Andy Burnham: ¿tendrá Reino Unido un primer ministro católico?

El exalcalde de Manchester se perfila como favorito para suceder a Keir Starmer en Downing Street, en un país donde el catolicismo gana visibilidad mientras el anglicanismo atraviesa una crisis interna sin precedentes

Andy Burnham en el Parlamento
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Reino Unido podría tener en las próximas semanas un primer ministro marcado por una educación católica y por una sensibilidad política que él mismo ha vinculado a la Doctrina Social de la Iglesia. Andy Burnham, exalcalde de Manchester y recién regresado a Westminster como diputado laborista, se ha colocado como favorito para suceder a Keir Starmer tras su dimisión y para abrir una nueva etapa política en un país desgastado por la inestabilidad, el Brexit, la crisis social y el avance de Reform UK.



Reino Unido ha tenido primeros ministros de distintas tradiciones cristianas y también un primer ministro hindú, Rishi Sunak. Tony Blair se convirtió al catolicismo, pero lo hizo después de dejar Downing Street. Boris Johnson fue bautizado católico, aunque después se educó en el anglicanismo y su identidad religiosa siempre ha sido más ambigua. Burnham, en cambio, representa una cultura católica de raíz obrera, norteña, comunitaria y social, además de muy presente en su manera de leer la política.

Él mismo se ha definido en el pasado como “católico de educación”, aunque “no particularmente religioso”. Sin embargo, él mismo ha reconocido que “la Doctrina Social Católica sostiene mi política”.

Un católico cultural, social y norteño

Conocido ahora como el ‘King of the North” (Rey del Norte, haciendo referencia a la popular serie Juego de Tronos), Andy Burnham nació en Aintree, cerca de Liverpool, en 1970, y creció en una zona donde durante décadas se mezclaron tres identidades: clase trabajadora, laborismo y catolicismo. Su madre tenía raíces católicas irlandesas y él estudió en centros católicos antes de llegar a Cambridge, donde cursó Inglés en Fitzwilliam College.

Burnham fue, además, ministro con Tony Blair y Gordon Brown, secretario de Estado de Cultura, secretario de Estado de Sanidad y candidato fallido al liderazgo laborista en 2010 y 2015. Pero su verdadera transformación política llegó después, cuando dejó Westminster para convertirse en el primer alcalde de Manchester en 2017.

Ahora, el “rey del norte” industrial reivindica la descentralización, pelea por el transporte público, denuncia la desigualdad territorial y convierte Manchester en una alternativa moral al centralismo londinense.

Un catolicismo por encima del anglicanismo

La posible llegada de Burnham se produce, además, en un momento religioso singular para Reino Unido, donde el anglicanismo sigue siendo la Iglesia establecida, vinculada simbólicamente a la monarquía y a la identidad nacional. Sin embargo, la Iglesia de Inglaterra atraviesa una crisis interna profunda, tanto por la caída de práctica religiosa como por divisiones doctrinales y eclesiales.

Como contó Vida Nueva, algo se está moviendo en Inglaterra: un informe de la Sociedad San Bernabé, dirigido por Stephen Bullivant, ha documentado que entre 1992 y 2024 un 35% de los sacerdotes católicos ordenados en Inglaterra y Gales procedían antes del anglicanismo. El estudio habla de unos 700 clérigos, incluidos 16 exobispos anglicanos, que han terminado incorporándose al catolicismo.

De esta manera, mientras el Reino Unido mantiene una arquitectura institucional anglicana, el catolicismo gana visibilidad entre sectores que buscan continuidad doctrinal, liturgia, comunidad o una identidad cristiana más definida.

Carlos III con León XIV en la Capilla Sixtina

Carlos III con León XIV en la Capilla Sixtina

El deshielo entre Roma y Canterbury

Al mismo tiempo, las relaciones entre católicos y anglicanos han vivido gestos históricos de acercamiento. El más simbólico fue la oración conjunta de León XIV y Carlos III en la Capilla Sixtina, un acto que Vida Nueva definió como un “deshielo” 500 años después del cisma.

El monarca británico, cabeza de la Iglesia de Inglaterra, rezó con el Papa en una celebración ecuménica dedicada a la defensa del medio ambiente. Un encuentro que, si bien no borraba las diferencias teológicas ni las heridas de la Reforma, colocaba la relación entre Roma y Canterbury en un terreno nuevo, marcado por la cooperación, la oración común y los desafíos compartidos.

En esa misma visita, la Santa Sede subrayó las buenas relaciones bilaterales, el compromiso común por la paz, la lucha contra la pobreza, la protección del medio ambiente y la necesidad de seguir promoviendo el diálogo ecuménico.

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