Es imposible guardar silencio cuando llueve sobre mojado una y otra vez. Es imposible guardar silencio cuando las víctimas de abusos en la Iglesia se ven humilladas por decisiones que, más que jurídicas, parecen un recurso para frenar procesos que una vez abiertos a saber qué saldría.
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El mes de abril, que nos ha traído la alegría de la resurrección, también nos está dejando una larga lista de decepciones y sinsentidos para las víctimas de abuso en la Iglesia.
La Conferencia Episcopal Polaca ha decidido que sí escuchará a las víctimas, pero no habrá investigación (aunque se han apresurado a dejar claro que, la diócesis en la que Juan Pablo II fue arzobispo no hay víctimas…). La Conferencia Episcopal Portuguesa, después de haber aprobado las indemnizaciones para las víctimas, estas se ven recortadas en un 50%.
Todo esto, cuando todavía estábamos intentando respirar después de saber, más bien confirmar, que el Vaticano sabía y tapaba los abusos desde hacía más de 100 años, a través de la investigación llevada a cabo por cinco periódicos de otros tantos países.
El “caso Zornoza”
Y como siempre estamos ante la penúltima sorpresa, ahora resulta que después de la impecable investigación del Tribunal de la Rota, alguien del Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha decidido archivar el “caso Zornoza” por un tecnicismo legal. Increíble, pero cierto. La decisión de archivar la causa contra el obispo Zornoza, que había llegado allí porque el Tribunal de la Rota vio indicios más que claros en la investigación que llevó a cabo, huela mal, muy mal. La víctima, cuyo caso había prescrito para la ley civil, solo aspiraba a que se reconociesen los hechos ocurridos. Agarrarse a un tecnicismo sobre la edad de la víctima como motivo para archivar el proceso tiene tufo a tapar algo en toda regla.
Esto vuelve a ser jugar con las víctimas, despreciarlas y, lo que es peor, enviar un mensaje que para muchas personas solo tiene una lectura: La impunidad de los obispos. Porque este no es el primer caso en el que se opta por el archivo de una causa cuando el demandado es un obispo. Ya hubo otro caso de estas características en España.
Hay que dar algo de tiempo para que la indignación salga, para que el subidón de asco, rabia, y nausea se apacigüe, para entender que no hay que dejar de seguir denunciando, que no podemos permitir que las víctimas crean que no hay remedio, sobre todo si el agresor ha llegado a obispo. Una vez calmados, en la medida de lo posible, los ánimos indignados y asqueados y visto lo visto, y llevamos viendo muchas, cabe pensar porque nos dan pie a ello y hacernos algunas preguntas.
¿Es el tecnicismo invocado por Doctrina de la Fe la razón verdadera para el archivo del “caso Zornoza”? ¿Pudiera ser que, de seguir adelante Doctrina de la Fe, fuera ineludible implicar a otras personas, aunque fuera por encubrimiento? ¿Pudiera ser que en Doctrina de la Fe siga imponiendo mucho respeto (falso) una persona mitrada?
Las tres vías de actuación de León XIV
En todo caso, lo que no podemos hacer es caer en el derrotismo de que esto es lo que hay. En este momento hay tres vías posibles. Es decir, ahora todo está en manos de León XIV, o dicho de manera más castiza, le han pasado la patata caliente al Papa. Haga o no haga -que espero que hará- la responsabilidad será suya. Y esto, a poco más de un mes de su visita a España, que es donde sucedieron los hechos.
Hacer lo que se ha hecho desde Doctrina de la Fe, sea quien sea, es ser torpe o ser torpe, se mire como se mire. Es pegarse un tiro en el pie y ya lleva muchos la Iglesia. Que lo haga queriendo, no creo, pero si lo hace sin darse cuenta es mucho más preocupante. Porque la sensación, al final, es la de siempre: Se haga lo que se haga y según quien lo haga, aquí no pasa nada.
Sabemos que el corporativismo clerical juega en contra de las víctimas, pero no podemos olvidar que la Iglesia no son solo los obispos o quienes trabajan en Doctrina de la Fe. Somos todos y que las víctimas no se sientan solas y abandonadas, es tarea de todo el pueblo de Dios. Que la realidad de los abusos no es atractiva y, para muchas personas repulsiva, es cierto, pero por ello no podemos guardar silencio.
León XIV saluda a Rafael Zornoza. Foto: Vatican Media
Igual que durante mucho tiempo se sembró la sospecha contra las víctimas, sinceramente creo que, ahora, hay que poner la misma fuerza y empeño (que hubiera sido necesario desde el principio) en una labor de concienciación dentro de la propia Iglesia de lo que supone la lacra de los abusos, de la ineludible puesta en práctica de la cultura del cuidado y, también, una muy mejorable gestión y comunicación cada vez que un caso sale a la luz.
¿Todavía hay quién pueda creer que no es necesario y urgente un profundo giro en esta cuestión y un cambio en unas leyes que cada vez demuestran con más claridad que no funcionan? No hacerlo será otro tiro en el pie. Avisados estamos. Todos.