El primer día de León XIV en Madrid, tras pasar por el Palacio Real y visitar un proyecto de Cáritas para personas vulnerables, se ha cerrado con una vigilia de oración con cientos de miles de jóvenes en la Plaza de Lima, frente a Estadio Santiago Bernabéu.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Qué duda cabe de que este 6 de junio era un ‘supersábado’ en la capital, coincidiendo todo tipo de eventos multitudinarios: la Feria del Libro en Retiro, otro concierto más de Bud Banny en el Metropolitano, toros en el ciclo isidril de Las Ventas (hoy hacían el paseíllo Morenito de Aranda, Fernando Adrián y Román) y el tercer y definitivo encuentro de cuartos de la ACB de baloncesto entre el Real Madrid y el Tenerife, en el Madrid Arena.
Una riada humana venida de toda España
Por si fuera poco, a las puertas del Santiago Bernabéu (en la víspera, por cierto, de las elecciones presidenciales en el club blanco), una riada humana venida de toda España se había dado cita para bailar, cantar… y escuchar a Robert Prevost.
El recinto se abría a las cuatro de la tarde, pero desde horas antes ya había muchísima gente en las calles aledañas a La Castellana, aguantando tórridas temperaturas con buen humor… y oración.
Entre los muchos habían llegado desde distintas partes de todo el país estaban los 60 parroquianos de Los Boliches, barrio de la localidad madrileña de Fuengirola, que llegaron en autobús casi a la medianoche. Allí les esperaban decenas de voluntarios de la Parroquia de San Juan Bautista, en Arganda del Rey (Madrid), que les acogerán estas horas.
Ya anoche, los adultos durmieron en un hotel del municipio y los más jóvenes lo hicieron en el centro parroquial. Esta mañana, cuando se han levantado, además del desayuno y la comida preparada por sus huéspedes, tenían un regalo muy especial: una visita guiada por el pueblo. A continuación, todos han asistido a la misa de envío, junto a los fieles de las tres parroquias argandeñas.
Pasan la noche en parroquias de la capital
Por la tarde, los adolescentes han venido a participar en la vigilia junto a muchos fieles de Arganda. Como han contado a Vida Nueva, nada más concluir en encuentro con el Papa, pasarán la noche en otros templos de Madrid que abrirán sus puertas para ellos y, mañana, estarán a primera hora para asistir a la eucaristía de León XIV en Cibeles.
Laura García y Félix Moratilla, dos de los voluntarios argandeños, expresan a esta revista que “es la segunda vez que ofrecemos este servicio, pues ya lo hicimos en la JMJ de Madrid en 2011. Aunque es cierto que esta vez está siendo muy especial porque acogemos en nuestra parroquia a quienes vienen de Fuengirola”.
En ese sentido, “han sido días de preparaciones para que nuestros hermanos se sientan como en casa en nuestra parroquia. En todo momento hemos buscado lo mejor para ellos”.
También han ayudado a organizar la propia peregrinación de los argandeños, que son más de 300 y de todas las edades, desde niños muy pequeños a personas ancianas. Como admiten Laura y Félix, “nos ha llevado a algún que otro quebradero de cabeza, pero estamos muy felices de servir a nuestros paisanos”.
Un anhelo para estos días: que verdaderamente alcemos la mirada
Finalmente, ellos mismos también tienen un anhelo para estos días: “Esperamos que las palabras del Papa llenen los corazones de la gente. La sociedad necesita escuchar y poner en práctica todas y cada una de las palabras del Pontífice. Ojalá que no quede solo en el protocolo, metros cortados o eventos al sol… Que verdaderamente alcemos la mirada y encarnemos la vida de un cristiano”.
En cuanto a la vigilia, los actos en sí han dado comienzo a las seis y media, con diferentes testimonios en clave creyente y actuaciones musicales.
Dos horas antes de la llegada del Papa ante el altar, venía paseando por debajo de la zona de coro el arzobispo emérito de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela. En una breve conversación con Vida Nueva, el purpurado, que organizó la visita de Joseph Ratzinger en 2011, ha valorado “que, con su presencia aquí, León XIV nos invita a seguir la gran tradición católica de España”.
Mientras actuaban Antonio José y el grupo Siloé, esta revista también podía saludar a Adolfo Sosa Márquez, sacerdote venezolano que lleva en España más de una década, “por la compleja situación en mi país”. De hecho, precipitó la salida de su tierra “un ataque salvaje a nuestro templo, que fue profanado, salvándonos la vida un pastor evangélico”.
Se considera un misionero digital”
Religioso eudista, se considera “misionero digital”, formando parte del equipo Red del Papa, dedicada a difundir los mensajes de León XIV en el ámbito virtual. Además, encarna su misión pastoral en su día a día, “desde la raíz de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio”.
En su vocación fue clave “lo vivido precisamente en Madrid en 2011, cuando nos visitó Benedicto XVI. Entonces era seminarista y me había ordenado diácono, pero me faltaba un último empujón para consagrarme sacerdote. El tormentón de Cuatro Vientos, frente al que el Papa nos dejó un mensaje de centralidad en la Eucaristía que se simbolizó con su imagen sosteniendo el Santísimo, me tocó el corazón y fue decisivo en su consagración”.
Por último, nos revela que ya conoce a Prevost… Algo que hizo en una circunstancia sin duda especial: “”En el cónclave del año pasado, en los días previos, pude acompañar como asistente al cardenal emérito de Caracas, Baltazar Porras.
Hasta que, al fin, a las ocho y media, ha llegado el momento más esperado: Robert Prevost ha hecho su aparición en el papamóvil, despertando el clamor de La Castellana. El júbilo de todos los presentes fue máximo cuando llegó al escenario.
Tres grandes referentes
En su intervención, el Pontífice agustino, que ha contado entre algunos de sus grandes referentes en la fe a san Juan Crisóstomo y a los españoles santo Tomás de Villanueva y santo Toribio de Mogrovejo, se ha detenido con mucho cariño en el último, quien, “en el siglo XVI, fue misionero en Perú”.
En el país de adopción del primer Papa estadounidense de la Historia, santo Toribio “se dedicó con gran celo a la evangelización de los indios, estudiando las lenguas locales”. Además, “unió una intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente a los abusos y la corrupción de su época. Por eso, para mí es un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo”.
Palabras que han calado en muchos de los presentes. Como cuando ha destacado que, en sus años de misionero y obispo en Perú, “recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza. Precisamente el encuentro con las heridas y las alegrías del pueblo me hicieron crecer en el camino del seguimiento de Jesús”.
Y es que, “mientras lo anunciaba, también yo era transformado por el Evangelio, experimentando que la palabra del Señor lleva paz donde hay conflicto y se convierte, para todos, en fuente de reconciliación y de justicia”.
Llenos de esperanza
Un mensaje clave, el que aúna esperanza y compromiso con el otro, especialmente cuando sufre, que han tenido una gran resonancia entre tantos jóvenes con dificultades para atisbar un futuro más o menos estable…
Aunque, seguramente, el momento central de lo vivido esta tarde-noche a las puertas del Bernabéu ha sido cuando el Papa ha apuntado que, “para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, que favorece la atención y el recogimiento. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer”.
Una defensa del silencio por la que, “al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”.
En consonancia con el discurso papal, ese momento ha sido vivido con un especial recogimiento de todos los presentes. Pero nada comparable como el momento que ha seguido a la intervención papal: una adoración eucarística que ha aunado belleza, solemnidad, hondura y silencio, mucho silencio.
En el momento culminante, el coro, situado en la parte izquierda del altar y conformado por decenas de cantantes y músicos de toda edad y condición (consagradas incluidas), ha emergido al cielo de Madrid el ‘Majestad’: “Cristo murió, resucitó y de reyes es rey”.
A la conclusión del acto, volverían la música, los cánticos, la alegría desbordante… Justo antes de que los obispos abandonaran el recinto por el lado del coro y con los fuegos artificiales haciendo retumbar La Castellana entera.
Pero, en muchos, mientras ahora duermen en el suelo de alguna parroquia madrileña, esa llamada del Papa en a vigilia late con fuerza: silencio, silencio, silencio… Y más ante la certeza de que “Dios conoce bien vuestra voz: Él os escucha y os responderá”. ¿Podría ser de otro modo si “nos ama con todo su ser”?
Como hace 14 años, cuando, mientras caía un segundo Diluvio Universal sobre Cuatro Vientos y era Benedicto XVI el que en Madrid se presentaba como el sucesor de Pedro, levantando la custodia y despertando un silencio impactante, hoy ha sido Prevost el que ha ofrecido a los jóvenes una ‘receta’ que parece ir a contracorriente: el “discernimiento”.
Liberar el corazón y ‘estar’ nosotros mismos ante el Señor
Y es que, en actitud orante, este se eleva como el camino a la felicidad para un cristiano: “La adoración eucarística, que esta noche compartimos, es precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y ‘estar’ nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para la humanidad”.
Silencio, discernimiento, esperanza, comunidad, dignidad… Sí, parece que para León XIV hay alternativa al “cansancio” que a todos nos abruma en un tiempo de aceleración y soledad.
Así, “ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva. La misión que os confío es precisamente ésta: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos! Hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables”.
“¡Vosotros podéis cambiar la historia! Hacedlo con amor”. León XIV en Madrid, 6 de junio de 2026.
