Aunque hacía semanas que se especulaba con ello, fue este sábado 28 de febrero cuando se inició ‘Furia Épica’, una operación militar conjunta contra Irán decretada por el presidente estadounidense, Donald J. Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En las primeras horas, los bombardeos han causado más de 550 muertos, según la Media Luna Roja. Entre las víctimas, en un hecho sin parangón, se encuentra el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Todo un golpe en la línea de flotación del régimen islamista, que lleva en el poder desde la revolución de 1979, cuando derrocó al shah de Persia, Mohammad Reza Pahlaví.
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Profundamente apenado, al día siguiente, en el ángelus dominical, León XIV recalcó que “la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”.
Apuesta por la diplomacia
De ahí que, “ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones”, ofreciera “un sincero llamamiento a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia”. “Sigamos rezando por la paz”, remachó.
Horas después, en su visita a la parroquia romana de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en el barrio de Quarticciolo, Prevost ahondó en su desolación al charlar con los fieles: “Desde este momento estoy muy preocupado, y no sabemos por cuántos días durará, por la situación en Oriente Medio. ¡La guerra otra vez! Nosotros debemos ser anunciadores de la paz de Jesús, que Dios quiere para todos. Habrá que rezar mucho por la paz, y vivir en unidad, y rechazar la tentación de hacer daño al otro; la violencia nunca es la elección correcta”.
Sin embargo, se está extendiendo una escalada del conflicto que ya afecta a numerosos países. Y es que Irán ha respondido bombardeando las bases estadounidenses en países de la región que, en mayor o menor medida, son socios de la Administración republicana: Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Jordania e Irak. Además, ha lanzado misiles contra las dos principales ciudades israelíes: Jerusalén y Tel Aviv. En las últimas horas, la milicia Hezbolá también está atacando a Israel desde Líbano. Y, pese a que se han mostrado críticas con una operación militar que no ha contado con el respaldo de la ONU, Francia, Alemania y Reino Unido han anunciado que van a apoyar a Trump y Netanyahu.
Complejidad del contexto
En plena tensión, el vicario apostólico de Arabia del Norte (que incluye a Kuwait, Arabia Saudí, Baréin y Qatar), Aldo Berardi, ha concedido una entrevista a Vatican News en la que muestra su perplejidad, pues “la situación es realmente complicada. La región ya es muy compleja desde el punto de vista geopolítico, con sus influencias económicas, y ahora, con esta intervención israelí-estadounidense, se ha desencadenado (no diría el infierno) algo que no esperábamos”.
Por parte de Teherán, la respuesta “desatada” sí que no puede sorprender, “ya que han sido golpeados en el corazón de su sociedad”, lo que ha hecho brotar “aún más el odio y la venganza. Estamos en una lógica de ‘tú me tocas, yo te toco; tú me atacas, yo te ataco’”.
Un horror que él mismo ha podido comprobar en Awali, en Baréin, donde se encuentra su vicariato: “Hace apenas media hora, un misil pasó por encima del obispado y los restos fueron interceptados por Baréin; cayeron al lado de la catedral. Hubo un incendio no muy lejos del edificio. Esto nos conmociona realmente, ya que la catedral es nueva. Desde el sábado, hay lanzamientos de misiles. Hemos cerrado todas las iglesias para evitar problemas”.
La población, encerrada en casa
Mientras “hay alarmas constantes y todo el mundo permanece en casa”, los sacerdotes “celebran la misa juntos”. Así, “en cada parroquia”, su petición es la misma: “Que todos los curas celebren la eucaristía por la paz. Se hace por video para Manama y para Kuwait. La gente ha pedido poder participar, pero no queremos correr”.
En este contexto, Berardi quiere tener esperanza, pero la realidad es como un muro insalvable: “En esta parte del mundo, los resentimientos son persistentes y se remontan a siglos. Acumulando esta gran violencia, hiriendo el amor propio de los pueblos, atacándose de manera violenta, la respuesta es igualmente violenta. Se entra en un abismo que no sabemos a dónde puede llevarnos. Existe el riesgo de que nos hundamos en una espiral de venganza y violencia recíproca que puede arrastrarnos. Hay que rezar para que la paz se restablezca y para no dejarnos llevar por esta espiral. Si cada uno entra en la batalla porque se siente atacado, existe el riesgo de que la región explote”.
En declaraciones a la agencia SIR, Paolo Martinelli, vicario apostólico de Arabia Meridional (desde donde pastorea Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen), reitera que los cristianos, aun siendo una clara minoría en una población islámica, “compartimos las preocupaciones de todos. Nuestros fieles comparten las mismas preocupaciones que todos los habitantes del Golfo hoy, en estos tiempos de conflicto. El ataque de estadounidenses e israelíes, y la respuesta de Irán, han generado un clima de gran aprensión. Estamos preocupados, como todos”.
Sin abandonar el diálogo
Teniendo en cuenta que “las amenazas mutuas nunca conducen a soluciones duraderas”, para él, solo puede haber un camino: “Que la diplomacia reanude su labor, con pequeños o grandes pasos, pero sin abandonar el diálogo”.
Algo que debería ser lógico, aunque, por desgracia, parece una utopía, como él mismo reconoce en una carta que ha dirigido a los fieles del Vicariato en este momento de máxima incertidumbre. En esa misiva admite que “el primer sentimiento que puede surgir es la confusión y la soledad. Por eso quería hacer un llamado a la calma y la serenidad”. Al fin y al cabo, “somos creyentes, confiamos en la Providencia”.
De ahí su llamada vehemente a que todas las comunidades “recen juntos, especialmente con el Rosario, pidiendo el don de la paz y la sabiduría para quienes tienen responsabilidades políticas y militares. Se necesita un sentido moral de responsabilidad para buscar el bien de los pueblos y la convivencia pacífica”.
Fuerte represión en enero
La situación ya era gravísima desde enero, cuando las protestas ciudadanas contra el régimen de los ayatolás fueron en aumento en todo Irán, especialmente en las grandes ciudades. Hasta el punto de que Ali Jamanei decretó una represión sin cuartel que, según reportaron entidades locales defensoras de los derechos humanos, provocó la muerte de miles de personas.
Algo que se hizo sin luz ni taquígrafos, pues la tiranía clerical impuso un apagón generalizado de la luz y de todas las comunicaciones, lo que dificultó que el SOS del pueblo iraní llegase a la comunidad internacional y, al mismo tiempo, allanó el camino de la represión. Así, se dieron escenas como las que sí se pudieron ver frente a la morgue de la localidad de Kahrizak, donde había decenas de cadáveres apilados en bolsas, con sus familiares viéndose forzados a abrirlas para tener que identificarlos por sí mismos.
هممیهنانم،
علی خامنهای، ضحاک زمانه، اهریمنی که چند هفته پیش فرمان کشتار دهها هزار تن از بهترین فرزندان ایران را صادر کرده بود، از بین رفته است.
با مرگ خفتبار او و بسیاری از منصوبان و وابستگانش، جمهوری اسلامی نفسهای پایانی خود را میکشد. با اراده و دلاوری شما، بهزودی به… pic.twitter.com/KqKhzpoZnC
— Reza Pahlavi (@PahlaviReza) March 1, 2026
En todos los acontecimientos juega un papel fundamental Reza Pahlaví, hijo del último shah de Persia, que fue derrocado por los ayatolás hace casi cinco décadas y que, tras caer el imperio, murió en el exilio poco después. Ahora, el que sería su heredero, quien vive desde entonces en Estados Unidos, busca liderar el movimiento ciudadano contra los ayatolás desde el exterior.
El tirano de nuestros tiempos
Así, en las últimas horas, a través de sus redes sociales, ha celebrado que “Ali Jamenei, el tirano de nuestros tiempos, el demonio que hace unas semanas ordenó el asesinato de decenas de miles de los mejores niños de Irán, se ha ido. Con su ignominiosa muerte y la de muchos de sus designados y asociados, la República Islámica está dando sus últimos suspiros. Con su determinación y valentía, pronto será relegada al basurero de la historia”.
Con el fin de alcanzar el poder y, supuestamente, iniciar una “transición” hacia la democracia, Pahlaví, como ya ha hecho Trump, anima a que la gente se eche a la calle: “Estén atentos. Estén preparados. El momento de una presencia masiva y decisiva en las calles está muy cerca. Les pido que, manteniendo su seguridad, muestren su satisfacción y apoyo por el aplastamiento de la República Islámica con un lema nocturno. Y proclamen sus demandas para el futuro de Irán. Mi fuerza proviene de su fuerza y apoyo”. Así, tras saludar la “intervención humanitaria” de Estados Unidos e Israel, reconoce que “nos esperan días críticos. Juntos, recorreremos el camino hacia la victoria. Y derrocaremos a la República Islámica”.
Por su parte, la Iglesia católica iraní permanece en completo silencio. Su gran rostro púbico, el cardenal de Teherán, el franciscano Dominique Joseph Mathieu, que en otros contextos ha clamado contra el nuevo “orden mundial” que parece imponerse a nivel global, siempre a través de las dialécticas de la violencia y del poder por el poder, no se ha manifestado en las últimas horas.
Una prudencia lógica si se tiene en cuenta que, hace tres años, tras el asesinato de la joven Mahsa Amini por parte de la guardia de la moral, por ser vista en la calle sin llevar velo, brotó en las calles otra fuerte oleada de protestas que hizo tambalearse al régimen, aunque este finalmente se mantuvo e impuso una vuelta de tuerca más en su política represiva. Lo que pase en esta última crisis aún está por comprobarse.