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Xabier Gómez: “León XIV se va a encontrar con una parroquia en la prisión de Brians”

| 15/05/2026 - 04:42





Es el otro anfitrión del viaje de León XIV en España. Cuando se piensa en la visita del Papa, la mente se va a Madrid, Barcelona y Canarias. Sin embargo, Robert Prevost pasará la mañana del 10 de junio en la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat.



Al frente, un dominico, el obispo Xabier Gómez García (Azkoitia, 1970), que le acompañará desde el aeropuerto hasta Montserrat, deteniéndose en la que ha sido la sorpresa mejor guardada de la agenda papal: su presencia en la cárcel de Brians 1. Una parada en la que ha tenido mucho que ver, aunque se quite méritos, el que fuera director de departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal.

PREGUNTA.- Cuando fue nombrado obispo de Sant Feliu de Llobregat, ¿se imaginó que acabaría recibiendo a un Papa a pie de escalerilla de un avión?

RESPUESTA.- No me lo imaginaba porque Sant Feliu es una diócesis joven, aunque sí ha hecho una historia preciosa  con el primer obispo, Agustí Cortés. Es cierto que nuestra diócesis es la puerta de entrada a Cataluña a través del aeropuerto. Además, tenemos, por un lado, el mar, y, por otro, en la ‘santa montaña’, a Montserrat. Esto condiciona  la geografía y la historia de la diócesis. Sí sabía que podía darse el caso de que, si venía a Barcelona, probablemente me tocaba recibirlo o saludarle en el aeropuerto.

P.- ¿Y cómo se le ocurre meter al Papa en la cárcel?

R.- El anuncio de la visita a Montserrat ya fue una gran sorpresa y tiene muchísimo sentido que venga. Pero lo que ha sido más sorpresa todavía es que pueda encontrarse con lo que yo llamo la parroquia de la cárcel, la comunidad estable de fieles católicos que están en prisión. Fue una idea que planteamos y que el Papa ha acogido con solicitud. En Sant Feliu tenemos la población reclusa más grande de Cataluña, con tres centros penitenciarios en el territorio.

Testimonios femeninos

P.- ¿Qué se va a encontrar León XIV cuando cruce las puertas de Brians 1?

R.- Se va a encontrar a un grupo de gente que está feliz de encontrarse con él, que se sienten escuchados y reconocidos porque el Papa va a visitarles. Sobre todo, se van a encontrar con un montón de corazones que están felices de que León XIV venga a confirmarles en la fe y en la esperanza, que es muy importante para ellos en el ámbito penitenciario.

Más allá de sus historias, muy difíciles, están con un deseo grande de saludar, de abrazar al Papa. Estamos cuidando mucho que el formato del evento priorice el encuentro entre el Papa y las personas que habitualmente celebran la eucaristía los domingos en esta parroquia. El formato que hemos preparado es el que permita que se encuentre con una representación de los hombres y de las mujeres que habitualmente forman parte de la feligresía.

Sí que hemos buscado dar más voz y más visibilidad a mujeres. Queremos que sean ellas las que compartan su testimonio, teniendo en cuenta que en la reciente visita a la prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial, fueron los hombres quienes tomaron la palabra.

Xabier Gómez, Obispo de Sant Feliu de Llobregat con el papa León XIV

P.- ¿Cuáles son las principales heridas de estos ‘parroquianos’?

R.- Proceden de realidades muy complejas y variadas. Cada persona es un mundo, pero también es cierto que el centro penitenciario es un pequeño ecosistema que refleja todas las heridas de la sociedad, todos los desafíos, todas las fracturas a nivel personal, de familias rotas o de personas heridas… Son gente que ha vivido condiciones muy duras, adversas, de desigualdad, de negación de oportunidades, de adicciones.

Pero al mismo tiempo son personas con gran capacidad de superación, que se han encontrado a Dios en el centro penitenciario. Ese amor que siempre les ha estado buscando se convierte, para ellos, en un horizonte de libertad muy grande. Yo he bautizado y confirmado a algunos de ellos. Hay una palabra muy importante que se pronuncia en el ámbito penitenciario: perdón.

Muchas veces las personas que están en el centro penitenciario no son capaces de perdonarse a sí mismas, pero sí realizan un camino impresionante a través de Dios. Saben que les perdona y es ahí donde ellos experimentan a la vez un arrepentimiento sincero. Tanto Francisco como León XIV nos han insistido mucho en que ninguna persona puede estar atrapada por lo malo que haya hecho.

Una persona es mucho más que el error que haya podido cometer en su vida, por más que ese error tenga consecuencias graves. Encontramos gente que es consciente de que ha hecho daño a otras personas y tienen que vivir con eso. En muchos casos es muy difícil.

Sensibilización social

P.- No sé si es más complicado la labor de la pastoral penitenciaria dentro de la cárcel o el acompañamiento del día después, cuando se obtiene un tercer grado o la libertad total…

R.- Salir es un salto, en algunos caso, al vacío, porque dentro de los colectivos estigmatizados a nivel social, desgraciadamente, el de los expresidiarios que han cumplido con una condena y, por tanto, con la sociedad, arrastran un estigma social que no facilita la rehabilitación ni la integración. Hablamos de que contamos con un sistema penitenciario que buscaría la reinserción.

Sin embargo, acabamos negando esa opción o limitando la responsabilidad total del lado de la persona que ha estado en la prisión, cuando continúa siendo vulnerable. Tenemos que incrementar de forma notable el trabajo de sensibilización en la sociedad para que sea capaz de abrirse para perdonar, para dar oportunidades y para acoger.

Uno de los principales desafíos es abrir puertas, de verdad, para que puedan reincorporarse al ámbito laboral, además de recuperar en la medida de lo posible las relaciones sociales o familiares. Es una llamada a la conversión para todos, los que están fuera del centro penitenciario estamos llamados a cambiar el corazón.

Xabier Gómez, Obispo de Sant Feliu de Llobregat

P.- ¿También para la Iglesia?

R.- Por supuesto. No sé hasta qué punto me da la sensación de que nos cuesta más adentrarnos en la realidad de la población reclusa. Necesitamos volver a releer Mateo 25 y repasar a conciencia las obras de misericordia. Por más que a algunos les cueste, Jesús dice claramente: “Estuve preso y vinisteis a verme”. Hay una identificación del Señor con esta situación. Es la razón de la presencia de la Iglesia en este campo, una Iglesia que anuncia la redención, la salvación, el rescatar a la gente de su pasado, de su situación, a veces literalmente de un infierno vital.

P.- ¿Qué le ha enseñado a usted personalmente pisar la cárcel?

R.- Pisar la cárcel siempre ayuda a poner los pies en la tierra. Es una experiencia de cercanía, de saber que, cuando uno entra a la cárcel  se topa de frente con la situación de las personas que están muy abiertas a confiarte su vida, el dolor que llevan en su mochila, sus heridas abiertas. Son personas rotas, muy rotas.

De inmediato, redescubres que son queridas y amadas por Dios y que el Señor está queriendo contribuir a su rehabilitación, a su reintegración, a una sanación integral con las que  el Señor se identifica. Uno va en el nombre de Jesús para encontrarse con otros en su dolor y su dificultad. Otro de los elementos que me interpela de forma constante es la intensidad con la que celebran la eucaristía.

En la cárcel todo es intenso, y eso se traduce en cómo viven la misa, como un verdadero encuentro de discípulos de Jesús que experimentan cómo se parte y se reparte para cada uno de ellos. Y, por supuesto, entrar en la cárcel implica romper de plano con todos los estereotipos que nos ofrecen las películas para descubrir cómo también es un espacio de solidaridad entre las personas internas. En la cárcel hay humanidad y vida de fe.

Xabier Gómez, Obispo de Sant Feliu de Llobregat

P.- El Papa pasará en apenas unos minutos de las rejas de la prisión a un acto con otro tono completamente diferente en Montserrat…

R.- No lo vería como un cambio radical o una ruptura. Si lo miramos con los ojos del corazón, lo que contemplamos es una presencia de una misma Iglesia que es samaritana y que es orante. Eso se integra perfectamente en la agenda de este viaje, en cada una de esas etapas del peregrinar de León XIV.

Montserrat, el corazón de Cataluña

P.- ¿Cómo contempla un vasco el epicentro de la espiritualidad catalana?

R.- Descubro una historia milenaria de fe, espiritualidad, de hospitalidad y de cultura. Montserrat es el corazón espiritual de nuestra joven diócesis, pero también es mucho más que eso. Montserrat es el corazón de Cataluña. Para los catalanes es nuestro Sinaí, nuestro monte del encuentro. Y a mí me gusta hablar de Montserrat como el Montserrat que acoge a todos, que es de todos.

Esta hospitalidad benedictina es algo que Montserrat ha intentado vivir, sigue intentando vivir. Más allá  del significado espiritual del santuario, una comunidad monástica por sí sola es un signo que habla al mundo de trascendencia, que señala algo. A esto hay que unir la ‘via pulchritudinis’.

En Montserrat encontramos el camino de la belleza por la historia del santuario, por el entorno natural, que es precioso, que es peculiar, por la altura que uno toma cuando llega, que ayuda a mirar los problemas de cada día con otra serenidad, con otra distancia. Y, por supuesto, es importante saber que Montserrat es la casa de la Madre que nos quiere llevar al hijo y que nos dice: “Haced lo que Él os diga”.

Diálogo con las migraciones

P.- ¿Qué realidad de la Iglesia de Sant Feliu le hubiese querido mostrar al Papa si hubiera tenido más tiempo?

R.- Es difícil decidirse. Me viene a la mente y al corazón la realidad de tantas parroquias pequeñas y rurales de la diócesis, alejadas de la zona metropolitana, donde habría palpado una realidad diferente y preciosa. Pero también me habría gustado dar visibilidad a esos lugares de frontera donde la vida consagrada está trabajando, en ese diálogo con las migraciones, ensanchando el concepto de catolicidad en El Prat o en Sant Vicenç del Camps.

También le habríamos mostrado el hospital para niños de Sant Joan de Déu o el hospital psiquiátrico de Sant Boi, lugares de promoción y defensa de la vida más frágil. Al Papa le hubiera encantado pasear por el jardín que, según parece, diseñó Gaudí.

P.- ¿Cómo se lleva ser el obispo de Rosalía?

R.- La Rosalía abuela es la Rosalía creyente que representa una generación. La Rosalía nieta es una joven que representa una parte de esa generación ecléctica, pero también abierta, con inquietudes, inteligente, profunda en el nivel en el que se mueve, pero también alejada de la Iglesia. Es un icono que nos ayuda a cuestionarnos. Tenerla de referencia me obliga, en el buen sentido de la palabra, a escuchar, a poner el oído del corazón en esta realidad que no está dentro de los parámetros habituales de la Iglesia, que es el mundo del arte, de la música, que expresa algo, que busca algo.

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