¿Qué implica vivir en una sociedad en la que los solteros son cada vez más?


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Los datos

El Instituto Nacional de Estadística ha publicado la semana pasada el informe sobre ‘Movimiento Natural de Población’ de 2016. Los datos que presenta sobre la sociedad española están llenos de un sinfín de lecturas posibles.

El gran titular para los medios es que en España, por segundo año consecutivo, el número de muertes supera el de nacimientos. En 2016 los nacimientos fueron 408.384 —frente a los 420.290 del año anterior, y lejos de los 519.779 del año 2008—, lo que supone una tasa de natalidad de 8,8 nacimientos cada mil habitantes, dos décimas menos que en 2015. Por otro lado, durante 2016 fallecieron en España 409.099 personas, un 3,2% menos que en el año anterior.

Aunque las defunciones hayan bajado, los números son claros. Los sociólogos lo llaman “pérdida poblacional” y la tendencia que observan no es nada alentadora.

Otros de los datos del informe son que mientras que la esperanza de vida crece, cada vez hay menos mujeres en edad de ser madres. Por diferentes motivos, una de cada cuatro mujeres nacida en la década de los 70 no ha tenido hijos.

Frente a esto, encontramos que el número de matrimonios ha crecido. El año pasado se casaron 172.243 parejas –un 27%, es decir, 46.236 han sido en la Iglesia católica, cuando en 2005 el 60% de los enlaces eran católicos–, un 2% más que en el año anterior, siendo la tasa de nupcialidad de 3,7 matrimonios por mil habitantes, una décima más que hace doce meses. Las uniones entre parejas del mismo sexo representan el 2,5% del total. La edad media con la que se contrae matrimonio ha subido hasta los 37,5 años para los hombres y los 34,7 años para las mujeres.

En esta nube de datos podemos leer que si en España el 55,2% de la población está casada, el número y proporción de los solteros no es nada desdeñable. Aunque profundizar en el perfil de los singles es complicado porque no todos son iguales, y quien más impulsa la recopilación de datos de ellos son los propietarios de aplicaciones informáticas de citas online.

Así, un estudio también referido a todo 2016, dice que el 43% de los solteros necesita entre 1 y 3 meses para lanzarse a decir “te quiero”, una tercera parte de los usuarios de estas aplicaciones se iría a la cama en la primera semana, según los logaritmos que funcionan en las plataformas los chicos encuentran más atractivas a la abogadas y las chicas a los de empresariales, y los solteros se gastan una media de 67 euros por cita.

La teología

Cuestionarios y encuestas han multiplicado en los últimos años las diferentes repuestas posibles referidas tanto al sexo como al estado civil. Tanto es así que incluso quienes tienen claro una cosa y otra les cuesta responder. Mientras, la reflexión de canonistas, moralistas y teólogos se centran en aquello que marca el Derecho Canónico: solo hay tres caminos como respuesta a la llamada de Dios y estos son la ordenación presbiteral, la vida consagrada y el matrimonio.

Desde esta perspectiva, la soltería solo es un tiempo intermedio, de espera, hacia la vocación plena. Es un tiempo de búsqueda activa de cara a una entrega definitiva a través de cualquiera de las tres salidas que propone la Iglesia. Es decir, la moral, solo contempla solteros con un compromiso.

Sin embargo, no podemos olvidar que en el mismo contexto se han creado expresiones como la de “quedarse para vestir santos”, de origen español, que describía a quienes se entregaban sin descanso a las tareas del templo por falta de cuidados domésticos que atender.

Y es que, con este marco teológico, ¿qué hacer cuando la espera se alarga?, ¿cuándo se acumulan experiencias negativas, “tóxicas”, de relaciones frustradas?, ¿cuando una pareja te aleja de tu fe y de tus convicciones? O, qué alternativa tienen quienes no quieren repetir los fracasos que han vivido en su familia, o quien no se conforman con un novio o novia encontrado a golpe de clic…

Los testimonios

Alessandro D’Avenia es un profesor de instituto italiano que acaba de cumplir 40 años. Se ha hecho famoso en su país por sus libros, el último de hace un mes, titulado ‘El arte de ser frágil’, donde hace un repaso de muchas de las opciones de su vida y que se encuentra ya entre los más vendidos en Italia. Al hacer la promoción de su obra, su soltería es un tema recurrente en las entrevistas. Así, el escritor se presenta como un defensor de la castidad, pero con una fundamentación mucho más fuerte y profunda que las adolescentes estadounidenses de series y películas que abanderan los llamados clubes de castidad y que se presentan como caricatura fácil de las locuras de adolescentes precoces.

Para él, “el celibato es una opción, y a veces hacer el amor es solo dar una palmadita”. Se define, con una actitud que ha madurado en estos 40 años e inspirada en las experiencias de amor que ha vivido en su familia, como un “enamorado de Dios y de las personas; y cuando viven un sentimiento así de profundo, ¿qué haces?”, se pregunta.

“Estoy bien así”, responde a quienes le hablan de pareja. “He elegido dedicar mi vida a los chicos, a la escuela y al voluntariado. Optar por el celibato es una decisión que ha madurado desde hace tiempo. No significa renunciar al amor, sino vivirlo recorriendo otros caminos, aquellos donde me lleva mi pasión, contar y escuchar historias, en el aula, en el teatro, en los libros”.

D’Avenia no se define como un “filántropo” raro. “Mi vida es plena en la relación con Dios, pero no tengo vocación sacerdotal y mi amor por Él, en el fondo, tiene un aspecto sentimental, sin él, no puedo vivir”, confiesa a una periodista del Corriere della Sera.

¿Dónde está en este testimonio el egoísmo, la frustración, la soledad… que se presuponen a los solteros, también a veces desde púlpitos católicos? Se ha llegado a afirmar que el 93% de los solteros españoles son infelices. Nuestra sociedad tiene que seguir profundizando en los retos que su radiografía democrática deja, pero no debe olvidar a aquellos que han hecho de su vocación, religiosa o laica —con su consecuente opción por la castidad o el celibato—, una manera de entregarse más completamente a las necesidades de esa sociedad.