En la película ‘La Odisea’ (Chistopher Nolan, 2026), citada en este mismo espacio hace poco, se menciona muchas veces la “ley de Zeus” como un pilar básico de la sociedad. Esa ley de Zeus no es otra cosa que la hospitalidad que debe dispensarse al que llega a casa ‒especialmente al forastero‒, pensando que a quien se acoge puede ser el propio Zeus disfrazado.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
El mito
En efecto, un mito griego cuenta que Zeus y Hermes llegaron a la ciudad de Tiana ‒en la región de Capadocia‒ una noche de tormenta bajo la apariencia de mendigos. Nadie quiso abrirles las puertas de sus casas, excepto una pareja de modestos campesinos ya ancianos: Filemón y Baucis. Estos les ofrecieron a sus huéspedes lo poco que tenían, pero pronto se dieron cuenta de que los viajeros no eran lo que aparentaban, ya que, por más vino que les servían, la jarra nunca se vaciaba. Por eso quisieron ofrecerles un alimento más acorde con el rango de sus invitados: el único ganso que poseían.
Pero Zeus se negó a que mataran al animal. Descubierta su verdadera identidad, Zeus y Hermes pidieron a los ancianos que abandonaran su hogar y la ciudad, sin volverse a mirarla, ya que iba a ser anegada por las aguas como castigo a la falta de hospitalidad de sus habitantes. Desde lo alto de un monte, Filemón y Baucis vieron que lo único que se salvó de la ciudad fue precisamente su casa, convertida luego en templo. Los dos ancianos pidieron a Zeus poder vivir como sacerdotes en su antigua casa y morir a la vez. Tras su muerte quedaron convertidos él en un roble y ella en un tilo, con cuyas ramas se buscaban el uno al otro. (Precisamente, en Hch 14, Bernabé y Pablo fueron tomados en la ciudad de Listra por Zeus y Hermes, respectivamente, tras haber curado a un hombre cojo.)
Esta “ley de Zeus” o la obligación de la hospitalidad es algo que se contempla en todo el Próximo Oriente, y que, por supuesto, aparece en la Biblia. Ahí están los terribles episodios de Sodoma (Gn 19) o de la esposa del levita (Jue 19), ejemplos extremos en que la hospitalidad pasa por encima de una auténtica aberración (un modo exagerado de subrayar el valor de esa hospitalidad). Y también lo tenemos en el Nuevo Testamento, en concreto en la carta a los Hebreos, donde el texto se hace eco del episodio de Sodoma: “Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles” (13,1-2).

