El actor Miguel Rellán. Foto: EFE (Archivo)
Ha trabajado con algunos de los nombres fundamentales del cine español: José Luis Cuerda, José Luis Garci, Fernando Trueba, Carlos Saura, Luis García Berlanga o Pilar Miró. Y, sin embargo, Miguel Rellán sigue mirando hacia adelante. A sus 83 años, el actor atraviesa uno de los momentos más fértiles de su carrera, encadenando proyectos de cine, teatro y televisión mientras ejerce como responsable del área de teatro del Ateneo de Madrid. Primer ganador del Goya al mejor actor de reparto por ‘Tata mía’, Rellán (nominado este año por ‘El Cautivo’) conserva intacta la ironía, la curiosidad y una pasión contagiosa por el oficio. Más de cien películas después, la retirada ni está ni se la espera.
PREGUNTA.- La última vez que le vimos en el cine fue ‘El Cautivo’ de Alejandro Amenábar. ¿Cómo fue la experiencia para un lector impenitente de ‘El Quijote’?
RESPUESTA.- Estupenda. El hecho de ser lector de ‘El Quijote’ queda en segundo término cuando trabajas con Amenábar, con quien llevaba mucho tiempo queriendo coincidir. No era la primera vez: ya hice ‘La gallina ciega’, de Ramón J. Sender, interpretando a Miguel de Cervantes. Incluso hice una prueba para interpretar a Don Quijote con Manolo Gutiérrez Aragón. Al final lo hizo Fernando Rey, que tenía mucho más nombre.
P.- ¿Y ahora…?
R.- Acabo de terminar una colaboración corta en una película titulada ‘Ocho tramposos’. Y ahora empiezo otra que me hace mucha ilusión: ‘Todo por la casa’, la primera película de María Togores. Después vendrá otra comedia y hay también proyectos de series. La verdad es que llevo cincuenta años sin saber lo que es el paro. Me da hasta vergüenza. (…)
P.- ¿Qué está preparando sobre las tablas?
R.- Acabo de dirigir una obra para el Teatro Luchana, ‘Matarratas, la pureza’, que está funcionando muy bien. Y después del verano empezaré como actor ‘La muerte y la doncella’, con David Serrano. Me toca hacer de malo, el torturador. Y por las tardes voy a dirigir otra obra para el Teatro Bellas Artes con María Galiana, provisionalmente titulada ‘Calle Esperanza’, sobre los desahucios.
P.- Se habla ahora del regreso de los jóvenes a la fe. ¿Qué lectura hace?
R.- Conozco a muchísima gente que se dice católica y no tiene ni idea de lo que significa. Soy ateo, por cierto. Pero me hace gracia preguntarles si saben qué es el Pentateuco o si han leído la Biblia. Y nada. Las personas más religiosas que he conocido fueron unas monjas que trabajaban con mi padre en el hospital de Tetuán. Sin horarios, sin exhibicionismo, ayudando a los demás de verdad. Esas sí eran cristianas. (…)