Fernando Vidal
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

No tenemos miedo


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“No tengo miedo”. Es una afirmación del papa León XIV con enorme calado, porque el populismo ultraderechista y la plutocracia de tecnomagnates ha creado un estado mundial de terror. Musk ha declarado en tribunales que la IA puede aniquilar a la humanidad y, hace pocas semanas, Thiel ha predicado en Roma el apocalipsis y la llegada del anticristo.



Es un estado de opinión expandido progresivamente para poner a la humanidad entre la espada y la pared. Una encuesta del Pew Research Center en Estados Unidos muestra que el 39% de la población sostiene que la humanidad se encuentra al final de los tiempos. Ese porcentaje aumenta entre quienes dicen ser cristianos: lo piensa el 47%. Entre los cristianos evangélicos, se eleva hasta el 63%: dos de cada tres cristianos evangélicos piensan que próximamente sucederá el apocalipsis. Entre los católicos, desciende al 27%; son los cristianos más esperanzados.

El Papa León XIV se reúne con miembros de la Fundación Pontificia en la Ciudad del Vaticano.

El Papa León XIV se reúne con miembros de la Fundación Pontificia en la Ciudad del Vaticano. Foto: EFE

Hay la intención determinada de la ultraderecha para crear un estado apocalíptico global de terror, y el uso del cristianismo es un recurso esencial en su estrategia. Tiene también sus expresiones en nuevas realidades religiosas como el emocionalismo, el neoclericalismo y el sometimiento espiritual.

Estado de terror

Lo cierto es que se provoca un estado de miedo global para saltarse todos los derechos, legitimar invasiones y guerras, sembrar la conspiranoia, provocar el odio, señalar chivos expiatorios, denigrar la democracia, intimidar a través de webs y redes venenosas, justificar la violencia política, acelerar el hipercapitalismo y forzar cambios de régimen político que expandan el hipercapitalismo y la tecnocracia más allá de los Derechos Humanos y la democracia.

En medio de la noche oscura del mundo, León XIV aparece como Francisco en aquella otra noche tormentosa de la pandemia, diciendo: “No tengo miedo”. Nosotros, tampoco.