El Papa reza el Regina Coeli desde el balcón de la plaza de San Pedro ante miles de fieles y afirma estar “feliz por encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las islas”
“Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias por permitir la llegada del crucero Hondius con los enfermos de hantavirus. Estoy feliz por encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las islas”. En perfecto español, el papa León XIV se ha dirigido a la población del archipiélago al final de rezar el ángelus.
El buque MV Hondius se encuentra en estos momentos fondeado en las inmediaciones del Puerto de Granadilla, de Santa Cruz de Tenerife. Aunque el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo (Coalición Canaria), se negó de madrugada a que el barco fondeara, la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez se impuso y esta mañana llegaba a primera hora.
Los 14 pasajeros españoles han sido los primeros en abandonar el barco esta mañana en dos embarcaciones para trasladarse al Aeropuerto de Tenerife Sur-Reina Sofía. Serán trasladados a Madrid para aislarse en el Hospital Gómez Ulla.
Luego han desembarcado el resto de pasajeros de otros países, estando programado el último vuelo de repatriación para este lunes por la tarde, con dirección a Australia, que llevará a seis pasajeros. Los otros pasajeros saldrán hacia sus respectivos países entre hoy y mañana. El barco, por su parte, zarpará mañana ya sin los ocho pasajeros positivos de este brote de hantavirus.
Antes de rezar la oración mariana, el Pontífice se ha presentado en la ventana del estudio del Palacio Apostólico, ante los miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro, con una premisa clara: “Jesús no conoce ni el ‘pero’ ni el ‘quizá’”.
El Pontífice, haciendo referencia al Evangelio de hoy, en el que Jesús se dirige a sus discípulos durante la Última Cena -“Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos” (Jn 14,15)-, ha señalado que “esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos: nuestra justicia sería entonces un condicionante para el amor de Dios”.
Por el contrario, ha recordado Robert Francis Prevost, “el amor de Dios es la condición para nuestra justicia”. “Guardamos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo. Las palabras de Jesús son, pues, una invitación a la relación, no un chantaje ni una puesta en duda”, ha remarcado.
Por eso, León XIV ha recordado que “el Señor nos manda que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado: es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional. Aquel que no conoce ni el ‘pero’ ni el ‘quizá’, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio”.
“Dado que Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros. Sucede como con la vida: solo quien la ha recibido puede vivir, y así, solo quien ha sido amado puede amar. Los mandamientos del Señor son una forma de vida que nos sana de los amores falsos; son un estilo espiritual, que es camino hacia la salvación”, ha aseverado el Pontífice.
Plaza de San Pedro. Foto: Vatican Media
Según las palabras del Papa, “precisamente porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el ‘Espíritu de la Verdad’ (Jn 14,17). Es un don que ‘el mundo no puede recibir’, mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente”.
“Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla. Siempre y en todas partes podemos entonces dar testimonio de Dios, que es amor: esta palabra no significa una idea de la mente humana, sino la realidad de la vida divina, por la que todas las cosas han sido creadas de la nada y redimidas de la muerte”, ha agregado Prevost.
Para el Papa agustino, “al ofrecernos el amor verdadero y eterno, Jesús comparte con nosotros su identidad de Hijo amado. Esta comunión de vida tan envolvente desmiente al acusador, es decir, al adversario del Paráclito, el espíritu contrario a nuestro defensor”.
De hecho, “mientras que el Espíritu Santo es fuerza de verdad, este acusador es ‘padre de la mentira’ (Jn 8,44), que quiere enfrentar al hombre con Dios y a los hombres entre sí: justo lo contrario de lo que hace Jesús, salvándonos del mal y uniéndonos como pueblo de hermanos y hermanas en la Iglesia”, ha remarcado León XIV.