Del 14 de abril al 30 de junio, tras aprobarlo el Gobierno vía real decreto, más de medio millón de migrantes que viven en España sin cobertura jurídica gratuita podrán acogerse en los próximos meses a un proceso de regularización extraordinaria.
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Tal y como ha confirmado el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que recurre a una medida que ya acometieron González, Aznar o Zapatero, “se trata básicamente de que puedan obtener el permiso de residencia y trabajo varios cientos de miles de personas que viven aquí en situación irregular”.
Todos aquellos que cumplan estos requisitos
La idea es que, en los próximos meses, puedan solicitar su regularización todos aquellos que cumplan estos requisitos: estar en España antes del 31 de diciembre de 2025 y acreditar como mínimo cinco meses de estancia continuada con anterioridad a la solicitud.
Además, deberán presentar un certificado que recoja si tienen o no antecedentes penales (lo expiden el país de origen y aquellos por los que se ha pasado en el tránsito migratorio) y otro de vulnerabilidad, donde conste que la persona se encuentra en proceso de intervención en los Servicios Sociales municipales.
Este no debe cumplimentarse si se cumplen una serie de requisitos laborales o se cuenta con vínculos familiares. Y también puede ser emitido por “entidades colaboradoras” acreditadas como tal ante la Administración. Es el caso de Cáritas Española, que ofrece este servicio en sus delegaciones locales.
Puesto que, como en todo trámite burocrático, estamos ante un proceso complejo y que genera tensiones, muchas entidades eclesiales potencian su acompañamiento jurídico a migrantes que pueden acogerse a este proceso. Una es la Delegación de Personas Migrantes y Refugiadas de la Diócesis de Coria-Cáceres.
“Aquí ya se venía trabajando mucho en ese sentido”
Su responsable, el sacerdote Ángel Martín Chapinal, explica a Vida Nueva que “aquí ya se venía trabajando mucho en ese sentido”.
Y es que, durante los dos últimos años, toda la red local ya se estaba movilizando para sacar adelante la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) que, promovida en buena parte por organizaciones de Iglesia, reclamaba esa regularización extraordinaria.
Ángel Martín Chapinal y Alexandra Vesga ofrecen asesoría para la regularización migratoria en la Parroquia de Guadalupe, en Cáceres. Foto: Armando Méndez / Vida Nueva
Todo en una alianza civil y eclesial, pues “hemos ido de la mano plataformas de refugiados, asociaciones de mujeres de diversos países o muchas parroquias implicadas”.
La idea es que hubiera sido como fruto de un consenso entre todas las fuerzas políticas y ratificada en el Congreso de los Diputados, pero, pese a que esto finalmente no fue posible, la realidad es que todo lo avanzado les ayudó mucho a estar preparados para lo que viene ahora.
Un equipo muy comprometido
Y eso que, en su caso, el compromiso de muchos ya venía de lejos: “La delegación es muy activa y somos un equipo comprometido de entre 10 y 12 personas, además de otras 40 de apoyo cuando hace falta”.
Trabajando todos estos meses “por el bien común, siempre en red y de la mano de muchos amigos, nos mueven dos actitudes básicas con quienes han venido de fuera a vivir entre nosotros: la acogida y la protección”.
En ese sentido, buena parte del trabajo se centraliza en “la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Cáceres, donde soy párroco”. Ubicada en el Barrio de Moctezuma, “aquí la presencia migrante siempre ha sido muy marcada”.
De ahí que, “entre todos y ya desde hace años, hemos buscado ser para ellos una Iglesia de puertas abiertas, sumándonos a sus fiestas propias y a todo momento importante”.
Espacios de consulta semanales
Además, “semanalmente, todas las tardes de los miércoles, el equipo de la delegación nos reunimos en el salón parroquial y estamos a disposición de todos los que quieran venir para que nos puedan consultar lo que sea sobre su situación legal, laboral o habitacional”.
Ahora, teniendo en cuenta que, en Extremadura, unas 2.000 personas podrán acogerse a la regularización, han ampliado ese ámbito de encuentro a todas las tardes de los jueves y las mañanas de los sábados.
Asesoría para la regularización migratoria en la Parroquia de Guadalupe, en Cáceres. Foto: Armando Méndez / Vida Nueva
En esos momentos, frente al ordenador, mientras les ayudan a descargar un formulario y a indicarles cómo se rellena, “siempre surgen momentos para acercarnos a las personas y a que nos cuenten su experiencia: desde qué les hizo tener que abandonar su país a saber qué les preocupa una vez que están aquí”.
Además, es clave “ofrecer mensajes claros que disipen las dudas de quienes deben cumplimentar la solicitud”.
Él mismo es hijo de migrantes
A nivel personal, él mismo se siente “configurado” por esta pastoral: “Yo mismo soy hijo de migrantes, pues mi familia viene de Ávila y acabamos aquí siguiendo a mi padre, que pastoreaba ovejas”.
Como sacerdote, “siempre me marcó la llamada de Jesús, con el ‘fui forastero y me acogisteis’. Por eso siempre reivindico que tenemos que estar abiertos a esta realidad y preocuparnos por ofrecer hospedaje al que lo necesita”.
Un caminar juntos que “me ha aportado muchas alegrías, pero también me he topado con el sufrimiento y la cruz, como nos ha pasado hace un tiempo con Jonathan, un joven nicaragüense al que mataron por querer mediar en una pelea…”.
Sus cenizas permanecieron en casa de su hermana
Tras su asesinato, “sus cenizas permanecieron en casa de su hermana, que había emigrado antes, hasta que su madre, Marisol, pudo venir a España a recogerlas. Pasaron tres meses y fue durísimo ese abrazo con ella, cuando le entregamos los restos de su hijo”.
Con todo, Martín Chapinal siempre hará todo lo posible por encarnarse en quienes ha venido aquí a tener la oportunidad de tener una vida diferente.
Así, “esta Semana Santa ha sido muy especial. He podido ir a la región de Las Hurdes, acompañado de seis personas migrantes a los que conocemos en la delegación, y ellos han participado en todas las celebraciones, con mucho cariño y recibiendo la misma respuesta de los lugareños”.
Fotos: Armando Méndez
