Rosa Ruiz, misionera claretiana
Misionera Claretiana

Resucitar no es embalsamar


Compartir

No sé si a vosotros os pasa. A mí, hay textos de la Palabra que en algún momento han cobrado una luz especial o me han regalado algún significado que hasta entonces me había pasado inadvertido. Eso me ocurre con la narración pascual de las mujeres llevando al sepulcro aromas para embalsamar a Jesús. Nos lo cuentan los cuatro evangelios de distinta forma, aunque a mí me gusta especialmente cómo lo relata Mc 16.



Las mujeres compraron perfumes para embalsamar el cuerpo de Jesús; fueron al sepulcro al amanecer, con toda prontitud (esa marca evangélica tan repetida). Nadie podrá reprocharlas que se quedaran asustadas y encerradas por temor a los judíos, como nos cuentan que estaban los apóstoles (cf. Jn 20,19). Ellas fueron abierta y presurosamente al lado de Jesús. Compraron perfumes expresamente y no temieron que las apresaran o las señalaran por estar junto a Él.

Las mujeres “primerean”

Nadie podría dudar de su entrega, de su valor, de su amor a Jesús. ¡Y cuántas mujeres desde entonces siguen “primereando” el alba!, ¡cuántos hombres ‘Nicodemos’ y ‘Arimateas’ dando la vida entera de esta manera! Yendo donde nadie quiere ir sin ningún miedo, fieles al Maestro –al pie del sepulcro–. ¡Hasta gastan sus propios bienes en comprar los aromas apropiados para el mejor embalsamiento posible! Nada se guarda quien se deja conducir por el amor.

Y así lo he saboreado durante años hasta que un día me vino una luz nueva. ¡Cuánto amor y arrojo en estos hombres y mujeres!, pero solo son enterradores y embalsamadoras de un cadáver… Muy dignos, muy honestos, muy entregados, pero… a un Muerto. Y creo que entendí con mayor profundidad el vuelco total que tuvieron que vivir aquella mañana cuando un jovenzuelo (cf Mc 16,5) les dice que Jesús no está ahí, que ha resucitado y se trata de que se vayan a Galilea, no que sigan gastando la vida junto a un cadáver.

cuadro Jesús llevando la cruz se encuentra con mujeres durante el vía crucis

No sé si soy capaz de expresar el descubrimiento: ¡podemos estar entregando la vida entera a Cristo, Amor y Sentido de nuestra vida… como plañideras de un Muerto! Y estaremos honrando la muerte (por muy redentora que sea), no la vida. Y generando a nuestro alrededor un luto permanente. Y qué tristeza aterradora (Mc 16,8) no haber descubierto a tiempo que esto se trata de otra cosa: que Jesús y lo suyo está en Galilea y está vivo y se mueve y no es encerrable en nada y por nada. Porque rompe todo límite, todo prejuicio, toda ideología. ¡Cómo va a ser lo mismo dedicar la vida a embalsamar con perfumes que a perfumar la vida!

Me da mucha alegría saber que ellas también lo descubrieron a tiempo, porque si no, no estaríamos hoy celebrando nada. No lo permitas, Amigo de la Vida. Resucitado y Resucitante. No lo permitas. Haznos resucitados y no embalsamadores.