Leí la nota en su momento pero, distraído con el fandango mundialista del futbol, la dejé pasar. Retomo el tema. Resulta que el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano respondió negativamente, hace ya un mes, a la pregunta que hicieron los obispos alemanes, sobre la posibilidad de que laicos cualificados pronunciaran la homilía en casos excepcionales. Inclusive, distinguieron entre ella, “homilía”, reservada a clérigos, y “sermón”, como posible tarea de los laicos.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Asumo que el Dicasterio basó su respuesta en el canon 767&1 del Código de Derecho Canónico, que afirma: “Entre las formas de predicación destaca la homilía, que es parte de la misma liturgia y está reservada al sacerdote o al diácono…”. Sin embargo, me llaman la atención los tres matices aparecidos en la solicitud germana: 1) no cualquier laico, sino cualificados 2) en situaciones no ordinarias, sino excepcionales 3) no pronunciarían una homilía, sino un sermón. Veamos cada uno.
1) No se propone, entonces, que cualquier persona, por más santa que sea o por mejor voluntad que tenga, pueda comentar un texto bíblico en la misa diaria o dominical, tratando de enlazarlo con la vida ordinaria, e invitando a acciones conectadas con él. Se trata de laicos y personas consagradas con estudios teológicos, bíblicos y pastorales de nivel doctorado -abundan lo mismo en Alemania que en México-, muchas veces con autoridad moral en sus comunidades, y en la mayoría de los casos sirviendo como catequistas o misioneros.
2) Se sitúa la petición en “situaciones excepcionales” que, por cierto, son cada día menos anómalas. Ante la notable disminución de presbíteros, son frecuentes las ceremonias presididas por los diáconos. Pero tampoco estos pululan, y sobre todo en regiones donde laicos y personas consagradas congregan a la comunidad y la atienden con celebraciones de la Palabra, resulta que no pueden comentar los textos bíblicos, pues no disfrutan del estado clerical, y aunque lo harían mejor que muchos clérigos, incapaces de hilvanar una adecuada predicación.
3) Los obispos alemanes, tan rígidos, conceden en su pregunta una distinción que, en el matiz, mantiene la importancia del mensaje pronunciado por el clérigo, sobre el expresado por el laico o una persona consagrada. Si estos, con competencia académica y ministerial, y porque el presidente de la asamblea se encuentra indispuesto o no maneja bien el idioma -a mí me sucedió durante mis estancias en ese país- se dirigen a los fieles después del evangelio, pronunciarán un sermón, no una homilía que, se deduce, tendrá un mayor valor litúrgico y canónico.
Pero no. La respuesta del Dicasterio no considera los tres matices mencionados, y o supone que no hay laicos cualificados, que no hay situaciones excepcionales, y que no puede haber diferencia entre un sermón y una homilía, o prefiere seguir defendiendo una norma vigente, sí, pero alejada de la realidad que nos habla de cada vez más laicos y personas consagradas con competencia homilética -sin mencionar la incapacidad de muchos clérigos para predicar-.
En conclusión. El Vaticano corre el peligro con esta decisión, de fortalecer el clericalismo tan criticado por Francisco y León XIV, y se priva, una vez más, de la riqueza que pueden ofrecer los no clérigos para interpretar la Palabra de Dios.
Pro-vocación
Se objetará que no es propiamente un libro, con material nuevo y monotemático. Y en efecto. Estamos ante la antología de las principales intervenciones papales sobre el tema de la paz -homilías, mensajes, pronunciamientos, entrevistas, etc.-, desde el inicio de su pontificado, el ocho de mayo del 2025. ‘Desarmada y desarmante. La paz es un don’, es el título de la publicación que, eso sí, tiene una introducción inédita de León XIV. Destacan las notas periodísticas la cita papal de Bob Dylan, crítico de la carrera armamentística: “Te odio porque te ha creado el hombre, y el hombre te posee y te maneja”, en la canción ‘Go Away You Bomb’. Habrá que leerlo.
