Rosa Ruiz, misionera claretiana
Misionera Claretiana

Reivindico el espejismo de querer ser uno mismo… y la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones


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“La barca de nuestra vida avanza lentamente, siempre inquieta porque busca un feliz desembarco, dispuesta para afrontar los riesgos y las oportunidades del mar, aunque también anhela recibir del timonel un cambio de dirección que la ponga finalmente en el rumbo adecuado”.

Así comienza Francisco su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (JMOV) 2020: la travesía en el lago (Mt 14,22-33) evoca nuestra vida y, particularmente, nuestra vida como vocación. No sé casi nada de barcos (soy de tierra adentro) pero he oído que es un error común confundir al capitán de la embarcación (el último responsable que vela por toda la tripulación) con el timonel (se encarga de gobernar la dirección concreta). Quizá nos ocurra en la vida; ¿acaso no llevamos todos dentro ese anhelo profundo de encontrar nuestro lugar en el mundo, nuestro modo de ser nosotros mismos? Un buen capitán orienta, dirige, vela… pero es el timonel quien debe asumir el cambio de dirección cuando las circunstancias lo pidan.



He leído, incluso, que la tragedia del Titanic se debió a un error del timonel que el capitán no pudo corregir a tiempo. Así es la vida. Quizá por eso dice el Papa que “esta aventura no es pacífica … pues el Señor sabe que una opción fundamental de vida —como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio— requiere valentía”.

Una curiosidad más: para navegar no hay mapas como en la carretera. Lo cambiante del medio lo hace imposible. Para modificar una montaña o un cerro tiene que pasar algo muy grave; pero las corrientes marinas, por definición, no están quietas. Por eso, se crearon las cartas de navegación. Cada vez son más precisas con los avances de la ciencia pero la esencia es la misma: cada navegante cuenta con referencias sólidas que solo son válidas si las mantiene continuamente actualizadas y corregidas. Y de la travesía de cada navegante se valen los demás, se va acumulando la experiencia para que otros surquen los mares con mayor seguridad y precisión. Pero, ¡ojo!, sin olvidar que el mar es mar, es continuo movimiento. Como la vida.

Nada está hecho

¿Encontraste la persona adecuada, os casasteis y elegisteis formar una familia? Genial. Pero ya sabéis que nada está hecho; todo acaba de empezar: cada nuevo trecho de la travesía (un hijo, perder el trabajo, cambiar de casa…) os obligará a actualizar y cambiar de dirección si queréis permanecer fieles al rumbo elegido.

¿Sentiste la llamada a entregar la vida en el sacerdocio o la vida consagrada y te comprometiste con una familia religiosa, instituto, lugar, estado? Genial. Pero ya sabes que nada está hecho; todo acaba de empezar: cada nuevo trecho de la travesía (cambio de misión, nueva realidad, enfermedad…) te obligará a actualizar y cambiar de dirección si quieres permanecer fuel al rumbo elegido.

Si aún no has elegido una forma de vida concreta que responda a la llamada que sientes, no te preocupes. Atento, atenta, no te descuides. Toma el timón. Escucha al capitán. Estoy convencida que solo podemos ser “vocacionadamente”, como fundamento antropológico de todo ser humano, como la nervatura que sostiene una bóveda. Y si esto lo tomáramos en serio ¡cuánto cambiaría todo! Dentro y fuera de la Iglesia, en procesos educativos, terapéuticos, catequéticos…

Me permito acabar con unos versos de Aute, recientemente fallecido; no se definía como creyente precisamente, pero creo que también sabía que la vida se nos va en ser lo que estamos llamados a ser en lo más profundo, aunque para ello haya que ir corrigiendo el rumbo:

Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo.
Ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada la belleza.