Keiko Fujimori, candidata derechista en Perú. Foto: EFE
Tras celebrarse el 7 de junio la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, lo ajustado del recuento hace que, a día hoy, aún no se conozca con seguridad quién alcanzará el poder. Aunque todo hace suponer que la vencedoraserá la derechista Keiko Fujimori.
Y es que, este viernes 19, se ha actualizado el escrutinio y, con el 99,465% del mismo, esta tiene 42.836 votos de ventaja sobre el izquierdista Roberto Sánchez. Por ahora, la representante de Fuerza Popular suma 9.167.684 apoyos, por las 9.124.848 papeletas del líder del partido Juntos por el Perú.
En una pirueta de la Historia, hace cinco años, en junio de 2021, la situación era exactamente inversa. Hasta el punto de que Fujimori no aceptaba los resultados de las presidenciales y convocaba manifestaciones para denunciar que el recuento, en el que perdía por unos 40.000 votos, estaba sujeto a múltiples “irregularidades”.
En dichas protestas, iba con un gran crucifijo en la mano… Y rezaba ante la multitud pidiendo a la Administración que la reconociera a ella como vencedora: “Señor, te pedimos que le des sabiduría a las autoridades que tienen que tomar una decisión tan importante”.
Ante la gravedad de lo ocurrido, el arzobispo de Lima y primado del Perú, Carlos Castillo Mattasoglio, se vio obligado a publicar un contundente comunicado en el que llamó “mantener el equilibrio, la ecuanimidad, la prudencia y el espíritu verdaderamente democrático”.
Además, quiso aclarar que, si bien “la política partidaria divide, en cambio, Dios es de todos”. Todo un dardo a quien buscaba instrumentalizar la religión en su propio beneficio.
Hoy, un lustro después, situados ante un espejo que ofrece el reflejo de una imagen exactamente opuesta, los obispos callan en espera de que el resultado sea definitivo.
Eso sí, en caso de llegar la líder conservadora al poder, se da por supuesto que se apoyará en el sector evangélico más ideologizado. Como han hecho otros líderes en el continente americano, como Bolsonaro o Trump…
Y como hizo su padre, Alberto Fujimori, que, en las elecciones de 1990, derrotó al escritor Mario Vargas Llosa aupado, en buena parte, por diversos pastores cristianos a los que luego incluyó en su proyecto político. De hecho, en sus listas, figuraban hasta 52 líderes de esta corriente cristiana. De hecho, uno de ellos, Carlos García, acabaría siendo su vicepresidente.
Como documenta EFE, la situación fue tal que el Arzobispado de Lima llegó a publicar un comunicado en el que denunció “una campaña insidiosa contra la fe católica”.
En el año 2000, tras una década en el poder y cuando se veía acosado por múltiples escándalos de corrupción, Alberto Fujimori huyó a Japón y renunció al Gobierno vía fax. Finalmente, en 2005, fue detenido en Chile y extraditado a Perú. Condenado a 25 años de cárcel “delitos de lesa humanidad”, en 2017 recibió un indulto presidencial. Murió en septiembre de 2024 en Lima, a los 86 años.
Ahora, su hija está a punto de recuperar plenamente el fujimorismo. Está por ver cómo será su relación con la Iglesia católica. La que tuvo su padre fue tensa y la de ella, como se comprobó hace cinco años, cuando chocó con el cardenal de Lima, no parece más fácil.
Eso sí, una gran prueba de fuego puede darse en noviembre, cuando, como se acaba de confirmar, les visitará el “primer papa peruano de la Historia”: Robert Francis Prevost, hijo espiritual de Chiclayo.