El pueblo de Barcelona jamás olvidará la tarde-noche del 10 de junio. León XIV había venido a bendecir la Torre de Jesús de la Sagrada Familia. Y se encontró con dos almas, la creyente y la que, a lo mejor sin serlo con el corazón en la mano, tiene al menos interés en ver al sucesor de Pedro.
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La segunda, en parte, se la encontró a las 19:15 en la calle Roselló, cercana a la basílica. Allí, una riada humana levantaba los móviles y las banderas (la inmensa mayoría, esteladas independentistas) ante el papamóvil. Y, nada más pasar, la gente se iba al parque o a pedir cita para pintarse las uñas. Muy pocos de estos miles se quedaron a seguir a misa en las tres pantallas que estaban frente a la fachada del Nacimiento.
“Venía al dentista y me ha pillado todo el mogollón”
Quien sí lo hizo fue Adolfo Sedano Romano, quien, a sus 63 años, estaba viendo la ceremonia en un bar cercano. Como explicó a Vida Nueva, “lo cierto es que venía al dentista y me ha pillado todo el mogollón, pero ya he querido quedarme”.
Y es que, “tras ser monaguillo durante ocho años de chaval, siempre me he considerado creyente. Cada vez que paso por un templo, me gusta pasar, arrodillarme y rezar un Padrenuestro”.
En cuanto a León XIV, reconoce que “hasta ahora no conocía mucho de él, pero me ha fascinado estos días en España. Le he seguido mucho desde que llegó a Madrid y me han encantado sus mensajes, pero sobre todo la empatía que ha mostrado con todos”.
Su discurso en el Congreso
Un ejemplo claro “fue su discurso en el Congreso, donde dejó advertencias muy potentes y, aun así, todos acabaron aplaudiéndole durante varios minutos”.
Personalmente, “me gusta pensar que se va a ir contento de España. Ha venido a ofrecer el Evangelio y creo que, más allá de las creencias de cada uno, en general deja muy buena impresión”.
Justo en ese punto, se ha sumado a la conversación Pilar, quien, mientras le oye hablar en la barra del bar, apunta que “a mí me ha encantado. Es un hombre muy inteligente y tenemos que agradecerle lo mucho que ha hecho por el catalán, que lo ha empleado bastante en todas sus intervenciones. Ha hecho más por la política lingüística que muchas instituciones”.
Militares y guardias civiles con discapacidad
Antes de despedirnos, Adolfo nos cuenta otro detalle: “Durante 20 años fui presidente de ACIME, una asociación de militares y guardias civiles con discapacidad. Soy militar y, estando de servicio, perdí un ojo. Con la pensión que recibí, cree mi propia empresa de organización de eventos y he estado muy implicado en eventos grandes, como la Fórmula 1 aquí en Barcelona”.
Pero constata cómo “otros compañeros, con esa pensión, se pierden en la vida… Siempre he batallado mucho para promover formación para ellos y oportunidades gracias a la Administración. Por eso me gusta tanto la naturalidad con la que el Papa aborda problemas que están ahí, como la salud mental”.
Ya en la calle nos encontramos con Claudia Orlandini y su hijo adolescente, Arnau Cascalló. Como nos cuenta ella, “venimos expresamente de Vic para estar hoy aquí con el Papa. Mis abuelos eran arquitectos y vivían al lado de la Fachada del Nacimiento. Esa pasión por Antoni Gaudí la aplico en mi trabajo, pues soy diseñadora de joyas y esa forma de unir arte y fe me marca mucho”.
Está siendo una ocasión histórica
De ahí su alegría por ver a León XIV culminar el sueño del catalán más universal: “Estamos siguiendo su visita a tope. Está siendo una ocasión histórica y nos pone los pelos de punta todo lo vivido a su alrededor”.
Ya en la ceremonia, cuando Vida Nueva ha podido sumergirse en medio del pueblo creyente que sí se había congregado a las afueras del templo para participar con la misma ilusión que si estuviera dentro, nos ha contagiado esa fe viva.
Una creencia que ha sido alabanza desde las entrañas cuando el Papa ha salido a la fachada del Nacimiento. Tras marcharse, ha llegado la apoteosis de luz, fuego y música con la que Barcelona, como hiciera en julio de 1992, ha dejado al mundo boquiabierto con su genio único.
