La visita de León XIV a la prisión catalana de Brians 1 tiene un significado especial para Mónica Gaetano. Y es que esta brasileña cumplió allí seis años y ocho meses de condena y hoy, convertida en voluntaria de la Fundación Obra Mercedaria, acompaña a mujeres que atraviesan situaciones similares a la que ella vivió. Por eso, cuando piensa en el encuentro que el Papa mantendrá con los internos, asegura que va mucho más que una visita institucional.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Para ella, “es una manera de rescatar a personas que ya no creen en nada”. La historia de Gaetano comenzó en 2008, el día que llegó a España desde Brasil transportando lo que pensaba que eran placas electrónicas. “Sabía que traía algo ilegal, pero no tenía ni idea de que era droga”, recuerda en un perfecto español.
No comprendía lo que pasaba
Sin embargo, en los controles de seguridad del aeropuerto le hicieron el test de drogas y, allí mismo, sin entender nada de lo que estaba pasando, fue detenida. “En mi país había trabajado como locutora de radio, había pasado por la televisión, había sido asistente de producción y contaba con estudios de química industrial”, relata a Vida Nueva.
Un período difícil le hizo venir a España con aquella maleta, pero lo que encontró fue algo mucho peor de lo que esperaba. “Caí en una depresión”, asegura. A esa situación se sumó una dificultad añadida: no hablaba español. “Si adaptarse a una cárcel ya es complicado, entender las rutinas, los tiempos y demás, sin saber el idioma, es completamente imposible”, explica.
Sin embargo, reconoce que llegó a Brians 1 con una imagen muy distinta de lo que iba a encontrar por lo que había visto en televisión de lo que era las cárceles brasileñas, con decenas de personas hacinadas en la misma celda. Por lo que, al descubrir que la realidad de las cárceles en España es muy diferente, no podía evitar pensar que vivía casi “un lujo” por tener cosas tan cotidianas como agua caliente o una cama.
El padre Jesús Roy y los voluntarios de la Obra Mercedaria
La carga emocional de la falta de libertad y del sentimiento de injusticia seguían ahí, pero en medio de aquel escenario aparecieron el padre Jesús Roy, capellán del centro, y los voluntarios de la Obra Mercedaria, algo que, para Gaetano, “fue una gran luz”. Una voluntaria portuguesa comenzó a ayudarla a comunicarse y, poco a poco, encontró una red de apoyo que le permitió afrontar los primeros meses.
“Me ayudaron con tarjetas de teléfono para llamar a mi familia, con cosas básicas que necesitas cuando llegas y no tienes nada”, rememora. Pero, si hay algo que recuerda, es la gratuidad de aquella ayuda. “El padre Jesús siempre estaba preocupado por traer noticias de fuera, por saber si necesitábamos algo”, afirma. “Y eso era para todo el mundo. Daba igual que fueras a misa o no”, añade.
Encontrar aquella cercanía en medio de la cárcel terminó teniendo también consecuencias en su vida espiritual, ya que, aunque siempre había sido creyente, la prisión provocó una crisis profunda. “Lo primero que haces es echarle la culpa a Dios”, reconoce. Y continúa: “Piensas: ‘Si yo creía, si yo rezaba, ¿por qué no me libró de esto?'”.
No puedes poner toda la culpa en Dios
De hecho, recuerda aquel momento como una ruptura. “Era como una pelea de amigos. Te enfadas, dejas de hablarle, no quieres saber nada más”, explica. Aunque, con el tiempo, llega la reconciliación: “Hay un momento en el que entiendes que no puedes poner toda la culpa en Dios”.
Casi siete años después, Gaetano salió de la cárcel. Perfeccionó el español e incluso trabajó dentro de la prisión, para, al salir, reconstruir poco a poco su vida. Hoy reside en España, está casada y continúa vinculada al ámbito penitenciario: “Lo que hicieron por mí, de corazón, quiero hacerlo por otras personas”.
Ahora, con la visita del Papa al lugar que cambió su vida, Gaetano vuelve una y otra vez a la misma idea: la esperanza. Para ella, que León XIV cruce esas puertas es todo “un signo de esperanza”. “Espero que sus palabras toquen los corazones de personas que están equivocadas, como yo misma estuve. Espero que puedan acercarse nuevamente a Dios”, subraya.
