León XIV ha reivindicado este lunes el valor de la ciencia. Y lo ha hecho durante la audiencia concedida a los miembros del Board of the Vatican Observatory Foundation, a quienes ha agradecido su apoyo al Observatorio Vaticano, una institución fundada hace 135 años por León XIII “para que todos pudieran ver claramente que la Iglesia y sus pastores no se oponen a la verdadera y sólida ciencia”.
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Durante su discurso en el Palacio Apostólico Vaticano, el Papa ha recordado que, en tiempos de León XIII, la Iglesia tuvo que responder a la idea de que fe y ciencia eran incompatibles. Sin embargo, el pontífice ha advertido de que hoy ambas afrontan “una amenaza diferente y quizá más insidiosa”: “quienes niegan la propia existencia de una verdad objetiva”.
“Demasiadas personas en nuestro mundo se niegan a reconocer lo que tanto la ciencia como la Iglesia enseñan claramente”, ha lamentado León XIV, señalando la responsabilidad común en “el cuidado de nuestro planeta y en el bienestar de quienes lo habitan, especialmente de los más vulnerables”. En este contexto, el Papa ha defendido que “la adhesión de la Iglesia a una ciencia rigurosa y honesta sigue siendo no solo valiosa, sino esencial”.
El cielo nocturno: un tesoro
Asimismo, León XIV ha subrayado el papel de la astronomía, definiéndolo como una experiencia capaz de despertar “admiración” y “un saludable sentido de proporción”. “Contemplar los cielos nos invita a ver nuestros miedos y fracasos a la luz de la inmensidad de Dios”, ha afirmado el Papa.
Además, ha destacado que “el cielo nocturno es un tesoro de belleza abierto a todos —ricos y pobres por igual— y, en un mundo tan dolorosamente dividido, sigue siendo una de las últimas fuentes verdaderamente universales de alegría”. Sin embargo, León XIV ha lamentado que “hemos llenado nuestros cielos de luz artificial que nos ciega ante las luces que Dios ha colocado allí”.
León XIV ha concluido su discurso recordando que “la nuestra es una religión de la Encarnación”. Y, por ello, “el deseo de comprender más plenamente la creación no es otra cosa que el reflejo de ese anhelo inquieto de Dios que habita en el corazón de toda alma humana”.
