Miquel Iceta (Barcelona, 1960) es el embajador delegado permanente de España en la Unesco desde diciembre de 2023. Pese a no ser creyente, el socialista que fuera ministro de Cultura de Pedro Sánchez ha vivido con emoción la visita de León XIV a la sede de la organización en la que representa a nuestro país. Tras este acontecimiento, ‘Vida Nueva’ conversa con el también ex secretario de Laicidad del PSOE, que ha leído con gusto la primera encíclica del Papa, en la que marca los límites de la Inteligencia Artificial, puesto que “lo que dice trasciende el ser católico”.
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PREGUNTA.- ¿Cómo ha vivido la visita de León XIV a la sede de la Unesco?
RESPUESTA.- Con mucho interés. Desde que el Papa publicó su encíclica, en la que aborda con profundidad los retos que nos plantea a todos la Inteligencia Artificial, interesaba muchísimo oír su mensaje en directo. Y debo decir que no defraudó en absoluto, porque a pesar de que lógicamente el discurso es bastante más breve que ‘Magnifica humanitas’, realmente tocó los puntos centrales de preocupación y además lo hizo de una manera que no solo interpela a los católicos, sino que nos interpela a todos.
En este caso, lo hizo en una organización que fue la primera que aprobó en 2021 una recomendación sobre la ética de la IA, cuando todavía no se había producido el enorme desarrollo de los últimos tiempos. Por lo tanto, su mensaje era esperado, ha interesado profundamente y confío en que sirva para impulsar todavía más la labor de la Unesco en este terreno, centrándonos también en el impacto sobre jóvenes y niños, pues, como él mismo decía, la IA no tiene que servir a la dominación y a la manipulación, sino a la justicia y a la dignidad humana.
Pinta mucho
P.- Usted que ha sido secretario de laicidad del PSOE, ¿qué cree que ‘pinta’ un Papa en la Unesco?
R.- Es un gusto escuchar a todos los que tengan algo que decir. Pero es que, además, la Santa Sede es observadora en la Unesco. Hay que recordar que el Papa tiene esa doble dimensión de líder espiritual y jefe de Estado. Por lo tanto, pinta mucho. Además, tenemos que hacer un esfuerzo por valorar cada vez más a las personas por lo que dicen y por lo que hacen, no por sus títulos.
Más allá de ser el Papa, lo que dice conecta con el mundo de hoy, con las preocupaciones de hoy y con las labores que entre todos tenemos que emprender hoy. Así, su llamamiento a las organizaciones internacionales para abordar con mayor decisión y profundidad los límites de la IA, son más que bienvenidos.
P.- ¿Qué sabor de boca ha dejado en la institución?
R.- Una visita de una personalidad mundial y con el impacto y el mensaje de León XIV iba a ser, como fue, muy bien recibido, y debe servir para estimularnos a todos para seguir trabajando. El mensaje del Papa interesó, gustó y lo que espero ahora es que nos comprometa.
P.- ¿Y con qué se queda usted?
R.- La verdad es que estoy muy interesado en lo que dice el Papa. Y, desde luego, su visita y verlo de cerca no ha hecho más que acrecentar ese interés pese a no ser católico, pero es que muchas de las cosas de las que dice el Papa llegan a la cabeza y al corazón de todos. Desde ese punto de vista, a mí me ha gustado mucho.
En estos momentos en los que el mundo está tan revuelto, tan desconcertado y buscando sentido, no hay otra figura como la del Papa para marcar un mensaje, una orientación y también traer esperanza. León XIV nos recuerda a todos la obligación de preservar la dignidad humana y no dejar que ningún avance tecnológico, por importante que sea, se sobreponga a ella.
Mensajero de la paz
P.- Mientras el Papa se ha referido a este organismo como un “interlocutor privilegiado”, Donald Trump decidió en julio retirarse de la Unesco…
R.- El Papa es un mensajero de la paz y la Unesco nace precisamente para crear las condiciones para la paz en las mentalidades de las personas y para promover la cooperación entre los pueblos. Es verdad que la Unesco está enfrentando una situación complicada. Por tercera vez, Estados Unidos abandona esta organización por no compartir lo que hace. El presidente Trump habló recientemente en Naciones Unidas y entre muchas cosas también tuvo palabras de menosprecio hacia la Unesco, hacia lo que se hace aquí y hacia lo que se pretende aquí.
Pero eso pasará. Tarde o temprano otro presidente estadounidense tendrá la oportunidad de volver por cuarta vez a la organización y espero que así sea, porque hay retos que ningún país, por importante que sea, puede afrontar solo. El multilateralismo, la cooperación internacional, el sistema de Naciones Unidas, a pesar de que, como toda obra humana, son imperfectos y tienen sus fallos, hay que preservarlos y ser capaces de reformarlos para que sean fieles a sus objetivos fundacionales y para que su labor sea eficaz.
P.- En España vivimos en medio de tanta crispación que el desahucio de una anciana tampoco es capaz de unir, sino separar más a unos y otros. ¿La polarización tiene cura?
R.- Tenemos cura. Entre otras cosas, hay que escuchar al Papa cuando habla de tratar al migrante como un hermano. O cuando se pregunta como un sistema permite un desahucio como el de Maricarmen. Todos debemos actuar para tener una sociedad en la que injusticias como esa no se produzcan. Esto no va ni de izquierdas ni de derechas, sino de humanidad.
Queremos una sociedad realmente humana, una sociedad que se preocupe de los que más lo necesitan. Desde este punto de vista, el mensaje del Papa, el mensaje evangélico, tiene total actualidad y nos pone a todos frente a un espejo. ¿Somos capaces de ser esas personas buenas que buscan construir una sociedad mejor, es decir, más justa, en la que todos tengan igual libertad, igual dignidad? Esa es la pregunta.
Cada uno puede responderla desde su propia posición política, pero el objetivo debería unirnos, y, en casos de injusticias flagrantes, todavía más. Lo que espero es que la polarización política, social o económica nunca nos haga perder de vista esa radical igualdad, esa radical dignidad de todos los seres humanos, que es precisamente el eje del mensaje del Papa.
Miquel Iceta, embajador delegado permanente de España en la Unesco. Foto: Unesco
La vía del respeto
P.- Por último, tras estos primeros tres años en París, ¿tiene algo España que aprender de la laicidad francesa?
R.- En Francia, en estos momentos, tienen grandes debates precisamente sobre la laicidad, porque es verdad que la diversidad creciente de nuestras sociedades nos pone en contacto con culturas, religiones distintas y nos pone a todos a prueba. Pero también en el mensaje del Papa, está la respuesta.
Si nos consideramos todos iguales, si nos respetamos, si consideramos que todos tenemos igual dignidad, las diferencias de color, raza, religión o las diferencias políticas no deberían ser en absoluto insalvables, sino que debemos tener un sistema de reglas comunes que nos permiten convivir en libertad a todos con independencia de las diferencias que tenemos.
En España hemos avanzado bastante en laicidad, pero laicidad no significa borrar las religiones. La laicidad es precisamente respeto. Y el hecho de que el Estado es aconfesional significa que no favorece ni perjudica a una u otra religión, sino que respeta a todos los ciudadanos con independencia de qué religión profesen o si no profesan ninguna, que también los hay. En las sociedades siempre hay mucho camino por avanzar en la vía del respeto.
