La cantante y actriz Diana Navarro. Foto: Víctor Salvador
A pocos días de cantar ante el papa León XIV en el estadio Santiago Bernabéu, la artista malagueña atraviesa uno de esos momentos que trascienden la propia carrera artística para instalarse en el territorio de los recuerdos imborrables. Ella, que ha hecho de la emoción, la espiritualidad y la autenticidad sus señas de identidad, afronta esta cita histórica con la ilusión de una creyente que siente la música como una forma de servicio.
Tras haber conocido al papa Francisco y haber quedado profundamente marcada por su cercanía, su humanidad y su mensaje de unión, Diana Navarro confiesa que espera recibir del nuevo Pontífice esa misma sensación de bondad que aún conserva en el corazón.
Mientras prepara su gira ‘Ya no estoy sola’, con la que celebra dos décadas de éxitos, ensaya también ‘Alza la mirada’, el himno de bienvenida que interpretará junto a miles de voces en un encuentro que aspira a convertirse en una gran llamada a la paz. Para una artista que asegura sentir la necesidad de dar amor y consuelo con sus canciones, cantar ante el Papa no es solo un honor: es la oportunidad de convertir su voz en un abrazo colectivo y su fe en una melodía compartida.
PREGUNTA.- El 8 de junio cantará ante el papa León XIV en el estadio Santiago Bernabéu, junto a compañeros como David Bustamante y Daniel Diges, entre otros. ¿Qué significa para una creyente poner su voz al servicio de un encuentro de fe tan multitudinario?
RESPUESTA.- Es un honor y me da mucha felicidad. Va a ser un encuentro maravilloso en el que vamos a poder pedir paz, que tanta falta nos hace.
P.- Por cierto, ¿qué tema ha elegido y por qué?
R.- Es la canción de bienvenida para el Papa, ‘Alza la mirada’. El padre Toño Casado me pidió que formase parte de la canción y es una elección preciosa. Define el sentimiento cristiano. Habrá mil coristas, más todos los que nos vamos a subir al escenario; vamos a mandar, mediante la voz, un mensaje de paz tan necesario en estos momentos, y espero que así sea.
P.- Ha dicho que participar en ese acto es un regalo que guardará para siempre en el alma. ¿Qué espera llevarse de este encuentro con el Santo Padre?
R.- Deseo tener la misma sensación de bondad que tuve con el papa Francisco, que me gustaba mucho su corriente de libertad y de unión entre todas las personas.
P.- Usted conoció al papa Francisco y, de hecho, iba a cantarle en una audiencia que no pudo culminar con una actuación por su delicado estado de salud. ¿Qué recuerdo conserva de aquel encuentro?
R.- Fue muy emocionante ver su amabilidad y cercanía. Y poder compartirlo con mi familia fue un regalo.
P.- Del anterior Pontífice ha destacado siempre su mensaje de libertad, cercanía y unión entre las personas. ¿Qué cree que deja como legado espiritual a la Iglesia y al mundo?
R.- Su legado es de paz, respeto y solidaridad. Su apertura frente a los diferentes colectivos me ha emocionado especialmente porque todos somos hijos de Dios, independientemente de a quién ame cada uno.
P.- Su dedicación a la música nació oyendo cantar en casa. ¿Por qué cree importante cantar en familia?
R.- Es una unión, un lenguaje común, un modo de comunicarse y sentirse querido, correspondido. Si cantar de por sí sana, hacerlo en familia es muy bonito. Cantaba por imitación, por ver a mi padre, mi hermana, mis tíos y mi tía, María Navarro, que fue de las primeras mujeres saeteras y ganó el concurso nacional. De ese compartir festivo, yo sentía que iba a ser artista. Pero, al echar la vista atrás, todavía me sorprende.
P.- ¿Cuándo ha experimentado que la música puede sanar a otros?
R.- Al mirar a los ojos al público y ver que está llorando y feliz. Al acabar cada concierto, la gente viene a mi camerino y atiendo a todos. Es una acción de gracias, porque se las doy mirando a los ojos. Ellos me comunican muchas cosas. Como suelo cantar el padrenuestro y el ave maría, me dicen que les ha conectado con algo.
P.- Lleva por todo el mundo la saeta y explica su sentido. ¿Qué acogida tiene?
R.- Increíble. Una vez canté en Nueva York en el Flamenco Festival. Cuando acabé, hubo dos segundos de silencio y la gente empezó a aplaudir y gritar. Ahí me di cuenta de que la música va más allá de las lenguas, porque ella misma es un idioma.
P.- En alguna ocasión ha dicho una frase preciosa: “La fe está por encima de tener fe”. ¿Cómo se explica algo así a quien busca a Dios sin encontrarlo del todo?
R.- Para mí, Dios es tan grande que abarca todas las religiones, condiciones, opiniones y deidades. Dios es amor y nos ama y, como tal, no hace excepciones. ¿Por qué tendríamos que hacerlas nosotros?
P.- También habla de “Dios y sus diosidades”. ¿Qué son esas “diosidades” que descubre en la vida cotidiana?
R.- Utilizo esa expresión por mi querido amigo, el sacerdote José Luis Castillo, de san Vicente de Paúl. Las casualidades son intenciones de Dios, pistas que nos da para hacernos saber que ahí sigue.
P.- ¿Cómo vive su relación con Dios cuando se apagan los focos?
R.- Igual que cuando los focos están encendidos. Yo lo siento a mi lado desde que nací.
P.- Ha confesado que siente la necesidad de dar amor y consuelo con sus canciones. ¿Puede la música convertirse en un acompañamiento espiritual?
R.- La música es un bálsamo sanador para el alma, es otra manera en la que Dios se manifiesta. A mí la música me ha salvado la vida y la sigo necesitando como respirar.
P.- Vivimos tiempos de mucha crispación y polarización. ¿Qué puede aportar una artista como Diana Navarro para que nos escuchemos más y nos enfrentemos menos?
R.- Supongo que mi manera de cantar y lo que siento. Yo siempre pongo de manifiesto que mis conciertos son un entorno seguro, donde la ideología se queda en la calle. Mis conciertos son un spa musical donde propongo una desconexión de la cotidianidad para que entren en mi sueño hecho realidad.
P.- Usted habla mucho de empatía, misericordia y comprensión. ¿Son esas las palabras que más necesita escuchar hoy nuestra sociedad?
R.- Los que somos creyentes debemos hacerlo y prodigarlas más todavía porque es el mensaje de Jesucristo. Y quien no es creyente se sentirá mejor como ser humano practicando la empatía, la misericordia, la comprensión y la gratitud.
P.- Su gira ‘Ya no estoy sola’ celebra más de veinte años de carrera. ¿Qué ha aprendido en este tiempo sobre la fama, el éxito y lo verdaderamente importante?
R.- La fama es ilusionante porque es precioso ver con el cariño que la gente se acerca a saludarme, pero el éxito para mí es tener la familia, los amigos y el trabajo que tengo.
P.- La gira le tendrá muy ocupada, pero sé que tiene más proyectos…
R.- Siempre tengo proyectos. En cuanto pueda, los compartiré. Pero habrá mucha música, teatro y televisión.
P.- Después de tantos escenarios, tantos aplausos y tantas experiencias de fe, ¿qué le sigue pidiendo Diana a Dios cuando se queda a solas con Él?
R.- Que me dé salud a mí y a todo el mundo. También inteligencia para afrontar lo que Él quiera. No pido más.