Johan Bonny: “Espero que León XIV dé el paso para ordenar sacerdotes casados”

Obispo de Amberes

Habrá sacerdotes católicos casados en menos de dos años. Al menos, así lo anunciaba el obispo belga Johan Bonny en su carta pastoral ‘Implementación del proceso sinodal en la diócesis de Amberes’, publicada a finales de marzo, y en la que asegura que, en los próximos años, hará “todo lo posible” para identificar candidatos y prepararlos para su ordenación a partir de 2028. Tal como ha explicado a ‘Vida Nueva’, el pastor de una diócesis que ha perdido más del 90% de sus curas en activo, ordenar a hombres casados sería una respuesta al descenso en el número de hombres dispuestos a mantener el celibato para convertirse en sacerdotes. Una propuesta que, si bien podría resultar polémica, no quiere “llevar adelante solo”, sino de la mano del Vaticano.



PREGUNTA.- ¿Cómo es hoy la situación de la diócesis de Amberes? ¿Cuál es su realidad en términos de sacerdotes y vocaciones?

RESPUESTA.- Estamos en Bélgica, que desde hace siglos es un país mayoritariamente católico, como Francia, España o Italia, con una gran mayoría de población católica. A diferencia de países como Holanda, Inglaterra o Alemania, donde la mitad es católica y la otra mitad protestante, aquí prácticamente todo fue católico. Existen pequeñas minorías no católicas –protestantes, ortodoxas–, pero son minoritarias. La diócesis de Amberes es una gran diócesis, probablemente la mayor de la parte norte del país, Flandes. Históricamente, hasta hace 40 o 50 años, tenía unos 1.500 sacerdotes activos: aproximadamente 1.000 diocesanos y unos 500 religiosos –jesuitas, dominicos, franciscanos, agustinos, norbertinos o espiritanos–.

Obispo de Amberes

Estas congregaciones tenían comunidades muy activas: los sacerdotes estaban en parroquias, predicaban, confesaban, y también había muchísimos en las escuelas. Hoy la situación es completamente distinta. Hemos perdido más del 90-95% de ese número. Donde antes había 20 sacerdotes, ahora queda uno o uno y medio. Actualmente tenemos unos 100 sacerdotes activos menores de 70-75 años. Hay unos 150 más, pero tienen entre 80 y 90 años, por lo que ya no están en activo. De esos 100, algunos están enfermos, así que realmente activos hay unos 80. La mitad son extranjeros y la otra mitad del país. Eso significa que hemos pasado de 1.500 a unos 30 o 40 sacerdotes autóctonos activos en parroquias. Hay regiones enteras de 60.000, 70.000 u 80.000 personas con un solo sacerdote y extranjero.

Iglesia misionera

P.- ¿Qué implica esta situación en la vida diaria de la Iglesia?

R.- Implica que ya no es posible vivir una Iglesia misionera como antes. Un sacerdote no tiene tiempo para visitar a los enfermos, ir a hospitales, acompañar a jóvenes, recién casados o ancianos. Tampoco para dialogar con quienes dudan o buscan: preguntas como “¿existe Dios?” o “¿quién es Jesús?” quedan sin espacio. Porque, aunque no están completamente solos –cuentan con equipos de laicos o algún diácono permanente–, todo su tiempo se va en la administración o en la celebración de algunos sacramentos: misas, funerales… De hecho, aquí muchos funerales ya los presiden laicos. Hemos tenido que reducir, reducir y reducir, hasta llegar al mínimo. Y algo tiene que cambiar.

P.- ¿Por qué es necesario ese cambio?

R.- Porque somos una Iglesia sacramental. A diferencia de las iglesias protestantes, que son más una Iglesia de la Palabra, en la Iglesia católica el acento está en los sacramentos. No es una oposición absoluta, pero sí una diferencia de enfoque. Y para celebrar los sacramentos y preparar a la gente necesitamos sacerdotes. La naturaleza de la Iglesia está cambiando poco a poco, y hay que decirlo: la cuestión de ordenar hombres casados lleva sobre la mesa 20 o 30 años. Recuerdo que en 1971 hubo un Sínodo en Roma en el que el papa Pablo VI planteó cuatro preguntas sobre la ordenación de los ‘viri probati’ (hombres casados). Hubo una minoría importante a favor, pero la mayoría no, y el tema quedó ahí. Si hoy pudiéramos retomar esas preguntas en las conferencias episcopales, ayudaría a salir del estancamiento actual. Porque este status quo es solo teórico: en la práctica significa una disminución constante de sacerdotes.

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