Tribuna

Triduo Pascual: un viaje espiritual al corazón del misterio de Jesús

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En este tiempo de cuaresma, atravesamos un tiempo especial de meditación, reflexión, desierto, encuentro con nosotros mismos, lecturas que tocan el corazón… es el mismo sabor de la vida: de vivir momentos alegres y vivos, felices a momentos de fracasos, tristezas y los sinsabores que nos trae la misma vida.



Todo esto hace parte de la misma historia que se recrea en las celebraciones de cuaresma y nos preparan a re-vivirla (recrearla y “vivenciarla”) con el ritmo del corazón que se sintoniza en la liturgia de la semana santa: el Triduo pascual (Pasión, muerte y resurrección de Jesús).

Los latidos del corazón, los mismos movimientos de la respiración, nos conectan profundamente con los movimientos de la liturgia. Como es el caso de  la oración colecta de la misa, que vislumbra la cercanía de la fiesta de Pascua. Recordemos que la pascua, es el paso de la muerte a la vida o del pecado a la gracia.

Preparar la fiesta pascual

Es el tiempo recorrido en fe, es la preparación del banquete, es el aperitivo, algo así como una bebida o pequeño bocado consumido antes de la cena para estimular el apetito y socializar, marcando la transición al descanso; así mismo “que el pueblo cristiano se disponga con prontitud, con entrega generosa y con alegre fe para las próximas solemnidades” (Oración colecta).

Desde los inicios, la Iglesia ha comprendido, iluminada por el Espíritu Santo, que aquello que era visible de Jesús, lo que se podía ver con los ojos y tocar con las manos, sus palabras y sus gestos, lo concreto del Verbo encarnado, ha pasado a la celebración de los sacramentos (Cfr. León Magnus, Sermo LXXIV. De ascensione Domini II, 1).

La preguntas fundamentales serían: ¿El pueblo católico en general conocen los símbolos de la liturgia de la semana santa? ¿Los símbolos nos siguen hablando a un pueblo que no los conoce? ¿Nos interesan los símbolos de la semana santa? ¿Será para los que creen y tienen fe los signos sacramentales? ¿El pueblo creyente, sabe interpretar los símbolos hoy?

Triduo Pascual

La tarea es volver a lo fundamental

Así como la misma vida nos hace cuestionar, también nos hace volver a lo fundamental, a lo más importante de la semana santa, al Triduo Pascual, la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Pero, “…la tarea no es fácil, porque el hombre moderno es analfabeto, ya no sabe leer los símbolos, apenas conoce de su existencia” (Francisco. Desiderio Desideravi, sobre la formación litúrgica del pueblo de Dios (29/06/2022). Madrid: BAC-documentos, 2022. n. 44).

Con esto se da la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica, volver a recrear los signos y símbolos para hacerlos más “vivenciales” en las comunidades celebrantes, embellecer la liturgia (las celebraciones con preparación, decoro, sencillez, orden, armonía…), no es solo porque tengan arreglos bonitos y flores, en especial, a las comunidades parroquiales, que se piensa más en lo externo de la belleza, por eso, me gusta esa frase que nos ayudará a embellecer la liturgia en esta semana santa: “el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos” (R. Guardini. Liturgisch Bildung (1923) en Liturgie und liturgisch Bildung (Mainz 1992) p. 99). Esta tarea concierne a todos, ministros ordenados y fieles.

De la primera Pascua, nació la Iglesia

Recordemos a san Agustín y de los padres de la Iglesia, en el sentido que del costado de Cristo dormido nació la Iglesia: “Cuando llegaron a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas; pero uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua. Y el que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para que ustedes también crean” (Jn 19, 31-37; cfr. Núm 9, 12Sal 34, 20Zac 12, 10).

En el tratado de san Agustín sobre el evangelio según san Juan, 9, 10 nos dice: “Muere Cristo para que sea hecha la Iglesia. Una lanza perfora el costado a Cristo muerto, para que desciendan los sacramentos con que será formada la Iglesia”. (Cfr. Obras completas de San Agustín, XIII, Madrid (Bac)).

Del corazón de Jesús, broto sangre y agua

Pero el que salvó al mundo mediante la cruz dejó brotar sangre y agua de su costado traspasado (Jn 19, 34), para que unos, en tiempos de paz, fuesen bautizados con el agua, mientras otros, en épocas de persecución, fuesen bautizados con su propia sangre. Pues también el Salvador dio al martirio el nombre de bautismo al decir: “¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?” (Mc 10, 38).

Hoy, reconocemos que de su costado abierto, nacen los sacramentos, de su agua y sangre, el bautismo y la eucaristía. Recordemos a San Juan Crisóstomo, en las catequesis bautismales, VII, n. 18: “Lo mismo que entonces tomó Dios la costilla y formó la mujer, así también nos dio sangre y agua y de su costado -de Cristo- y formó la Iglesia”. (Trad. castellana: Argemiro Velasco, Madrid (Ciudad Nueva) 1995, p. 150).

Un relato pintoresco

Recordemos la tradición que soldado que atravesó el costado de Jesús se llamaba Longinus (aunque no se ha reconocido su nombre, existe una fuerte tradición alrededor de su nombre), que aparece en el Evangelio pseudepigráfico de Nicodemo (No hace parte de los textos canónicos de la biblia, esto es, no fueron aceptados en el canon de la Iglesia). Según el relato pintoresco, un centurión de Capadocia llamado Gaius Cassius Longinus, que estaba casi ciego, fue asignado para crucificar a Jesús.

Tras la muerte de Jesús, Longinus tomó su lanza y atravesó el costado de Jesús; parte de la sangre y el agua que salieron salpicaron los ojos de Longinus, curando su afección ocular al instante. Entonces Longinus dijo: “¡Sin duda, este hombre era el Hijo de Dios!”. Recordemos que la tribución del nombre de Longino al centurión de la crucifixión no aparece sino hasta el siglo IV en los Hechos apócrifos de Pilato, en el Evangelio Pseudepigráfico de Nicodemo, al igual que, a los ladrones crucificados, los llama Dimas y Gestas. Actualmente hay una estatua de San Longinos en la Basílica San Pedro, en el Vaticano.

La comunidad, forma el cuerpo de Cristo

Pensemos en todas las personas que nos escuchan: los pensadores, que valoran la búsqueda lógica, la verdad en Jesús, las personas les interesa que se predique sobre la verdad de la vida, la verdad de Jesús o que se “toque” el corazón del oyente con la gracia del Espíritu Santo; también, algunos emotivos que ponen su valor en el relacionamiento social, donde la liturgia es el lugar de encuentro.

Cada celebración es un encuentro con Dios y con los hermanos, tal vez, es el único lugar donde se respeta, se escucha y se atiende a las demás personas. Tiene sentido, celebrar la fe, en la comunión de la Iglesia participando en la fe de la comunidad, ya que a partir de la Pascua resulta impensable Jesús, el hombre mesiánico, sin su comunidad de salvación. (Cfr. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la liturgia, n., 7 y 59).

El arte y la expresión artística en la liturgia

También, existen los que tienen dones artísticos musicales o son hábiles para la danza, hemos tenido varios eventos y congresos (el congreso josefino, celebrado el pasado 15 de marzo en el colegio Teresiano de Bogotá, se destacó una obra de teatro sobre la vida de los santos y su mensaje al hombre de hoy), también se destaca la música, que acompaña los tiempos litúrgicos y otras manifestaciones en el arte que debemos recrear e impulsar.

La invitación del papa León XIV

Se debe, mirar el futuro con sabor de fe y esperanza, en esto el Papa León XIV, ha sido muy cuidadoso y claro en la mayoría de sus intervenciones, haciendo énfasis en la importancia que tiene la celebración: “Se trata de favorecer una participación fructífera del Pueblo de Dios, así como una liturgia decorosa, atenta a las diferentes sensibilidades y sobria en su solemnidad” (Papa León XIV).

El papa insiste, que debe haber una armonía entre los equipos de liturgia (equipos de las diócesis, los comités parroquiales y las comunidades celebrantes), por eso, “…es necesario, pues, comprometerse para que este ámbito de la vida de la Iglesia vuelva a ser atractivo, capaz de involucrar a personas competentes o al menos inclinadas a este tipo de servicio (…) Su creatividad pastoral sabrá encontrar luego las formas más adecuadas. (Papa León XIV).

Todos estos elementos, se deben tener en cuenta para comprender y “vivenciar” la liturgia celebrada en el corazón de la Iglesia, máxime que nos preparamos a celebrar el centro y fundamento de toda la riqueza que tiene el Triduo Pascual en la semana santa, la semana más importante en la fe y en la vida de toda nuestra amada Iglesia.

Oremos en semana santa

Ser iluminados en esta semana santa por el Señor en nuestras realidades de tinieblas y sombras de muerte. Ser sanados por Jesucristo, implica: “que el Señor tiene el proyecto de consumar en nosotros el misterio de su Encarnación, de su nacimiento, de su vida oculta, formándose y encarnándose dentro de nosotros, comenzando a vivir en nuestras almas, por los santos sacramentos del Bautismo y de la divina Eucaristía, y haciéndonos vivir una vida espiritual e interior que esté escondida con Él en Dios” (Le Royaume.1.311-312).


Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios