España

Cuando la regularización migratoria pasa de la burocracia a la pastoral del cariño

| 08/05/2026 - 04:22





Son muchas las parroquias que están acompañando, con mayor o menor intensidad, la regularización migratoria extraordinaria que impulsa, entre el 14 de abril y el 30 de junio, el Gobierno. Una de ellas es la de San Juan Bautista, en Arganda del Rey (Madrid).



Perteneciente a la Diócesis de Alcalá de Henares, el pasado jueves 30 de abril, la comunidad abrió sus salones para que todos aquellos que están cumplimentando un proceso burocrático del que depende su futuro pudieran solventar todas sus dudas con un abogado de extranjería.

Dos horas de preguntas y respuestas

El encuentro lo organizó el párroco, Francisco Martínez, quien a su vez es el delegado diocesano de Migraciones. Además, estuvo acompañado por Ricardo Ballesteros, director de la Cáritas Diocesana alcalaína; y por el abogado José Morales de los Ríos, originario de Venezuela.

A lo largo de dos horas, Vida Nueva fue testigo de cómo una quincena de personas que buscan regularizarse presentó un sinfín de dudas. Con sencillez, un gran espíritu didáctico y mucho cariño (bromas incluidas), el jurista recalcó mensajes claves.

Entre ellos, la importancia de que el sello de entrada en España (o en cualquier país de la Unión Europea) “no sea posterior al 31 de diciembre de 2025” o que “los documentos presentados no deben ser excesivos, sino que bastan unos pocos que muestren fehacientemente una presencia continuada aquí”.

Con preferencia hay que recabar documentos públicos

En ese sentido, “con preferencia hay que recabar documentos públicos, como un billete o un abono de transporte, un justificante que muestre la asistencia en un centro médico o el padrón (que, por cierto, no es un requisito imprescindible)”.

Asesoría para la regularización migratoria en la Parroquia San Juan Bautista, de Arganda del Rey (Madrid). Foto: Miguel Ángel Malavia

Si no, “hay que adjuntar otros de todo tipo, como la factura de la línea telefónica, el envío de una transferencia a nuestra familia, un expediente que muestre que se ha hecho un curso… o hasta la tarjeta de Carrefour”. Claro, “y si alguien tiene un contrato de trabajo o la vida laboral, pues esa es una garantía”.

Morales incidió en la urgencia de presentar todo antes del 30 de junio, “pues luego habrá tiempo para apostillar cualquier documento que deba completarse; pero, si nos pasamos del plazo, no habrá ninguna opción”.

No hay que ofrecer una prueba de permanencia mensual

En todo caso, aclaró que “es falso que haya que ofrecer una prueba de permanencia mensual; el Gobierno solo quiere comprobar una continuidad aquí, y sabe que, si esta es real, siempre hay evidencias de todo tipo. Lo que no es creíble es un expediente vacío”.

También enfatizó que “cada solicitud es individual, no familiar”. Eso perjudicaba a una madre venezolana acompañada de su hija menor, que llegó en marzo. Pero el abogado la tranquilizó: “Ahora, tú te regularizaras y ella seguirá con la tarjeta blanca. Más adelante, podrás solicitar el reagrupamiento familiar”.

Además, detalló que, “en cuanto a los antecedentes, se analizarán caso por caso y no todos serán excluyentes. Solo lo serán, a grandes rasgos, los que impliquen algún grado de violencia”. Ahí, por supuesto, “quedan excluidas las multas de tráfico”.

“España no es Estados Unidos y aquí no hay un ICE”

Finalmente, llamó a la tranquilidad: “España no es Estados Unidos y aquí no hay un ICE, sino que se está abriendo una ventana para que todos podáis tener vuestra situación en regla, por lo que basta con cumplimentar todo correctamente”.

Al terminar la charla, mientras se escuchaba de fondo ensayar a un coro parroquial, pudimos hablar con Ángel, una de las personas que asistió a la charla: “Vine desde Ecuador a Arganda hace un año y cuatro meses. Por ahora, estoy sufriendo mucho”.

Y es que “vivo en casa de una familia ecuatoriana que llegó aquí hace 40 años. Me regañan por todo y me insisten en que no debo mostrar los rasgos de mi identidad: quieren que cambie hasta mi forma de hablar y de comer… Lo mismo me ocurrió en un bar en el que pude trabajar de camarero. Me trataban muy mal”.

En la parroquia ha encontrado un oasis

Eso sí, ha sido en la parroquia donde ha encontrado un oasis: “Formo parte de un grupo de limpieza del templo y asisto a retiros espirituales una vez al mes. Ahí, en la Iglesia, es donde he encontrado a las personas que mejor me han tratado. Lo mejor es que no quieren que cambie, y eso lo valoro mucho”.

Fila para el proceso de regularización migratoria en Valencia. Foto: EFE

Porque, para él, la fe lo es todo: “Recuerdo aún cuando llegué al aeropuerto y me llevaron a una sala para interrogarme. Los funcionarios me trataban muy mal, con mucha hostilidad. Hasta que me pidieron que abriera la mochila y saqué una Biblia que llevaba conmigo”.

En un momento dado, “les hablé de Job, con ‘el Señor es mi pastor y con él nada me falta’. Se quedaron impresionados y cambiaron su actitud, mostrándome respeto y cariño. Fue maravilloso comprobar cómo la Palabra de Dios me ayudó. Por eso siempre digo que jamás renunciaré a ser quien soy”.

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