Pliego
Portadilla del Pliego, nº 3.454
Nº 3.454

El legado de Francisco al año de su muerte

¿Cuál es la clave fundamental para entender al papa Francisco?

Su mirada a la Iglesia y a la humanidad. Para él, era lo mismo que mirar a una persona: una mirada de amor, que acoge, acompaña, integra… Es una mirada que cuida, que salva…, con esa finura del amor propia del buen médico, o del buen enfermero: que cura, que no venda las heridas sin haberlas cuidado, pero tampoco hurga en ellas, y, sobre todo, que consuela.



¿Qué se ha entendido peor –o de forma más superficial– de su pontificado?

Su apertura, su rechazo a todo tipo de moralismo que, juzgando a los demás, descarte a las personas de cualquier forma. En la sociedad de hoy, y en la Iglesia de hoy, sigue habiendo muchos prejuicios para con algunas personas que se escapan de normalizaciones que, por otro lado, son ya muy viejas y deberían estar superadas. Lo que no se ha entendido es su mirada profundamente evangélica, por la que “todos, todos, todos” pueden formar parte de la gran familia de la Iglesia.

Francisco Reflexivo 1

Sin duda, se ha ofrecido una lectura fragmentada o ideologizada de sus palabras y gestos. Tal vez, mucho más que con ningún otro papa contemporáneo. Por su claridad, por su rotundidad, por su sinceridad, por no medir las consecuencias, porque en la denuncia del mal y en la proclamación del bien no hay matices que valgan. Quizá sea el Papa contemporáneo que menos se ha dejado aconsejar por los asesores curiales del Vaticano, hiperprudentes e hiperprecavidos.

¿Qué elementos indiscutibles forman parte ya de su legado?

La imagen de la Iglesia de nuestro tiempo como un hospital de campaña, la doble conversión pastoral de los espacios eclesiales (la travesía hacia las periferias) y de los procesos eclesiales (la travesía hacia la sinodalidad), y, en tercer lugar, la libertad absoluta ante los poderosos del mundo, que le permitía decirles las verdades con una claridad no insultante, por su puesto, pero sí inesperada, indisimulada y contundente.

¿Por qué el papa Francisco generó tantas reacciones encontradas dentro y fuera de la Iglesia?

Él nunca las buscó. Algunos le achacan, aún hoy, que su lenguaje claro, conciso y, a veces, contundente –unido a su personal forma de ejercer su espontaneidad–, no solo no frenaron, sino que de algún modo provocaron esas reacciones. Aunque, por otro lado, en realidad no fueron entre unos grupos y otros, sino entre algunos grupos y él. Pero no fue así.

Papa Francisco

Ese talante y esa transparencia tan suyos sí sirvieron, sin embargo, para que no tuvieran ningún éxito en el intento de tergiversar y manipular su magisterio, siempre más fácil cuando el que es objeto de este tipo de maniobras del engaño tiene un discurso más comedido, más complejo, más matizado o con menos impacto permanente en la opinión pública.

Algo que, sin duda, tuvo Francisco, por ser comunicativamente tan universalmente comprensible y tan incisivamente provocativo. Jorge Mario Bergoglio no tuvo menos enemigos “ideológicos” que los papas precedentes. La diferencia es que con él fueron más agresivos, y contra él invirtieron muchísimo más dinero para calumniarlo, porque no había manera de trasladar a la opinión pública una imagen y un discurso distorsionado y manipulado de sus mensajes.

Con respecto a los pontificados anteriores a Francisco, ¿hay continuidad o novedad?

Entre san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, se da una perfecta “continuidad en la novedad” y, al mismo tiempo, una no menos auténtica “novedad en la continuidad”.

¿Cuáles serían las claves de esa “continuidad en la novedad”?

En primer lugar, es el legado de un Papa “destronado”, llano, natural, que, como sus precedentes inmediatos, renunció clara, expresa y rotundamente no solo a los honores y prebendas del pontificado de otras épocas, sino a todo signo de boato y distinción.

De Juan XXIII a Francisco

Desde san Juan XXIII, cada uno de los pontífices fue liberándose de todo tipo de tradiciones, adornos y gestos: san Juan XXIII, de una pose principesca, para convertirse en el párroco del mundo, campechano y desenfadado.

San Pablo VI, despojado del formalismo clerical y del lenguaje eclesiástico. ¿Fue providencial que no fuera educado en un seminario de la época? San Juan Pablo II, de todo hieratismo y compostura, se mostró espontaneo y desafiante.

Papa Francisco 1

Benedicto XVI, aunque un poco barroco como buen bávaro, decretó la extinción de todos los títulos nobiliarios del papado.

Y Francisco, es verdad, en esto fue radical e intransigente: ya en la misa de inicio de su ministerio pontificio, no quiso ponerse la casulla engalanada que tenía preparada, sino una suya de lana sin adorno alguno, en un llamativo contraste con la que llevaban todos sus concelebrantes.

Un Papa misionero

En segundo lugar, es el legado de un Papa misionero con una mirada universal: que mira a la Iglesia que vive para la misión, y que mira a la humanidad más allá de la Iglesia, llamada a la fraternidad universal, en la que caben todos los pueblos, todos los credos, todas las culturas, todos los hombres.

Papa Francisco

Esta mirada ya la tenían sus predecesores. Cada uno a su manera, con sus prioridades y modelos propios de llevarlo a cabo: para san Juan XXIII y san Pablo VI, era la Iglesia ‘aggiornada’ por el Concilio, y volcada al diálogo con el mundo de hoy. Para san Juan Pablo II, la Iglesia que necesitaba de una Nueva Evangelización, en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones. Para Benedicto XVI, una Iglesia “atrio de los gentiles” que sentase en la misma mesa a creyentes y no creyentes para buscar juntos la verdad, el bien y la belleza del ser humano.

Un Papa conciliar

En tercer lugar, es el legado de un Papa conciliar. Desde que san Juan XXIII convocase el Concilio Vaticano II, para “dejar que entrara aire fresco en la Iglesia” y, sobre todo, desde que san Pablo VI clausurase el Concilio Vaticano II, inventando la fórmula de las asambleas sinodales para darle continuidad formal, tanto san Juan Pablo II como Benedicto XVI y Francisco fueron entusiastas convencidos y comprometidos con la gran reforma conciliar, que cambió el modo de mirarse la Iglesia a sí misma y de mirar al mundo actual. (…)

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Índice del Pliego

EL PAPA FRANCISCO: SU APORTACIÓN

EL PAPA FRANCISCO, PROFETA DEL DIOS MISERICORDIOSO

EL GRAN SUEÑO DEL PAPA FRANCISCO: UNA IGLESIA SINODAL Y “EN SALIDA”

EL PAPA FRANCISO, PROFETA DE LA FRATERNIDAD UNIVERSAL