La pandemia del coronavirus, ¿ha purificado nuestra forma de comunicar?


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La portada

Pensaba mientras releía el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, en la responsabilidad social periodística en su relación con la construcción de los relatos informativos –que es el tema propuesto para eta edición–. Aunque el pontífice no aborda directamente la cuestión, los múltiples ejemplos comunicativos que han circulado en los últimos meses durante la pandemia del coronavirus son una llamada de atención de la importancia de la veracidad y la transmisión adecuada del mensaje.



Un ejemplo alabado por muchos este domingo ha sido la portada de la edición diaria de ‘The New York Times’. La ‘dama gris’ eligió la primera plana y una página interior para poner una relación de nombres y algunos detalles mínimos sobre 1.000 víctimas del coronavirus en Estados Unidos. Mil historias que son un reflejo de los 100.000 fallecidos que ha alcanzado el país durante la pandemia, es decir, el 1%. Explican con un breve comentario al comienzo de la lista que ver los nombres es una muestra de reflejar las cifras que gotean cotidianamente.

Uno de los nombres de la segunda columna es Sherman Pittman, fallecido en Chicago a los 61 años. De él se dice que “dedicó su vida a la Iglesia y a sus vecinos” –y le han puesto al lado de otra persona, James Quigley, que a sus 77 años era el “rebelde de la familia”–. Así de sencillo, el mensaje que lanza la portada es demoledor. Sin imágenes, con algunas negritas y una advertencia en cursiva: “No son solo números”.

También en el contexto europeo se han hecho grandes relatos para mostrar todas las caras de la pandemia. Desde la complejidad científica, las pruebas y tratamientos, la historias de los invisibles, la situación de los sanitarios o el sentimiento ciudadano. En estos meses, más allá de bulos e instrumentalizaciones políticas de diversos tipos, ha habido trabajos impecables de profesionales de la comunicación que han ejercido la responsabilidad de contar y explicar lo que pasa a través de múltiples formatos, con condiciones imposibles sin perder el sentido de más profundo de lo que se espera del relato formativo –y su carácter performativo–.

La jornada

Decía el obispo Juan del Río, presidente de la Comisión de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española, que el mensaje papal de este 2020, publicado como siempre en enero, ha sido “tremendamente profético”porque el criterio de que la vida “es una historia de amor de Dios a los hombres” es una de las lecciones que la pandemia está dejando.

Y esto no es solo cosa de los periodistas. La intercomunicación, el intercambio de mensajes a través de todos los canales que la persona tiene a disposición tiene que alertar el sentido crítico. Especialmente en momentos delicados. Lo dice Francisco en su mensaje al afirmar que “nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio”.

 Todo el que tenga un móvil, o un amigo, que se dé por aludido.