“Cuanto antes me jubile, mejor. Espero convencer al Papa para que me permita retirarme pronto”. Es la reflexión espontánea que nace del cardenal Juan José Omella después de una década
pastoreando la Archidiócesis de Barcelona. Una entrega episcopal que el cura de Cretas ha rematado, a los 80 años, convirtiéndose en anfitrión y ‘casero’ de León XIV.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
PREGUNTA.- La bendición de la Torre de Jesús el día en el que se cumplía el centenario de la muerte de Gaudí ha vuelto a revivir en creyentes y no creyentes la emoción del 92.
RESPUESTA.- No quiero restar valor a los Juegos Olímpicos, que fueron extraordinarios, pero la figura de Gaudí tiene una dimensión única, es una figura poliédrica. Por un lado, aparece el gran arquitecto, el llamado ‘arquitecto de Dios’. Por otro, el artista contemplativo, capaz de descubrir la belleza del mundo y de ir más allá de ella. Comprendió, a través del Evangelio y de su profunda fe, que todo conduce a Dios. El arte, la fe y la contemplación no solo nos hacen levantar la mirada hacia lo alto; también nos ayudan a mirar a los más pobres. Ahí veo la unión entre Francisco y León.
Continuidad con Francisco
P.- Hay quien se empeña en pre sentarlos como antagónicos…
R.- En absoluto. La continuidad es evidente. León XIV ha asumido plenamente esa herencia y la está proyectando hacia un mundo que cambia rápidamente. El mensaje sigue siendo el mismo: no perder de vista la dignidad humana, la justicia, la libertad y la solidaridad. En el fondo, estamos viendo la misma inspiración que nace del Concilio Vaticano II.
León XIV, en la vigilia de oración en el Estadio Olímpico de Barcelona, junto al cardenal Omella. Foto: EFE
P.- En una Cataluña aparente mente secularizada, Montjuic se ha quedado pequeño para recibir al Papa. ¿Esperaban esta respuesta?
R.- La verdad es que me asombra. No solo se ha quedado pequeña la Sagrada Familia o el estadio previsto para los actos, sino que me sorprende la cantidad de personas que están regresando en este tiempo a la Iglesia para pedir el bautismo en la edad adulta. Solo en la diócesis de Barcelona hemos celebrado este año más de 200 bautismos de adultos.
Catalán y castellano
P.- ¿El éxito del viaje a Barcelona se mide por el número de palabras que pronunció el Papa en catalán y cuántas en castellano?
R.- El éxito se medirá por el mensaje que llegue al corazón de las personas. León XIV tiene una capacidad especial para expresar ideas profundas con sencillez.
P.- ¿Por qué cree que se ha generado tanta polémica con la cuestión de la lengua?
R.- Hay que tener en cuenta que el Papa no está acostumbrado a leer textos largos en catalán. Lo razonable es pronunciar algunas palabras en catalán. Pero hay que agradecer el enorme esfuerzo que ha llevado a cabo. Incluso con una espontaneidad que nadie esperaba. Cuando llegué a Barcelona, incluso para mí, que entiendo el catalán, leer determinados textos litúrgicos resultaba complicado por la falta de práctica.
Anfitrión del Papa
P.- El Papa ha dormido dos noches en su casa. ¿Cómo se ejerce de anfitrión?
R.- Con toda naturalidad. He compartido mesa con él muchas veces y sé que es una persona muy sencilla. Ha vivido siempre en comunidad y está acostumbrado a una vida cotidiana muy normal. Nosotros, los obispos, cuando nos toca ayudar en tareas domésticas, lo hacemos con total naturalidad. Él también es así. Por eso, lo he recibido con sencillez, como se recibe a alguien de la familia. Para mí, es más fácil porque ya lo conocía antes de ser elegido Papa. Eso me permite sentirme más tranquilo y actuar con cierta naturalidad.
