Lucía Caram, testigo del ataque ruso a la catedral de la Dormición: “Buscaban herir el corazón del pueblo ucraniano”

La dominica argentina pudo subir al tejado junto a los bomberos que terminaban de apagar el fuego y a los albañiles que ya comenzaban la reconstrucción

Zelenski, tras el ataque a catedral de Kiev
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Pese a que fue en marzo de 2022 cuando Vladímir Putin decretó la invasión total de Ucrania por Rusia, los más de tres años de guerra no parecen atisbar su fin. Al contrario, como se comprobó el 15 de junio, cuando un masivo ataque desde Moscú causó nueve muertos en distintas partes del territorio nacional.



Por si fuera poco, simbólicamente, el Kremlin también golpeó la catedral ortodoxa de la Dormición, en Kiev. El templo forma parte del monasterio de las Cuevas, icono espiritual de Ucrania y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Con la “martirizada Ucrania”

Volcada desde el primer día con la “martirizada Ucrania”, como siempre la calificaba el papa Francisco, la religiosa dominica argentina Lucía Caram ha organizado decenas de corredores humanitarios para llevar ayuda y sacar del país a los más vulnerables.

Una ingente respuesta en la que se apoya en su convento de Santa Clara, en Manresa, del que es priora, y en una potente organización de laicos comprometidos, con los que impulsa la Fundación Santa Clara.

Como explica a Vida Nueva, esta vez también ha sido testigo del infinito horror: “Antes de que se cumplieran 24 horas del ataque contra la catedral, pude subir al tejado junto a los bomberos que terminaban de apagar el fuego y a los albañiles que ya comenzaban la reconstrucción”.

“Entiendan lo que está pasando”

Entre los escombros, “mientras me mostraban los daños causados por el misil, me pidieron algo que no olvidaré: ‘No tengan lástima de nosotros. Tengan comprensión. Entiendan lo que está pasando’”.

De ahí que Caram enfatice que “este ataque no iba dirigido solo contra un edificio. Pretendía herir el corazón del pueblo ucraniano, golpear las raíces más profundas de su fe, de su cultura y de su identidad. Era también un ataque contra los más débiles y vulnerables, contra un pueblo que lucha por seguir viviendo y creyendo”.

Zelenski, tras el ataque a catedral de Kiev

Zelenski, tras el ataque a catedral de Kiev. Foto: EFE

Eso sí, “lo que vi después fue extraordinario. Mientras retiraban los restos del desastre, ya había personas trabajando para devolver la vida a su catedral. Esa capacidad de levantarse una y otra vez, de unirse ante la adversidad y de reconstruir lo destruido, habla de la inmensa fortaleza del pueblo ucraniano”.

Una fe a prueba de misiles

Admirada, la dominica alaba “una fe a prueba de misiles. No es una fe ingenua ni cómoda; es una fe que resiste, que sostiene, que da esperanza cuando todo invita a la desesperación. Frente al invasor, responden con unidad, dignidad y una determinación admirable”.

Como concluye, “la catedral de la Dormición, herida, nos recuerda que el mal existe, pero también que no tiene la última palabra. Por eso Ucrania pide al mundo no compasión estéril, sino cercanía, comprensión y compromiso”.

Porque “lo más sagrado no son las piedras de una iglesia, sino las personas que encuentran en ella la fuerza para seguir creyendo que Dios no las abandona y que el bien puede vencer al mal”.

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