Carlos Gutíerrez, director general de los Legionarios de Cristo. Foto: Vida Nueva
Los Legionarios de Cristo tienen nuevo ‘jefe’ desde el pasado 4 de febrero. El mexicano Carlos Alberto Gutiérrez López (Hermosillo, Sonora, 1974) es el director general y guiará a la congregación durante los próximos seis años. El sacerdote sucede así al estadounidense John Connor, que prestaba este servicio desde 2020. El Capítulo General –formado por 60 sacerdotes de 13 países– ha confiado en Gutiérrez López hasta 2032, por lo que ha dejado de ser director territorial del Norte de México, responsabilidad que tenía hasta la fecha. A los 100 días del nombramiento, el religioso conversa ampliamente con ‘Vida Nueva’.
PREGUNTA.- ¿Cómo acoge este nuevo encargo que le hacen sus hermanos? ¿Asusta el cambio de pasar de director territorial a director general?
RESPUESTA.- Está claro que la tarea encomendada es enorme y que estoy limitado en mis capacidades humanas, pero tengo la certeza de que Dios guía y guiará la barca. Asumo esta responsabilidad con el deseo de ofrecer un servicio eclesial que refleje la figura del Buen Pastor. También lo hago consciente de que dirigir una congregación presente en más de 30 países y que cuenta con algo más de 1.300 religiosos es un reto que solamente se puede llevar cuando se vive en comunión y se trabaja en equipo con los demás. Me siento muy sostenido por la oración y el trabajo de mis hermanos legionarios, y muy edificado por su entrega cotidiana allí donde Dios los ha destinado. Además, me da mucha seguridad que tanta gente buena me encomienda en sus oraciones.
P.- No es tan frecuente ver a superiores generales con 51 años. ¿Qué puede aportar usted al camino de reestructuración de los Legionarios de Cristo?
R.- Es cierto que no es usual, pero tampoco es algo totalmente extraordinario que personas de mi edad asuman este tipo de responsabilidades en la Iglesia. Personalmente ingresé a la Legión en 1999, después de haber formado parte del Regnum Christi y haber sido colaborador o voluntario en Chile. Fui ordenado sacerdote en 2009. En estos años he podido conocer a la Legión y al Regnum Christi desde diferentes puntos de vista según las responsabilidades y apostolados que se me han confiado en diversos países. El camino recorrido y la gente que he podido conocer me va a ayudar a cumplir mejor mi misión.
Quiero aprovechar mi edad, al igual que la diversidad de edades que hay en el consejo general, para tender puentes entre generaciones de legionarios y vivir en ellas la comunión. Creemos que así podremos continuar el camino de renovación y acompañar a nuestros hermanos a centrar su vida en Cristo y cumplir su misión. El trabajo en equipo es siempre un ejercicio sinodal, y nos ayudará a dar continuidad a los procesos iniciados y a afrontar los nuevos retos que se presentan a la Iglesia, siempre buscando hacer presente el Reino de Cristo en el mundo y formar apóstoles líderes cristianos al servicio de la Iglesia y de la sociedad.
P.- Si le preguntaran quién es el P. Carlos, ¿qué respondería?
R.- Soy un sacerdote legionario con una fuerte convicción de la necesidad de compartir el amor de Cristo. Soy un hermano entre mis hermanos y así quiero que me vean todos los legionarios: como un hermano que quiere seguir construyendo una Legión más transparente, apostólica y unida como familia y que quiere poner todos sus dones a su servicio.
P.- ¿En qué momento diría que se encuentra la congregación?
R.- Estamos en una etapa de realismo y esperanza. No lo digo desde un optimismo superficial. Hemos atravesado una purificación profunda y seguimos en el camino de renovación. No somos los mismos de hace 20 años, pero aún tenemos camino por delante. Podríamos decir que estamos en una nueva etapa de la renovación: un tiempo de consolidación y de mayor impulso apostólico. Hay procesos que siguen consolidándose y madurando, como la prevención de abusos y la atención a víctimas, el trabajo pastoral y la formación de los jóvenes, o cómo nos entendemos en el Regnum Christi.
Otros asuntos nos siguen exigiendo esfuerzo, pues estamos pasando de un modelo que podría ser más centralizado en el ejercicio de la autoridad, a uno más participativo, de corresponsabilidad, más evangélico; seguimos en la implementación y valoración de nuestro programa formativo, que se conoce en el lenguaje eclesial como Ratio Institutionis; también está el compromiso de seguir recopilando las fuentes de nuestra historia, profundizar en su relación con el presente y el futuro, con sus luces y sus sombras, con humildad, gratitud por lo bueno y un sincero deseo de conversión por lo que no ha sido según el plan de Dios.
Desde otro plano de la realidad, en el capítulo general hablábamos de una Legión más pascual, más centrada en Cristo, que reconoce y acepta sus llagas y heridas del pasado y va descubriendo en ellas el poder de Cristo Resucitado que envía a sus apóstoles a difundir el Evangelio y a establecer el Reino de Cristo. Estamos en ese momento y puede ser un mensaje vivo de la fuerza de la Pascua y de la misericordia de Dios.
P.- ¿A qué urgencias le gustaría responder estos próximos seis años?
R.- Más que urgencias, lo denominaría llamados o prioridades que vimos claramente en el capítulo: la renovación de la congregación desde el cristocentrismo, el fortalecimiento de la identidad legionaria para poder servir mejor a la Iglesia, la vida fraterna, la vivencia cada día más evangélica de la autoridad y la obediencia, la promoción vocacional y una visión vocacional renovada. Debemos seguir de cerca los procesos de formación inicial y permanente, para ayudar a la perseverancia de los legionarios y prepararlos para su misión.
En los últimos años la Santa Sede ha aprobado y erigido la Federación Regnum Christi, y necesitamos seguir profundizando el papel de todos dentro de ella. Sentimos un llamado importante a volver a poner la mirada en la misión en el contexto cultural actual. Parte de esta misión implica la renovación del compromiso con la búsqueda de la verdad y la reconciliación, así como reafirmar el compromiso ineludible con la protección de menores, de personas vulnerables, así como la atención a quienes han sufrido a causa de conductas de algunos legionarios.