La Diócesis de Chilpancingo–Chilapa aseguró su compromiso pastoral y humanitario con las familias de la Montaña Baja, en Guerrero, cuyas casas fueron quemadas presuntamente por el crimen organizado, lo que ocasionó su desplazamiento y posterior intervención del gobierno para garantizar la seguridad.
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Esa Iglesia particular se disculpó públicamente, sobre todo con esas familias (al menos 120 personas), luego de que recientemente el canciller diocesano, Jorge Amando Vázquez, señaló que las víctimas en algunos casos podrían ser los victimarios: “las víctimas no siempre son víctimas”.
Manifestó que “algunas expresiones pronunciadas… fueron desafortunadas y pudieron herir la sensibilidad de personas y comunidades que viven esta compleja realidad. Por ello, expresamos nuestras más sinceras disculpas a las personas y comunidades que fueron lastimadas por estas expresiones”.
La Iglesia “jamás debe convertirse en motivo de mayor dolor”
En un comunicado de la diócesis que encabeza el obispo José de Jesús González, se destacó que “la Iglesia reconoce con profundo dolor la difícil realidad que atraviesan numerosas familias de la Montaña Baja y de otras regiones, particularmente aquellas que han tenido que abandonar sus hogares”.
Añadió que duele la realidad de las personas que viven “en medio del miedo, perder bienes materiales, sufrir la ruptura de la vida comunitaria o experimentar incertidumbre frente a la violencia que lastima a nuestros pueblos”.
La Iglesia -señaló la diócesis- “jamás debe convertirse en motivo de mayor dolor para quienes sufren. Nuestra misión es acompañar, escuchar, consolar y defender la dignidad humana, especialmente de quienes viven situaciones de vulnerabilidad”.
Una Iglesia cercana al sufrimiento de nuestro pueblo
Asimismo, manifestó que “ninguna persona que experimente miedo, desplazamiento o sufrimiento debe sentirse descalificada o abandonada por la Iglesia. El Evangelio nos llama a mirar el dolor humano con compasión y cercanía”.
La Diócesis Chilpancingo–Chilapa se comprometió a “mantener y fortalecer sus acciones de acompañamiento a las víctimas, ayuda humanitaria, escucha, reconciliación y construcción de paz, siempre desde el respeto irrestricto a la dignidad de toda persona”.
“En medio de las heridas que atraviesa nuestra tierra guerrerense, queremos seguir siendo una Iglesia cercana al sufrimiento de nuestro pueblo, una Iglesia que escucha, que acompaña y que trabaja por la paz y la esperanza”, añadió.
