Rafael Salomón
Comunicador católico

El poder del dinero


Compartir

‘El dinero no compra la felicidad’ pero hay que tener cuidado porque mal utilizado puede ser la perdición. De ninguna manera quiero satanizar el poder del dinero, ayuda y mucho, en ocasiones es pieza fundamental para alcanzar objetivos que sólo con el recurso monetario es posible lograrlo. Muchas personas lo buscan con tanto afán que realizan sacrificios enormes con tal de tenerlo.



La libertad de cada persona ejerce ese derecho; sin embargo, volverlo en lo más importante y en lo único, genera una adición llamada: avaricia. No habrá ninguna cantidad económica que logre llenar el vacío de tener tanto como para detenerse y pensar que es suficiente.

Las personalidades avaras generan incomodidad en las personas cercanas, el hecho es que cuidan de tal manera su dinero, que dejan de vivir, de disfrutar el presente y su mundo se reduce a lo material y al cuidado de su fortuna. Viven como si no tuvieran nada, se alejan de una vida equilibrada, todo gasto para esas personalidades es un despilfarro, se convierte en un vicio del que no se puede o quiere salir.

“El dinero es mal consejero”

Su vida se convierte en un suplicio en el que, las cosas materiales adquieren tal importancia como para evitar cualquier gasto por necesario que sea. Un avaro no puede disfrutar lo ganado, se siente poco merecedor de algo personal y usa los objetos con un cuidado exagerado para evitar que se gasten.

No cabe duda que el dinero cambia a las personas y potencia lo que ya tenían, si nunca se fue capaz de compartir, cuando se tiene dinero será poco posible que se aprenda a compartir. Los que tienen no lo comparten y eso genera que una gran cantidad de la población mundial carezca de lo más elemental y para ser sincero, existen personas que cuentan con una fortuna que necesitarían seis o siete generaciones para que se terminara su riqueza.

Si bien es cierto, cada quien busca su propósito en esta vida, pero la historia nos recuerda que quienes han alcanzado amasar impresionantes fortunas y no se han dejado asesorar por profesionales, además de malgastar y derrochar el dinero, lo pierden todo.

dinero

Se diría que el dinero es mal consejero, cuando no hay una cultura financiera y se da rienda suelta a nuestros impulsos, es la ecuación perfecta para terminar mal. Se conocen historias de deportistas, artistas, políticos, etc., que han ganado sumas enormes y que en menos de una década, su patrimonio se ‘evapora’ como agua en la lumbre.

“Mal empleado, puede ser la perdición”

Personas que se dejaron seducir por los falsos amigos, compañías fugases que alimentaron el ego de quién tenía dinero. Nos puede desequilibrar y creer que lo ‘tenemos todo’ esa es la gran promesa que nos ofrece el poder del dinero, no hay nada más erróneo que eso, pensar así nos hará extraviarnos. El dinero es una herramienta que al ser empleada con precisión puede generar acciones tan sublimes para la humanidad, pero que mal empleado, puede ser la perdición.

Mi recomendación es que no le des a tu vida un valor monetario ‘cuánto tienes, cuánto vales’ nada podrá alcanzar el valor que tenemos como personas y que tengamos o no dinero, no es determinante para vivir. He conocido a personas que teniendo tan poco viven plenas y realmente no les hace falta nada.

También he conocido a personas que tienen tanto dinero y que no son felices, se nota en su rostro, en su trato hacia los demás, en su falta de empatía y enorme importancia personal. En el justo medio está la virtud, en el centro de los opuestos encontraremos la serenidad para no anhelar con deseo desmedido y para no vivir la falta absoluta del recurso económico.

Que lo material no te defina, al final nos iremos de este mundo como hemos llegado: sin nada. Es una dura realidad, pero cierta, nada nos llevaremos de aquí. Por eso aprendamos a vivir con mesura, sin pretensiones, sin deseos superficiales de falso poder.

Hasta ahora no he conocido a nadie que haya podido ser dueño de un amanecer, de un paisaje o simplemente de un segundo de vida por muy rico o pobre que sea. Vivir con la riqueza del día a día y valorar cada segundo que tenemos es irrepetible y ese verdaderamente vale mucho, tanto que no existe cantidad económica que alcance.

“Muéstrenme la moneda del impuesto. ¿De quien es la imagen de la inscrpción que lleva? Ellos le contestaron: –Del emperador. Entonces Jesús dijo: –Pues den al emperador lo que es del emperador y a Dios lo que es de Dios”. Lc 20, 24-25