“El mensaje que compartiré quiere ser un aporte, a la luz de la Palabra de Dios, para la reflexión de todos los actores de la sociedad argentina, convencido de que entre todos construimos la Patria, más allá de saber que, luego, algunas frases puedan ser tomadas de manera aislada para querer alimentar la fragmentación”, aclaró el arzobispo Jorge García Cuerva, cuando presidió hoy Te Deum.
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Reconstruir el tejido social
Inspirándose en el pasaje evangélico de los cuatro hombres que llevan al paralítico ante Jesús, subrayó la analogía entre estos colaboradores que ayudan al paralítico y los cuatro actores necesarios para reconstruir el tejido social: el compromiso por el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza. Agregó que, como expresaba el papa Francisco, nadie se salva solo por lo que señaló: basta de arengar basta de arengar la división y la polarización. Señaló, además, que la creatividad y la audacia colectiva pueden superar el desaliento y el “no se puede” que paraliza a tantos compatriotas.
Durante su discurso, aseguró que este texto es un verdadero ejemplo para todos “porque no nos podemos permitir ser ingenuos: la sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte mientras diversos intereses juegan su partida, ajenos a las necesidades de todos”.
Denunció el individualismo creciente —el “sálvese quien pueda”— y advirtió contra la descomposición de la fraternidad y la vida comunitaria cuando prevalecen intereses particulares. Llamó, entonces, a recuperar la dignidad moral y espiritual como base de una sociedad justa y solidaria.
Reserva espiritual
Validó el pueblo argentino como un pueblo de fe que, a pesar de las crisis crónicas y dificultades, sigue adelante y se pone la Patria al hombro. De esa reserva espiritual, heredada de los abuelos, brotan la dignidad, la capacidad de trabajo duro y solidario, la serenidad aguantadora y esperanzada. Para el arzobispo, falta una clase dirigente que se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, porque perdieron las ganas de seguir, o los que sufren por la falta de trabajo, de educación, o de oportunidades.
Criticó a los sectores acomodados que, desde su confort, descalifican a quienes trabajan por el bien común, y comparó a esos escribas con los “haters” actuales que usan las redes y los medios para sembrar odio y división. Invitó a desarmar el lenguaje hiriente y cultivar la amabilidad en el debate público, como los hizo el papa León XIV, quien invitó a abstenerse de utilizar palabras que lastiman al prójimo: “Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.
Advirtió que los violentos de hoy no tienen que detener a los argentinos que quieren dar una mano, y hacer algo por la Patria con esfuerzo silencioso y paciente, y con el compromiso de un pueblo que no se resigna a vivir mal, sin justicia, sin paz.
Refundar el vínculo social
Con este mensaje, en la Catedral Metropolitana, frente al presidente de la Nación, Javier Milei y parte de su gabinete; al jefe de la ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, y funcionarios del gobierno porteño, legisladores y representantes de los credos, convocó a la memoria agradecida y reconciliada con la historia nacional, recordando la Proclama de la Primera Junta y figuras como fray Mamerto Esquiú. Apeló a que la Argentina “se levante” y camine unida, transformando la casa común en un hogar donde todos tengan lugar y derechos.
Cree que si se apuesta a una Argentina donde no estén todos sentados en la mesa, donde solamente unos pocos se beneficien, el tejido social se destruye y las brechas se agrandan, una sociedad camino al enfrentamiento.
García Cuerva exhortó a los distintos actores sociales a asumir responsabilidades concretas para acompañar a los más postergados: “Que Argentina sea casa, sea mesa familiar a la que se sienten todos sus habitantes. Vivimos tiempos complejos, por eso es necesario estar unidos y comprometidos con los más pobres. El llamado evangélico de hoy nos pide refundar el vínculo social y político entre los argentinos”.
El prelado porteño convocó a la unidad, como aquel primer mensaje del primer gobierno patrio al pueblo. “No a la uniformidad, sino a la conformidad recíproca y a la “cordialidad”. El sueño fundacional fue siempre la unión. Hagámoslo realidad. Por nosotros, por nuestros abuelos, por las futuras generaciones”, exhortó.
Finalmente, pidió que la Virgen, Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, interceda por el país, sus gobernantes y por todo el pueblo que, “desde su fe más profunda, sabe que Ella nos cuida siempre”.
