La Diócesis de Chilpancingo-Chilapa llevó alrededor de seis y media toneladas de ayuda a los desplazados de comunidades de la Montaña Baja, del municipio de Chilapa, estado de Guerrero, que a principios de mayo se vieron obligados a dejar sus casas ante la violencia ocasionada por grupos criminales.
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Agradeció la solidaridad de Cáritas, parroquias, comunidades, bienhechores y personas de buena voluntad con las víctimas de desplazamiento, a quienes entregaron víveres, artículos de limpieza, medicamentos y apoyos de primera necesidad.
En sendos comunicados de fecha 20 y 21 de mayo, esta Iglesia particular -dirigida por su obispo José de Jesús González– detalló que la ayuda representa no solamente apoyo material, “sino también el testimonio de una Iglesia que quiere permanecer cercana al sufrimiento de su pueblo”.
“Continuar sumando esfuerzos solidarios”
Señaló que si bien “ninguna ayuda material puede borrar completamente el dolor de dejar atrás la tierra, la casa, los recuerdos y la tranquilidad de la vida cotidiana… deseamos que cada gesto solidario sea también un signo de cercanía, fraternidad y esperanza”.
No obstante -dijo- “las necesidades continúan siendo grandes. Muchas familias siguen requiriendo alimentos de la canasta básica, productos de higiene personal, medicamentos y diversos artículos esenciales para enfrentar esta difícil situación”.
En ese sentido, llamó a las personas a “continuar sumando esfuerzos solidarios en favor de quienes más lo necesitan. Cualquier apoyo pueden entregarlo en cualquiera de las parroquias de la diócesis, el seminario o directamente en la parroquia de La Candelaria, Atzacualoya”.
Acompañamiento pastoral y humanitario a las familias afectadas
La Diócesis de Chilpancingo–Chilapa externó su “compromiso de seguir acompañando pastoral y humanitariamente a los afectados. Queremos caminar junto a ustedes, escuchar sus necesidades, compartir sus preocupaciones y sostener la esperanza de que tiempos mejores pueden llegar“.
“Jesucristo nos enseñó a permanecer cerca de quienes sufren y a no ser indiferentes ante el dolor humano. Por eso hoy queremos acercarnos humildemente a ustedes para decirles que cuentan con nuestra oración, nuestra solidaridad y nuestro acompañamiento“, agregó.
“La Iglesia que peregrina en la Diócesis de Chilpancingo–Chilapa lleva en el corazón el sufrimiento de cada familia que ha tenido que abandonar su hogar, separarse de su comunidad o vivir en medio del miedo y la preocupación… Dios fortalezca sus corazones, proteja a sus familias y conceda paz a nuestra tierra”.
Una Iglesia que escucha y acompaña
Una de las comunidades beneficiadas con la ayuda es Xicotlán, atendida pastoralmente por el presbítero Aristides Iglesias, párroco de La Candelaria, en Atzacualoya.
La Iglesia reiteró que “cada apoyo entregado representa el cariño, la preocupación y la oración de muchas comunidades que desean hacerse cercanas al dolor de quienes atraviesan esta situación”.
Señaló: “Jesucristo nos enseñó a caminar junto a quienes sufren y a no ser indiferentes ante el dolor humano. Por ello, queremos seguir siendo una Iglesia que escucha, acompaña y sostiene la esperanza de su pueblo”.
Necesario “visibilizar la realidad de las familias desplazadas”
Por otro lado, el sacerdote José Filiberto Velázquez, perteneciente a esa diócesis, expresó en sus redes sociales que su visita a Washington, realizada esta semana, tuvo como objetivo “visibilizar la realidad que viven las víctimas, las familias desplazadas y las comunidades afectadas por la violencia”.
Aclaró que su actuación en ese país “se encuentra enmarcada en el derecho nacional e internacional; mi trabajo se sustenta en los tratados internacionales y en los mecanismos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, instrumentos creados para la protección de las personas y las víctimas”.
“Mi labor como sacerdote, defensor de derechos humanos y abogado seguirá siendo acompañar a quienes sufren, tocar las puertas necesarias y levantar la voz donde haga falta para buscar justicia y paz”, añadió el sacerdote.
