Pilar Rodríguez no duda en asegurar que “hay un boom de vírgenes consagradas”. Lo cierto es que, cuando ella dio el paso en 2020 era la única mujer que había optado por esta vocación específica en Palencia. Hoy cuenta con tres compañeras más. “Y el mes que viene se consagra otra en Santander, es un goteo constante”, apostilla.
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Esta mujer de 59 años perteneciente al llamado ‘Ordo Virginum’ asegura que “yo no he abierto camino ni he hecho campaña. Es el Espíritu el que llama. Yo me entregué a Jesucristo y decidí, como Él, pasar por este mundo haciendo el bien, no por pura filantropía, sino por amor a los hermanos”.
“A lo mejor ha sido una forma de vida desconocida, dentro de la propia Iglesia. Y, sin embargo, es la primera, aquella que eligieron las primeras mujeres que siguieron a Jesús”, explica sobre una apuesta vital que pasa por aterrizar el discipulado en lo cotidiano desde la castidad. “Puedes entregarte a Jesucristo estando en tu casa”, comenta sobre una apuesta que “no es más fácil ni difícil que otras”.
“Aquí es cierto que tienes que tener mucho tesón para promover los encuentros personales con tu Amado y mucho enamoramiento para no dejarte vencer por el desánimo, porque estar sola exige una fortaleza diferente a vivir en comunidad”, detalla.
Desde ahí, se toma con humor, pero también como una llamada, esa alerta del papa Francisco de que las consagradas deriven en solteronas: “También uso mucho esa expresión, porque no me identifico con el soltero egoísta que vive para sí mismo. Las vírgenes consagradas lo somos para darnos a los demás, no para mirarnos el ombligo”.
Ella ha ejercido de coordinadora del encuentro nacional del ‘Ordo Virginum’ que se ha celebrado entre el 27 y el 31 de julio en la Casa de Espiritualidad Santa María de Nazaret de Palencia.
Maternidad espiritual
Y lo ha hecho de la mano de Almudena López de la Ossa, virgen consagrada de la Diócesis de Alcalá: “En esta edición –ya suman 34– ponemos el foco en la necesidad de tender puentes, que es parte de nuestra misión en la Iglesia desde una maternidad espiritual a los que creen, pero también a los que están más alejados. Nos sentimos llamadas a ser madres en un tiempo en el que carecemos de mujeres que nos den modelos de referencia, porque estamos perdiendo la identidad”.
