En su Carta Pastoral Colectiva, la Conferencia Episcopal de Costa Rica pidió a los feligreses: “Hagamos de María nuevamente nuestra inspiración para soñar y construir una Costa Rica más pacífica y menos violenta“.
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Al celebrar el centenario de la Coronación Pontificia de la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica, realizada el 25 de abril de 1926, los obispos recordaron que esa efeméride recuerda el gran amor de este pueblo a la Santísima Virgen María en la imagen de la Puebla de los Pardos.
Los obispos señalaron que son testigos y víctimas de “signos de muerte y violencia… tanto en el mundo como en Costa Rica“, lo que podría generar “temor e incluso un miedo paralizante”.
La paz, fundamento de la dignidad
En ese sentido, destacaron que “los inéditos escenarios de crueldad y dolor a los que asistimos provocan inquietud y exigen de los cristianos un sincero discernimiento de los signos de los tiempos para iluminar la realidad y actuar desde el Evangelio”.
Por ello recordaron en el referido documento -dividido en tres capítulos y una conclusión– que “la paz es fundamento de la dignidad del ser humano, de manera que, al garantizar una se consolida la otra”.
Reflexionaron que cuando se permite que la dignidad de las personas sea mancillada a través de diversas dinámicas culturales, políticas estatales o leyes, “la sociedad se expone a caer en una ‘pendiente resbaladiza’ de mayor desigualdad, violencia y corrupción“.
Los bastiones de la paz: la caridad y la justicia
Consideraron que el Estado “para garantizar la paz social” debe asegurar la vida de sus ciudadanos; “cuando un Estado legisla en contra de la vida como en el caso de leyes que favorecen y aprueban el aborto voluntario, está contradiciendo su razón de ser y minando la convivencia social pacífica desde su raíz”.
La paz -apuntó el episcopado- solo puede comprenderse dentro de una ‘ecología integral’, es decir, dentro de un ecosistema que favorezca las relaciones armoniosas entre los mismos ciudadanos y entre los ciudadanos y el ambiente.
Los dos bastiones de la paz -dijo- son la caridad y la justicia; “una sociedad no podrá gozar de paz cuando se irrespetan los derechos más fundamentales como la vida y la libertad, ni cuando el ordenamiento social se orienta a favorecer injustamente a personas o grupos particulares en detrimento del bien común”.

Ceremonia en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles. Foto: Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles.
Las amenazas a la dignidad e integridad del ser humano
Los obispos hablaron de las situaciones que “amenazan la dignidad e integridad del ser humano, la familia, la convivencia pacífica, el diálogo social y, por lo tanto, la consecución de una paz auténtica y verdadera“.
Entre las preocupaciones de los obispos se encuentran: “una drástica y alarmante disminución de la natalidad”; la insistencia de algunos colectivos por la legalización del aborto y las iniciativas de ley que pretenden legalizar la eutanasia en Costa Rica.
Asimismo, aseguraron que la sociedad “se está desangrando ante la criminalidad y la violencia. El año 2025 cerró con un total de 873 homicidios… la causa del delito para el 70% de estos homicidios es el ajuste de cuentas y la venganza”.
Esperanza en el entusiasmo del pueblo de Dios por celebrar la fe
Los obispos también hablaron de un “detrimento en la calidad educativa nacional. En los últimos años se ha venido repitiendo que Costa Rica enfrenta una grave crisis educativa, al punto de sufrir actualmente un rezago académico alarmante”.
Pese a esos problemas, los obispos manifestaron que el anuncio de Jesucristo es “nuestra única esperanza… En las comunidades cristianas se percibe con esperanza el entusiasmo del pueblo de Dios por celebrar la fe, el compromiso de sentirse parte de una porción de la Iglesia”.
“Nuestra acción pastoral es, por lo tanto, un signo de esperanza y de compromiso con la auténtica paz… Miramos con esperanza el acercamiento y la profundización de la sinodalidad en nuestras comunidades en clave de discipulado misionero para una Iglesia en comunión, participación y misión”, añadieron.
“Nuestro Señor Jesucristo, fuente de paz”
El episcopado apuntó que el amor de Jesús y “la respuesta que cada uno de nosotros realiza es el principio unificador y pacificador de nuestro pueblo. De esta forma, para anunciar, comunicar y compartir a Nuestro Señor Jesucristo fuente de paz y transformación social”.
Asimismo, motivamos a todos los bautizados a fortalecer y compartir “esta cultura del diálogo fraterno, el respeto y la amabilidad para forjar pacientemente la paz social”.
En lo que se refiere al Gobierno de la República le urgieron a mejorar la calidad de la educación costarricense fortaleciendo su carácter humanista tan cercano a la inspiración cristiana de la educación.