oscuridad absoluta, decidió amar.

Venezuela está crucificada en el apoyo de miles, los países amigos y hermanos, y tantos que querían mandar hasta su propia vida en una caja, en cada lágrima derramada con el celular en la mano, en cada minuto de insomnio, en cada suspiro por su patria.

Venezuela está crucificada con Cristo, y grita en el abandono, en la oscuridad de la noche, en la oscuridad del aparente triunfo del mal que no es solo el terremoto, sino en los que con soberbia desafían el juicio de Dios.

Venezuela está crucificada con Cristo, en los sencillos, en los últimos, en los humildes, en los buenos que son muchísimo más y que, en el tormento de esta hora siguen mirando al cielo y gritando ¿por qué me has abandonado?

A esos y a todos los venezolanos heridos, las palabras del apóstol:

“Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”.

Si, Venezuela está crucificada con Cristo, pero resucitará LIBRE con Él.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey.

Foto: Vatican Media