¿Cómo es el Dios de la Biblia?


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Hace unos días asistí a una escena curiosa: una señora mayor le preguntó a una muchacha musulmana que la atendía por qué llevaba un pañuelo en la cabeza. La chica, quizá por no extenderse demasiado, contestó a la señora: “Esa es una historia muy larga”, y se marchó.



Hay dos versículos en el Corán que hablan explícitamente de la vestimenta de las mujeres. El primero es: “Y di a las creyentes que bajen la mirada y guarden sus partes privadas, y que no muestren sus atractivos a excepción de los que sean externos; y que se dejen caer el tocado sobre el escote y no muestren sus atractivos excepto a sus maridos, padres, padres de sus maridos, hijos, hijos de sus maridos, hermanos, hijos de sus hermanos, hijos de sus hermanas, sus mujeres, los esclavos que posean, los hombres subordinados carentes de instinto sexual o los niños a los que aún no se les haya desvelado la desnudez de la mujer” (24,31).

En el segundo se lee: “Dile a tus esposas, hijas y a las mujeres creyentes que se cubran con sus mantos. Así será más probable que sean reconocidas [como virtuosas] y no serán acosadas. Y Dios es perdonador, misericordioso” (33,59).

Una joven con velo islámico a las puertas del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Sagasta de

Llama la atención que muchas mujeres musulmanas cumplan estrictamente estas disposiciones ‒otras, sin embargo, no llevan la cabeza cubierta‒ mientras los varones van vestidos “a la occidental”, es decir, como les parece o según la moda, como si ellos no debieran cumplir también con la “modestia” en el vestir.

Es sabido que ‘islam’ significa “sumisión”, y aunque se subraye la misericordia de Dios ‒como afirman los musulmanes‒, en el islam Dios se destaca como principio absolutamente superior. En la Biblia, naturalmente, Dios es también un principio superior, pero no cabe duda de que su rostro adquiere rasgos extraordinariamente “humanos”, en el mejor sentido de la palabra.

Sin ir más lejos: “Sion decía: ‘Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado’. ¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré” (Is 49,14-15).

Estamos cerca del hombre

Y aunque en el Corán se afirma: “Hemos creado al hombre y sabemos lo que su alma le susurra. Estamos más cerca de él que su propia vena yugular” (50,16), lo cierto es que no se llega a la altura de referirse a Dios de la forma en que lo hacía Jesús, como ‘Abbá’, “padre” en el sentido más familiar, cercano y cariñoso posible.

En alguna ocasión se ha dicho que lo específicamente cristiano no es creer en Dios ‒eso lo hacen, de una forma u otra, todas las religiones‒, sino en qué Dios se cree, es decir, en el Dios de Jesús. Y ese Dios, sin dejar de serlo, es Padre.