El futbolista y la empresaria han contraído matrimonio civil en Cascais y han ido a misa al santuario portugués
Georgina Rodriguez en la alfombra roja de la 2026 Met Gala, en Nueva York. Foto: EFE
Lejos de los focos, los lujos extravagantes y las multitudes que suelen acompañar cada uno de sus movimientos, el astro portugués Cristiano Ronaldo y la modelo y empresaria Georgina Rodríguez han contraído matrimonio. Aunque la pareja celebró primero un discreto enlace civil en el salón de su nueva residencia en Cascais, cerca de Lisboa, las celebraciones no se han quedado así.
Tras el enlace civil toda la familia ha recibido una emotiva bendición y participado en la eucaristía en las inmediaciones del Santuario de Nuestra Señora de Fátima.
El evento, celebrado el pasado 11 de agosto –fecha que coincide con el décimo aniversario de su primer encuentro en Madrid y un año después de la petición de mano–, desmintió los intensos rumores que apuntaban a una boda multitudinaria en la catedral de Funchal, en Madeira.
Acompañados únicamente por sus allegados más cercanos y sus cinco hijos –Cristiano Ronaldo Jr., los gemelos Eva María y Mateo, Alana Martina y Bella Esmeralda; además Ronaldo, ‘apóstol’ de la maternidad subrogada tuvo a Cristiano Jr. antes de su relación con Rodríguez, mientras que la pareja ha criado juntos a su familia reconstituida–, Cristiano y Georgina se trasladaron a Fátima tras formalizar su unión civil. Allí, un sacerdote ofició una bendición religiosa para sellar su compromiso ante los ojos de su fe.
La elección de este santuario mariano no fue casual. Georgina Rodríguez ha expresado en numerosas ocasiones de forma pública la profunda devoción que siente por la Virgen de Fátima. Este acto representó para la modelo bautizada en la catedral de Jaca el verdadero culmen espiritual de su enlace, un momento orientado a fortalecer los lazos de la familia y a transmitir un legado de fe a sus hijos.
Según distintos medios y algunas imágenes que se han difundido desde la revista ‘Vogue’, los recién casados recibieron una bendición en el propio santuario y luego acudieron en familia a la celebración de la eucaristía en la capilla de la casa de retiros Nossa Senhora dos Dores, dentro del complejo en torno al santuario. Unos ritos que han suscitado críticas en algunos sectores por no ser públicos o por ser considerados una aplicación de ‘Fiducia supplicans’.
Esta celebración sencilla “fue exactamente como lo había imaginado”, según Rodríguez. En las únicas declaraciones al respecto, destaca que “los niños saben que nuestro tiempo les pertenece” y con esta boda han mostrado lo importante que es para la pareja que sus hijos aprendan “el valor de no tener nada y de tenerlo todo”; por ello en su boda, los niños fueron, en palabras de la novia, “los protagonistas, como lo son en nuestro día a día”.
Durante semanas, la prensa internacional y miles de aficionados habían especulado con una boda eclesiástica por todo lo alto. De hecho, la expectación fue tal que cientos de personas llegaron a congregarse a las puertas de diferentes iglesias portuguesas esperando ver a la pareja.
Vistiendo ella un elegante pero sencillo conjunto blanco de seda y él un traje beige con camiseta blanca, ambos de la firma Gucci —un guiño al lugar donde sus caminos se cruzaron por primera vez en la tienda de la marca en Madrid, donde trabajaba la empresaria entonces—, Georgina y Cristiano encontraron en la paz del santuario de Fátima el escenario perfecto para coronar una década de relación. Una advocación que la propia Georgina Rodríguez ha incorporado en sus redes sociales en otras ocasiones o incluso en la alfombra roja de la gala de la moda de Nueva York.