El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso ha alertado del auge del nacionalismo etnorreligioso y reivindica la compasión y el encuentro como camino común entre religiones
El Vaticano ha enviado este lunes su tradicional mensaje a los budistas de todo el mundo con motivo de la festividad de Vesak, la celebración que conmemora el nacimiento, la iluminación y la muerte de Buda. Este año, el texto —firmado por el prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal George Jacob Koovakad, y por el secretario del organismo, Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage— lleva por título: ‘Budistas y cristianos por una paz ‘desarmada y desarmante’’.
En el mensaje, la Santa Sede subraya que “la paz no es simplemente la ausencia de guerra”, sino “un don que busca habitar en el corazón humano”. Una paz que, recuerdan, debe ser “protegida y cultivada”, especialmente en un contexto internacional marcado por “las guerras, la violencia, el creciente nacionalismo etnorreligioso y la instrumentalización de la religión”.
El documento recoge además unas palabras del papa León XIV pronunciadas con motivo de la Jornada Mundial de la Paz: “La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence”. Y añade: “La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita ‘basta’, a la paz se le susurra ‘para siempre’”.
Desde esta perspectiva, el Vaticano defiende una paz “que no se basa en la fuerza”, sino que “brota de la verdad, la compasión y la confianza mutua”. Frente a la polarización y la violencia, el mensaje reivindica el papel de las religiones como espacios capaces de “purificar los corazones de la hostilidad” y ayudar a “reconocernos como miembros de una única familia humana”.
Asimismo, el texto recuerda palabras del Dhammapada: “El odio no es vencido por el odio: el odio es vencido por el amor”, y las relaciona con el Evangelio, donde Jesús llama a “amar a los enemigos” y proclama: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”. “Ambas tradiciones convergen en señalar hacia una paz que se vive”, afirma el mensaje, “una que desarma los corazones antes que las manos”.
La Santa Sede también hace un llamamiento explícito a los líderes religiosos y a los creyentes para que no permanezcan indiferentes ante las injusticias. “Estamos invitados a convertirnos en artífices de la paz: no como observadores pasivos, sino como testigos valientes capaces de facilitar el encuentro, sanar las heridas y reconstruir la confianza”, señala.
Asimismo, el Vaticano advierte del riesgo de convertirse en “cómplices por silencio o por miedo” y reclama que las comunidades religiosas sean lugares “donde la hostilidad se supere mediante el encuentro, donde se practique la justicia y se custodie el perdón como un tesoro”.
El mensaje concluye apelando a una paz construida desde lo cotidiano: “en los gestos de amabilidad, en la paciencia, en el rechazo del odio y de la venganza, y en el valor de tener esperanza”. Porque, afirman, “la paz no es una ilusión ni un ideal lejano; es una posibilidad real”.